Yo soy andaluz

Habría que remontarse mucho tiempo atrás para indagar sobre las raíces andaluzas, para poder hacer un justo análisis de la situación actual de esta región. Lejos de la inducida prosperidad de Cataluña y País Vasco, provocada ésta por gobiernos que no chocaron con los intereses de grandes terratenientes, Andalucía se quedó durante años en la estacada de la incultura, el jornal y la miseria. Incultura provocada por el poderoso que no quiso que un pueblo aprendiera más allá del trabajo de sol a sol. Miseria provocada por jornales de hambre que no siempre se podían echar. La imagen del andaluz vago, sin saber la razón, se ha instalado en la sociedad sectaria y racista, más allá de las fronteras de Andalucía; fruto de ello son los continuos ataques que nuestro pueblo sufre, poniendo en tela de juicio nuestro trabajo y honradez.

Hoy toca hablar de las declaraciones de un tal Joan Puigcercós, perteneciente a un partido político que representa a la ideología nacionalista e intransigente catalana, y que por enésima vez hacen referencia al pueblo andaluz como si nuestro pueblo fuera la causa de todos los males de Cataluña. Seguramente a este señor no le hará falta cobrar el PER para vivir, pues desde que se instaló en la política allá por el año 1987, ha ido chupando del bote. Pero bueno… gastar ni un minuto más para hacer referencia a las declaraciones de este inculto e ignorante sujeto, no merece la pena.

Al hilo de esta polémica en la que los bien pagados defensores de Andalucía salen a la palestra para hacer patria o caja de votos, me vienen a la memoria las declaraciones que en algún instante escuché igualmente con la misma filosofía, pero lamentablemente de boca de los propios andaluces ahora instalados en el bienestar que da la posesión de un puesto fijo y un buen sueldo, generalmente en la administración. Gente que se codea día a día con los que apenas subsisten con la anchura que dan cuatrocientos euros y algunos jornales, que de alguna forma contribuyen a que pequeños pueblos o aldeas no desaparezcan, y que gracias a eso puede existir el puestecillo que les permite no tener que mendigar por las oficinas del INEM en busca de una limosna.

Está mal y duele la crítica que desde la ignorancia y la intransigencia se hace desde fuera de nuestra tierra, pero nunca entenderé el derrotismo que practicamos en nuestra propia casa desde el odio y desde la opulencia.

El santo resbalón

Me da la impresión –seguramente no descubro nada- de que más que interesarse por la ciudadanía en su conjunto, a la mayor parte de nuestros políticos, les hace andar el interés partidista y todo lo que se puede conseguir arrimándose a la sombra de un buen árbol. Me da la impresión –seguramente no yerro- de que el arma más contundente que emplean toda esta clase de beneficiados sociales, es la crispación. Y es que para conseguir el poder, ya no hacen falta ni ideas ni proyectos. Ahora, la oposición política no se hace con una metodología de control hacia el gobernante -aunque existen miles de subterfugios para zafarse de ella- sino con elucubraciones unas veces, y con medias verdades otras, apoyándose en lo mediático para generar controversia y alimentar el odio.

La visita de nuestro Pontífice no podía escapar a esta política forma de actuar, y en este caso, las inoportunas declaraciones del Santo Padre refiriéndose a la constitucional –no nos olvidemos- separación Iglesia y Estado, han generado por enésima vez un debate innecesario que, alentado por los que se creen salvadores de la Patria, una vez más no han dudado en asignarse el poder de encasillar a los católicos en un solo contexto, porque para ellos, católico y conservador son una misma cosa. Esta hipócrita actuación, como tantas otras, no es ni más ni menos que el querer posicionarse al frente de una peligrosa corriente de confusión, que pone en tela de juicio la norma fundamental del Estado, y que alimenta el odio entre las distintas corrientes ideológicas de este País. No hay que olvidarse, que la laicidad hoy presente en España, nos otorga a los católicos la libertad de manifestarnos libremente en nuestras convicciones. Esta libertad es la libertad que otras confesiones religiosas y otras formas de pensar, deben de disfrutar desde el respeto.

En lo social, la visita del Papa como era de esperar ha suscitado opiniones para todos los gustos, y a mí entender, desde ciertos sectores se ha intentado manipular de una forma negativa, para arrojar piedras contra el tejado de la Iglesia Católica. El problema está, en que todavía no hemos olvidado, porque hay gente que le interesa que no se olvide. Sabiendo esto, Benedicto XVI se podía haber ahorrado atizar este rescoldo. El anticlericalismo de los años 30, fue puesto de manifiesto por las atrocidades cometidas de los que tenían pistola. Por gente que utilizó en nombre de la libertad, el terror y la opresión más brutal, no sólo contra los que vestían hábito, también con quienes apenas sabían persignarse y rezar un Padrenuestro. Después vino “la segunda vuelta” y la pistola cambió de manos, y la historia se volvió a repetir, pero esta vez a Dios rogando y con el mazo dando, en el peor de los significados. Ahora, en España crecen nuevas generaciones ajenas a aquella oscura historia. Con libertad para elegir, y con libertad para equivocarse. De los que conocemos poco o mucho aquella tragedia, depende en gran medida que no se vuelva a repetir. Los católicos deberemos de luchar por mantener nuestras convicciones, y de que estas crezcan en los corazones de nuestros descendientes sin imposiciones, y con razones que no impliquen en absoluto a la sucia política. Por consiguiente, para el católico comprometido, manifestaciones de este tipo ponen en tela de juicio nuestros argumentos.

De todas formas, como todo no podía ser malo, me quedo con frases bastantes más profundas dichas por el Papa en su visita a España. Frases que cómo promulgan verdades como templos, no generan ningún caldo de cultivo para que ni los vividores de la patria, ni los detractores de la Iglesia, las utilicen como armas arrojadizas. 

“Entre verdad y libertad hay una relación estrecha y necesaria. La búsqueda honesta de la verdad, la aspiración a ella, es la condición para una auténtica libertad. No se puede vivir una sin otra” “Es necesario que no haya un enfrentamiento sino un encuentro entre fe y laicidad; hay que renovar la fe para responder a esa laicidad” “Es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa; que esa palabra santa no se pronuncie jamás en vano; que no se pervierta haciéndola servir a fines que le son impropios”

La España que entre todos hemos hecho

Siempre es sorprendente ver la facilidad con la que nuestras lenguas esparcen a los cuatro vientos los defectos que creemos ver en los demás. También es sorprendente ver cómo a veces fluyen jueces por cualquier rincón, otorgando veredictos de culpabilidad a diestro y siniestro, porque en nuestra sociedad somos muy dados a la crítica más lasciva, teniendo en cuenta sólo puntos de vista totalmente parciales, partidistas y sostenidos por un odio incontrolado a todo lo que no nos gusta como suena. Vemos siempre la viga en el ojo ajeno y no nos acordamos de dónde venimos ni a quién le lamimos el culo para llegar hasta donde estamos asentados. Damos por hecho que nuestra razón es la razón y la abrigamos con argumentos y petulancias asquerosas. Con nuestros discursos intragables, queremos dar seña de talento y de sabiduría. Abanderamos ideologías hechas a nuestra medida que rara vez ponemos en práctica porque no es lo mismo decir que hacer, y lavamos nuestra conciencia esturreando un puñado de migajas con el beneplácito de cuatro palmeros mal contados que por lo que sea nos doran la píldora.

Ahora les toca a los eruditos hablar crisis, de soluciones y de porqués, mientras siguen comiendo a dos carrillos. Y veo como algunos funcionarios con un sueldazo a veces multiplicado por dos, se quejan porque se lo han bajado un 5%. Y me da asco. Y veo como los corruptos se agarran a un clavo ardiendo para no soltar la presa, y con miles de argucias "legales" se mantienen en el poder para seguir chupando como sanguijuelas. Y el presidente de los empresarios dice que hay que trabajar más y cobrar menos para sacar a España de esta situación. Menudo ejemplo. Y los políticos comen y beben y vuelven a beber, y el carro no puede tirar más, cargado de zánganos. Y la España que entre todos hemos hecho.

Hace años, en plena ebullición de la nueva España democrática, alguna vez que otra discutí en buena lid con gente que había vivido otras etapas más oscuras, pero que veía con cierto escepticismo el discurso de los nuevos “salvadores de la patria” que salían a la palestra manejando los discursos de libertad e igualdad, que a ellos les sonaba a chino. Razones al parecer tenían, cuando me decían “que estos son como las sanguijuelas vacías a la espera de engancharse a alguna bestia”. Me costaba trabajo entender esta postura y lo veía como una renuncia a la prosperidad que como una brisa de aire fresco recorría la nueva España. La juventud y quizás la poca sabiduría, me hizo creer que se podría luchar por una sociedad más justa y solidaria sin grandes diferencias y sin injusticias sociales.

Los principios de igualdad y justicia que promulgaban los políticos al principio de la transición española, siempre los entendí desde la coherencia. Sé que aunque en principio todo el mundo es igual, no todo el mundo merece lo mismo. El premio a la valía y a la responsabilidad debe de ser correspondida. En parte somos nosotros los responsables de las “diferencias sociales” que existen en nuestro mundo, puesto que nuestro comportamiento y nuestra apuesta en muchos de los valores cotidianos, nos clasifican y nos agrupan. Es lógico el premio al esfuerzo, pero es preceptivo saber también que nuestros logros fueron posibles porque hubo una sociedad que puso en nuestras manos las posibles herramientas para conseguirlos. Por consiguiente, aunque nuestro esfuerzo deba de tener una recompensa, ésta no debe de ser un elemento que aumente la separación entre clases sociales. Hay que devolverle a la sociedad lo que ésta nos prestó.

Ahora son otros tiempos. Esos principios de igualdad y justicia, ahora en nuestro país tienen un significado utópico y nostálgico. A estas alturas todos sabemos de qué va esto de la política. Los políticos en sus discursos invocan la sensibilidad de la gente de a pie. Dan a entender que están cerca de los grupos más desfavorecidos con promesas que saben que nunca podrán cumplir. Estrechan la mano de gentes que en realidad no les importan lo más mínimo. Se han convertido en una clase social cuyos fines están lejos de la vocación y del altruismo. Se apoyan en palmeros y en los estómagos agradecidos (véase: contratados, sindicalistas, altos cargos…) que su única salvaguarda es saquear las arcas del estado con sueldos indignos que van más allá del premio a la productividad. Se ríen del pueblo con argumentos de transparencia. Se justifican y se apoyan en argucias “legales” para incrementar con desmesura su poder y su patrimonio.

Para mí, es difícil digerir los ecos que me llegan arrastrando las voces de los iluminados de la patria, las vanas palabras de los inconformistas, las patrañas de los que se creen en poder de la razón y de los que se casan con un ideal que les va al bolsillo, de los que desprecian a los que no piensan como ellos, de los que critican con argumentos sectarios, de los intransigentes, de los endiosados, de los que su mano derecha sabe lo que hace su izquierda. Cada vez me siento menos identificado con está patria llena de saqueadores. Llena de gentuza que tienen en su mente un único ideal: enriquecerse.

En esta España que entre todos hemos hecho todavía hay un largo trecho que recorrer en pos de una sociedad justa e igualitaria, pero tal y como se presenta el panorama, creo que las prioridades de nuestro pueblo se establecen en otro sentido.

Buena compañia

Gabriel Paco Antonio Andrésa
Foto: Eugenio Santa Bárbara

Habrá gente que piense que hablar ahora de Semana Santa no tiene mucho sentido, aunque para un semanasantero nato –así me considero- es algo tan normal como la vida misma. En mi casa se respira este ambiente todo el año, y es raro no encontrarse a lo largo del día con algún motivo que no nos recuerde este sentimiento: estampas, fotos, incienso, revistas, instrumentos, la visita del cobrador…

Rebuscando en mi cada vez más grande y exprimido archivo fotográfico semanasantero, me topé con una foto que me recordó por un instante mi segunda madrugada morada. La foto me la “tiró” con toda amabilidad Eugenio Santa Bárbara, cuando este pasado Viernes Santo terminábamos la procesión: mi amigo Paco Sevilla, su hijo, mi compañero de aventuras y amigo igualmente Andrés Martínez y un servidor.

Esta instantánea viene a recordar –como antes apunto- mi segunda madrugada morada. Realmente no supone ningún record, ni siquiera nada importante para alguien ajeno a los sentimientos que en mí genera acompañar en el más absoluto anonimato a Nuestro Padre Jesús Nazareno, una mañana de Viernes Santo por la calles de Úbeda, envuelto sólo y exclusivamente en los ecos del Miserere, en los lamentos de sus trompetas y en los olores a cera quemada y a dulce incienso. Esta instantánea me demuestra que para llegar a Jesús existen infinidad de caminos, y que aunque la hipocresía, la necedad, la traición, la mentira, la calumnia y la falsedad te cierran uno, los buenos principios, el talante, la humildad, la fidelidad y el saber estar, te abren otros. Esta instantánea me recuerda el deseo que siempre tuve a que mi sueño se hiciese realidad, y despierta el deseo de que este sueño se repita cada primavera y se eternice por los siglos de los siglos.