
Vuelve a salir a la palestra una vez más, la discusión sobre la autenticidad de uno de los iconos más representativos de la Pasión de Nuestro Señor. Es probable que esta dicotomía entre la falsedad o la autenticidad de este símbolo, perdure en el tiempo pues está más que demostrado que hay un interés fehaciente, no ya en manifestar que la Síndone es falsa, sino que la misma no corresponde al sudario que envolvió al Señor. Todavía no he llegado a comprender el porqué de esta cruzada en favor de demostrar que la Sábana Santa es una falsificación y con ello desmontar todo el entramado que rodea a la historia de Jesús, queriendo convertir a Este en una mera leyenda inventada por alguien que tuvo en su día interés en que trascendiera. Me da miedo pensar en los motivos que puedan tener los detractores del cristianismo, y que se agarran a cualquier clavo ardiendo para intentar derrotar lo que en realidad no se puede vencer desde fuera, y que sin duda es la fe de un pueblo. La Sábana Santa es un verdadero icono que representa la pasión, muerte y la culminación de la victoria de la vida sobre la muerte, y que los cristianos la abanderamos como el mayor acto de fe: la Resurrección de Nuestro Señor.
Podemos encontrar en el libro de Julio Marvizón dedicado a La Sábana Santa, una estrofa que dice lo siguiente: “Parecía que se había vaporizado el cadáver emitiendo una extraña radiación que hubiese sido la responsable de la formación de la huella de la Sabana Santa. Cuando se produjo la imagen tuvo que haber una radiación, desconocida para la ciencia, que tuvo que ser igual e todos los puntos del cuerpo. Sólo así, se habrían podido impresionar partes tan diferentes y distantes como la nuca y los pies con la misma intensidad luminosa. Esa energía sólo pudo arrancar del interior del cuerpo. De otra forma no se explicaría que la espalda y el pecho se hubiesen irradiado con igual intensidad. Es muy probable que en el instante de producirse la radiación el cuerpo estuviese ingrávido, en levitación y por eso no quedaron aplanados los músculos dorsales”. Esta explicación científica que recoge el libro de Marvizón, la apostilla él mismo con una pregunta a los creyentes: ¿No es esto la Resurrección?
Creo que está más que demostrado por la ciencia que La Sábana Santa, ya no es que sea una falsificación, sino que en la misma hay una imagen que todavía nadie ha demostrado cómo se produjo. Por lo tanto, es ahí donde radica la controversia, ya que si no hay forma alguna de desarrollar una tesis basada en la ciencia, la cual plasme el proceso de la impregnación de la imagen en el lienzo, de qué hecho sobrenatural estamos hablando.
Al contrario de lo que puedan pensar los detractores de la religión católica, nuestros cimientos no están basados en pruebas sino en fe. A ningún cristiano convencido y fortalecido por la fe, le puede importar que la Síndone sea o no el reflejo de un cuerpo martirizado y que pudiera pertenecer a Cristo. Sin embargo, los enemigos de la religión de Roma se empeñan una y otra vez en buscar con mucho ahínco la manera de tirar por tierra lo evidente; de una forma u otra todo el mundo sabe que Cristo existió y que la realidad de su existencia está más que contrastada. El hecho de que fuera o no el Hijo de Dios vivo, es una cosa que sólo le importa a sus seguidores y que sabemos que no es cuestión de demostrar, sino de creer.
Pero ojo; tal y como he dicho al principio, sería difícil desmontar desde fuera lo que lleva dos milenios siendo una realidad imponderable. La Iglesia jerarquizada en muchos casos alejada de la realidad cotidiana, está cayendo en el error de hacerse cada vez más hermética y distante. Nuestros gobernantes eclesiásticos no deberían recluirse en grandes palacios, y escuchar más y mejor al prójimo. Los grandes rebaños necesitan de buenos pastores, y los buenos pastores están siempre al lado de sus ovejas. Lo que no se puede destruir desde fuera, a veces se puede corromper desde dentro.