Cuidado con el mentiroso

En ocasiones, la relación con personas que comparten una misma afición o pertenecen a alguna asociación, peña, cofradía, partido político, etc. deriva en la formación de un grupo de amigos. La amistad definida por el D.R.A.E. es afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Una vez germinado el grupo por alguien interesado en fomentar la amistad dentro del mismo, hay un periodo de tiempo en el que entran y salen personas de él, hasta que se consolida. Llegará a formarse un grupo en teoría sólido y casi inexpugnable.

Al principio esa relación de amistad se fortalece con el trabajo dedicado a objetivos comunes, casi siempre asociados a la idea o afición que lo formó. Surgen lazos de cariño cada vez más intensos y fuertes. Si estos lazos son sinceros pueden dar lugar a una relación sincera y duradera.

Desde que el mundo es mundo, toda virtud ha ido acompañada de su antagonista. Así, el amor siempre ha ido de la mano del odio; la admiración de la envidia; la humildad de la soberbia. Por tanto, toda relación de amistad entre semejantes debe de basarse en la compresión mutua, en el respeto y en el amor, cerrando las puertas a todo tipo de banalidad que pueda contaminar esa relación. Un grupo de amigos debe de ser lo mas homogéneo posible, pues las diferencias en la forma de pensar, en la cultura, en la educación recibida, podría abrirle la puerta a la envidia y al odio.

Hay situaciones en la que inesperadamente al grupo de amigos se incorpora un personaje que con apariencia de buena persona, poco a poco se gana la simpatía del resto. Casi siempre este personaje viene de romper con otros amigos. Suele ser una persona con algún tipo de complejo y además con un nivel cultural que deja un poco que desear. Correcto en las formas, es difícil detectar a primera vista sus intenciones, que no son otras que las de convertirse en el líder del grupo. Utiliza mil argucias y rápidamente detecta a las personas que le pueden hacer sombra para de alguna forma eliminarlas cuanto antes. El odio, la envidia, el egocentrismo, es su principal fuente de vida. La retórica en la forma de hablar y alguna habilidad que otra, las utiliza para que el resto del grupo lo estime como imprescindible.

Una vez tomada la confianza y es admitido por el resto de amigos, suele atisbar con cuidado para que ningún detalle destape su verdadera personalidad. Pasado el tiempo, se rodea de aliados que al final apoyan su cruzada contra la persona que él considera su rival más directo. Conseguido el objetivo, el personaje en cuestión suele actuar de víctima. La lágrima fácil siempre ha dado buenos resultados. Dar lástima otorga la sinrazón al que la provoca.

La victoria del mentiroso, no está en la destrucción del que él considera su enemigo, ya que no lo ha derrotado. El mentiroso no sabe que el verdadero enemigo está dentro de él. Sin embargo, ha sembrado una semilla muy peligrosa que a la larga y si no lo remedia nadie, dará fruto. Sus aliados son como los buitres, ávidos de carroña. Sus amigos no lo son, ya que han vendido su alma a la hipocresía, que es ahora la dueña de sus personas.

La “víctima” del mentiroso ha descubierto la falsa amistad, pero se ha reencontrado con la gente que en realidad nunca lo abandonó a pesar de sus defectos: su esposa, sus hijos, sus hermanos. Se ha vuelto a acordar de sus aficiones. Ha sentido el apoyo de personas que siempre lo apreciaron. La vida para su bien, le ha dado una lección que nunca olvidará.

2 comentarios:

Antonio Angel dijo...

Estimado amigo. Coincido plenamente en lo que dices y es una pena que tropieces en la vida con gente así. O mejor dicho tropecemos. Y lo de TROPEZAR va con toda la intención.
Te tengo que decir que me gustaba más el anterior calificativo. Iba más acorde con su personalidad.
Pobre desgraciado, da LÁSTIMA.

Antonio Barrionuevo dijo...

Estoy de acuerdo contigo, pero bastante tiene con lo que tiene el amiguete.