Pleno

No sé si coinciden conmigo en que este año 2008, ya en las postrimerías, quizá haya sido un poco atípico. Lejos de caer en el análisis de la más que triturada crisis, para los que vivimos ciertos acontecimientos que ocupan y dan sentido en gran medida a nuestra vida, la primera mitad de este marchito año ha sido vertiginosa; o por lo menos para mí. No habíamos olvidado el sabor de los mantecados, cuando los sonidos de los tambores de las distintas cofradías de nuestra ciudad, viajaban entre la brisa helada para inundar sus rincones, debido a la premura originada por la temprana Semana Santa. Un carnaval adelantado, un día de Miércoles Santo lleno de Oración, un Jueves helado mezclado entre púrpura y latón con el calor de mis hijos, mi Nazareno aliviado por un fervoroso pueblo, un día del Señor en el mes de María, y María, la Llena de Gracia, a hombros de sus costaleros, recorrió las calles de su parroquia un 31 de mayo inolvidable. Como colofón y después de cruzar los dedos una y mil veces, mi ESPAÑA me hizo vibrar consiguiendo el título de CAMPEONA DE EUROPA.

Aunque los malos tragos se han ido disipando en el recuerdo, todavía hay momentos en los que reverdece la herida, a veces porque el encontrarme con su foto o con su ropa aún impregnada de su olor, abren en mí, llagas que sólo el tiempo cicatrizará o endurecerá. Sin embargo, hoy puedo echar la vista atrás y agradecer a Dios todo lo que me ha ocurrido, pues puesto en la balanza lo bueno y lo malo, sin lugar a dudas la inclinación de la misma está llena de venturas. La incertidumbre ha vuelto a ilusionarme gracias a nuevos retos que han surgido de la nada y que me han colmado de satisfacción. He saneado mi vida con el reencuentro de aficiones olvidadas; he conocido, aunque haya sido a través de aquí, personas que merecen mucho la pena, y sobre todo he contado para mucha gente.

Pronto, San Silvestre nos cerrará la puerta del 2008 y 2009 aparecerá con fuerza, cargado de ilusiones, desafíos e incertidumbres que se irán desgranando poco a poco. Nos volverán a preocupar las mismas cosas y nuestros desvelos formarán parte de nuestra existencia. Llegarán onomásticas, cumpleaños, nacimientos, bodas, bautizos, la temida muerte nos entristecerá y quién sabe, a lo mejor nos toca la lotería. También puede ser que el Madrid gane la décima. Por lo pronto habrá que pensar en positivo y desear que el 2009 sea como poco igual de bueno que el 2008. Ojala se cumplan todos nuestros sueños.

FELIZ AÑO NUEVO.

Círculos viciosos

Supongo que a estas alturas nadie tiene dudas de que las dificultades que está generando la crisis, son un hecho y además tan peliagudo y tan oscuro, que es difícil vislumbrar una salida cercana. Las “alentadoras” palabras que con tanta contundencia emiten las mentes más optimistas, se dan de bruces con los malos augurios que presagian tanto los más realistas, como otros que sólo buscan controversia y confusión para meter el miedo en el cuerpo a las clases sociales más desfavorecidas e inseguras, seguramente buscando algún tipo de beneficio. Los agentes sociales no llegan a ponerse de acuerdo en los supuestos que han derivado en la crisis que nos afecta, y cuanto menos en la forma de atajar este trance tan siniestro; y es que me da la impresión que de lo que tratan es de arrimarle cada uno el ascua a su sardina.

Sin entrar en profundidades que hagan una reflexión absurda y llena de demagogia, veo que en principio la crisis se basa o se produce a grandes rasgos en la caída del consumo. La cadena, como es lógico se rompe por el eslabón más débil, que en este caso es el trabajador, sobre todo el que depende del sueldo de la empresa privada. La subida de los tipos de interés de una forma descompensada con relación a los sueldos; otros productos primarios que han influenciado de forma negativa los costes de producción; los grandes especuladores que de una forma atroz se han dedicado a aumentar las diferencias entre los precios en origen y los precios que al final soporta el consumidor, han ocasionado que el poder adquisitivo de los ciudadanos haya caído en picado, también ayudado, creo, por la falta de previsión y los aires de grandeza que mucha gente hemos manejado.

Por ahí se oye que mucha culpa la tienen las hipotecas basura de EE. UU; las entidades financieras que han dado más dinero de la cuenta sin analizar debidamente el riesgo; la especulación generada sobre el suelo urbano y la corrupción generada por los listos de turno que han amasado fortunas a raudales; y sobre todo la falta de previsión de un gobierno que parece ser, según dicen, que ha ocultado lo que se nos venia encima por conservar el poder y bla, bla, bla... Lo cierto es que a río revuelto, ganancia de pescadores y al que le ha pillado esta situación con las arcas bien repletas, la operación que ha hecho, ha sido la de echarle la llave al bargueño para que no se escape ni un céntimo.

Mucho me temo que el empresario, en términos generales, a lo que ha ido ha sido a enriquecerse de una forma poco racional, apoyado por una política de empleo que ha favorecido la contratación de personal de forma precaria, con contratos que han rayado la ilegalidad en muchos casos, cuanto menos han favoreciendo el abuso. El poder adquisitivo del ciudadano más humilde, se ha visto afectado por una subida de precios descontrolada, que han generado los impagos de compromisos con entidades bancarias y otras. Todo me hace pensar que alguien se ha comido la gallina de los huevos de oro y ahora quiere que los demás caguemos las plumas.

Los reyes y alfiles han empezado por comerse a los peones, sin tener en cuenta que éstos son los que al fin y al cabo generan riqueza con su trabajo y por consiguiente con su consumo. El círculo vicioso está muy claro: si no tengo dinero no gasto; si no gasto, muchos de los negocios que dependen del consumo de los trabajadores como pueden ser bares, tiendas de ropa, zapaterías, en fin, toda clase de comercios que venden artículos que a priori de alguna forma se puede pasar sin ellos o como poco aplazar en menor o mayor medida la compra, su nivel de negocio bajará, lo que puede implicar la reducción de empleo y vuelta a empezar.

¿Qué pasará cuando no haya peones que comerse?

Bla, bla, bla...

Algunas veces me gustaría estar dentro del corazón de las personas, sobre todo cuando aprovechando ciertas coyunturas lanzan discursos confortadores y atiborrados de elocuencia, por supuesto creando opinión en corazones vulnerables, posiblemente alentados por una especie de protagonismo exacerbado, intentando sensibilizar a las masas, cargando las tintas contra posibles culpables y no mencionando a otros potencialmente tan culpables o más. Gestionar las desgracias ajenas es un arte que a mucha gente le ha ido bien, además de sacar suculenta tajada. Ahora en las fechas que se avecinan, los papagayos de turno han preparado bonitos discursos que les servirán para lavar conciencias, que evitarán a su vez que se les atragante el mazapán. Otros, maldiciendo a los que ayudan o intentan poner soluciones en la mesa para paliar las desgracias, se corrompen por la envidia al no ser ellos los protagonistas, para poder apuntarse los tantos pertinentes, actuando como buitres para convertir la proclama en votos que le aseguren el sueldo durante unos cuantos años. La búsqueda inútil de culpables a los que atribuir tanta ignominia, a estas alturas tiene poco sentido y generaría pocas soluciones. Mirar al pasado buscando un porqué es una infructuosa tarea que, además de no servir para nada, crea confrontación y al final genera poca ayuda.

Pero al fin y al cabo no debemos de preocuparnos en exceso; pronto se irán estos incómodos vecinos y como mucho volveremos a sentir la compasión desde la distancia, al escuchar en los medios de información la llegada de pateras una y otra vez. Nos queda un año para proponernos ser mejores e incentivar políticas de ayuda que de alguna forma eviten la llegada hasta los umbrales más cercanos, cuando nos planteemos sacar de nuevo las guirnaldas y el espumillón, de esta oleada de miseria que de alguna forma nos demuestra y nos echa en cara nuestra hipocresía y nuestro egoísmo.

Lo peor de todo es que relacionamos el color de la piel con la miseria, y cuando vemos marchar al inmigrante respiramos profundamente pensando que con él se ha ido la injusticia, o por lo menos de nuestro entorno más cercano ¡Craso error!. La injusticia sigue a nuestro lado, la pobreza se barrunta muy cerca; lo que ocurre es que de alguna forma se esconde dentro de las paredes del hogar y muy pocas veces el orgullo y la vergüenza deja ver las penurias que pueden estar pasando nuestros vecinos. No siempre se trata de alimento. No siempre se trata del estrecho sueldo que por más que se estira no llega. Cuántas personas necesitan compañía, apoyo, cariño y aliento para seguir viviendo. Enjuagamos nuestra conciencia con remedios tan institucionales como fríos, también echando la mirada hacia otro lado y siempre, siempre tienen la culpa los demás.

Arriesgarse es vivir

Si algo me ha enseñado la vida, es a tener paciencia. Los acontecimientos están previstos y no por mucho madrugar amanece más temprano. Saber esperar y aprender escuchando es una buena táctica, máxime cuando está por medio la consecución de un objetivo, sea de la índole que sea. La impaciencia que demuestran algunas personas en asuntos que atañen a lo ajeno, está derivada de la curiosidad que levanta en muchos cotillas, el saber de los demás. Tiempo al tiempo, para lo bueno y para lo malo; todo se verá y todo pasará.

Es extraño pero así sucede, que la manera de actuar de una persona cree disparidad de criterios. Digo que es extraño, porque no me refiero a ningún tipo de carácter personal, lo cual es lógico que pueda crear discrepancia a la hora de juzgar a alguien en su forma de ser, y por consiguiente que te pueda caer mal o bien; sino porque he comprobado en mis propias carnes, que una propuesta mía, haya sido juzgada con disparidad de criterios casi siempre coincidiendo en los mismos, personas del mismo “status social”.

Sin caer en el pecado de hacer distinción de clases (Dios me libre) amén de que tampoco creo demasiado en ellas, sí haría una distinción: hay gente con educación y vergüenza que se dice por ahí, y otros que no tienen principios de ningún tipo. Lejos de lo que muchos quieran pensar, y sin tener que ver en absoluto la posición económica con la educación, confundimos a menudo la humildad y la sencillez, con la pobreza o la riqueza, y ninguna de ellas está reñida entre sí.

Con todo esto, me refiero a que por hablar más de la cuenta intentando defender alguna postura a mi entender de razón, practicando ante todo la sinceridad, he tenido mucho que perder frente a la persona que ha sabido mascar y tragar, para luego y sin contemplaciones, intentar complicarme la vida. Claro que dicen por ahí, que en boca cerrada no entran moscas y el que no habla nunca, poco se equivoca. También he tenido la suerte de que mis posturas han sido compartidas o por lo menos discutidas desde el respeto mutuo, por otras muchas personas, a mi juicio con más sentido común y con un talante distinto, demostrando que han bebido de otras fuentes.

Cuando por alguna causa tu manera de actuar, condicionada por la razón y pensando que lo hacías por el bien común te ha llevado al “fracaso” y nuevamente se te presentan ocasiones similares, es lógico que surjan dudas a la hora de escoger la práctica. La paciencia entonces y el diálogo, son elementos fundamentales que te ayudarán a discernir entre caminar con cautela o quedarse quieto. Siempre es arriesgado tomar decisiones aventuradas, pero a mi juicio, es bastante monótono vivir sin aventuras. Por supuesto que el riesgo encierra crítica; en otros casos dependiendo de la gente que te tenga en cuenta, puede suponer que te juzguen con otro tipo de criterios pero, cuando una persona es libre y actúa sin ningún tipo de complejos, teniendo como bandera la humildad y el servicio a los demás, no debe de tener miedo.

Podríamos preguntarnos qué hacer con los envidiosos que nos escoltan en nuestro camino y lloran nuestras venturas más que sus propias miserias. Podríamos no arriesgar para intentar eludir las críticas de nuestros enemigos, a veces hechas con saña. Podríamos hacer lo que los avestruces y sacrificar nuestra propia razón de ser ante la mirada risueña del que se siente inferior debido a sus propios complejos. Podríamos alargar la mano para darle palmadas de aliento en la espalda a nuestro mayor enemigo, sabiendo de su inminente traición. Podríamos vivir de rodillas ante tanto hijo de mala madre que intenta una y otra vez la humillación más cruel. Pero al amparo de nuestras propias creencias, también podemos revelarnos en contra de la opresión realizada con distintas artes y desde distintas atalayas. La paciencia debe de ser nuestro aliado y la libertad nuestro lema; el amor nuestra alegría y la humildad nuestro objetivo.

Visiones metafóricas

El inexorablemente paso del tiempo nos aboca a vivir nuevas experiencias, las mismas que primavera tras primavera rotan en torno a nuestras vidas consagradas, a una forma de vivir ligada con fuerza a una tradición tan universal como ubetense, siempre con algo nuevo vivido y algo nuevo que contar. La tercera primavera llegará muy pronto, y así como en la segunda terminé de descubrir la traición y la mentira escondida detrás de su hábito, pase lo que pase, habré descubierto más allá de toda ofuscación, que valió la pena no haber traicionado jamás a mis principios, los mismos que marcan la autenticidad de la persona.

El dragón, rodeado de fantoches capaces de lanzar la mayor de las blasfemias delante del trono del Cordero, ha ocupado tribuna alentado por rumores más que fundados, para ver pasar el nuevo séquito en la infinita madrugada. Adorador del ruido del que se valen las hordas insaciables para saber de los demás, para criticar a diestro y siniestro para justificar lo injustificable, que no es otra que la de pretender tapar sus propias miserias alentado la murmuración sobre cabezas ajenas, rezará a Lucifer para que la oscuridad más tenebrosa, tape todo entusiasmo expresado por la razón más clara; la verdad.

Después de las innumerables noches de frío en el camino que no tiene retorno, en los que los sonidos del ronco latón acompañaron a la gélida brisa que año tras año empapaba las oscuras sombras del campo santo, en el que los antiguos romanos descansan en la paz del Señor, la falta de humildad del dragón, más preocupado de satisfacer su ego que de luchar por engrandecer el trabajo de sus antecesores, ha hecho que la gota colme el vaso de la injusticia. El incombustible magistrado, ciego por la soberbia que le rebosa, miró con desprecio al mensajero y como si no fuera con él, su egocentrismo le prohibió exclamación alguna. Se acabaron los vítores de insulsos impíos y pronto sus lenguas viperinas intentarán lacerar al bienhechor el cual no busca méritos; año tras año dejó su palacio para que los que escoltan al verdadero Dios, prepararan su contienda en tiempos de cuaresma. Sus críticas, estarán llenas de sinrazón y el que ha contemplado todo lo sucedido sabe que así es.

Sólo el Altísimo desde su sabiduría infinita, conoce los acontecimientos venideros. Él sabe de nuestros corazones y sabe de nuestras miserias. Sabe que en su nombre no se puede actuar a caballo del odio, y así como protege a los mansos, nuestro orgullo nos aparta de su misericordia. El dragón seguirá manejando el séquito de sangre y amargura, mientras los acólitos sean los que son y sigan demostrando su indolencia. El brillo del sitial ocultará momentáneamente el fracaso venidero. El pusilánime no es el dragón y el dragón se adorna de siete cabezas. Donde el tiempo no pasa para conmemorar acontecimientos, la historia la escribe la vorágine de la vida y la ofuscación, pasará de nuevo armada de afilada guadaña cortando sin piedad nuevas cabezas.

Primer aniversario

Hoy hace un año que empecé con este humilde proyecto. En él quise reflejar mis reflexiones y mis sentimientos, para compartirlos con todos los que de buena fe se han querido acercar a Plaza del Carmen. Hoy con casi siete mil visitas, se han superado con creces mis pretensiones. Por ello, quiero agradecer de todo corazón a todas las personas que han pasado por aquí, su interés por mis escritos. No sé si mis artículos pudieron causar daño en algún momento; si alguien se sintió molesto le pido perdón. Si alguien se dio por aludido en algún instante y se vio reflejado en mis comentarios, con toda seguridad sería el destinatario de los mismos, cosa de la que me alegro. Si alguien encontró consuelo, regocijo o incluso paz en algún momento en su visita a Plaza del Carmen, el fin de este cuaderno habrá sido un éxito.

Seguiré en la medida de mis posibilidades, alimentando este blog siempre consciente de mis limitaciones, pues no pretendo ni persigo nada que no sea el alimento de una afición y si de paso puedo hacer feliz a alguien, con eso me daré por satisfecho.
Saludos y gracias por vuestras visitas.

Antonio Barrionuevo.

¡Qué bien te veo!

Quizás como rodando va la bola, no hemos echado cuentas de lo que podría suceder si por alguna razón el fantasma del paro pasara por nuestra puerta. Las barbas del vecino ya la estamos viendo afeitar y a lo mejor sería mucho decir que deberíamos poner las nuestras a remojar, pero la duda esta ahí. Posiblemente habrá pocos sectores que escapen a la crisis y otros estarán sufriendo algún tipo de anomalía. Supongo que comer no se podrá eludir y de hecho los caprichos están pasando a un segundo plano pero, a buena hora mangas verdes, aunque hay que tener en cuenta la cantidad de empleo que se ha generado como consecuencia de satisfacer los caprichos de los demás. ¿Qué pasará con las personas que viven del capricho ajeno?

Como es normal, ante esta más que chumasquina (pues tiene visos de convertirse en un gran incendio) los trabajadores están los primeros en la lista para sufrir las irremediables consecuencias derivadas de la especulación atroz que han organizado toda esta gentuza que ahora se está frotando las manos. Nos han vendido la posibilidad de parecer personas de postín y sin darnos cuenta nos han esclavizado en muchos casos hasta que nuestras frentes se arruguen que, seguramente lo harán antes de tiempo por la ausencia de grasa en nuestro cutis. Tirar de coche de gran marca, disfrutar de una gran mansión (en algunos casos con hipotecas en las que ha tenido que firmar hasta el canario) nos ha dado un status tremendo de cara a farolearnos delante de nuestros prójimos, aunque en algunos momentos hubiésemos dado la vida por un buen pedazo de pan y aceite.

La penitencia sin lugar a dudas va en el pecado, y la que estamos sufriendo en este momento va en el pecado de la ostentación. Nos hemos apartado de la humildad que de alguna forma nuestros predecesores nos inculcaron, y ahora nos hemos dado cuenta en la razón y sapiencia que encerraban su palabras cuando desde la óptica que da la experiencia, nos lanzaban la frase de “hijo mío, mira por un duro”. Ellos, nuestros antepasados, con bastantes menos caprichos que nosotros y con menos egoísmo, han sido felices dentro de la independencia que genera el estar libre de las sanguinarias cuotas que nos agobian tan a diario. Algunos hemos tenido que hipotecar nuestro tiempo libre realizando trabajos extras en fines de semana, para poder “disfrutar” de algún capricho que otro, cuando estamos durmiendo después de caer reventados a la cama con el estomago lleno de buscapina.

Así está la cosa señores. Una nación que por mucho que queramos disimular, está al borde del caos. Los políticos poniendo cara de póker y ladrándose unos a otros,pero comiendo. Los dirigentes de los sindicatos ídem. Los banqueros recogiendo beneficios y encima metiendo miedo en el cuerpo para que no pare el chorrillo de las ayudas. El IBI por las nubes y haber para qué. Y los de siempre apretándose el cinturón hasta la extenuación y además agradecidos de que por lo menos y a las malas, la prestación del desempleo pueda ir socorriendo algunos hogares.

De bien nacido es ser agradecido

A la memoria de mi padre. Segundo cumpleaños que paso sin su compañía.

Me apetece en este momento, dedicar unas palabras de agradecimiento a todas las personas que alguna vez han hecho algo por mí sin ningún tipo de interés. En mi camino por estos parajes de la vida, unas veces agradables y otras veces algo más difíciles, me he encontrado con personas con nombre y apellidos, que desinteresadamente me han demostrado afecto y cordialidad. Siempre han estado ahí para dar aliento en los momentos difíciles, y también han sabido disfrutar conmigo los más alegres. Nunca me han traicionado. Nunca me he sentido engañado por ellos. Nunca me han mentido. Siempre han ido de frente con la verdad por delante, me haya gustado o no. Siempre me han mirado a los ojos.

En primer lugar y como no podía ser menos, perpetuaré mi agradecimiento a mis padres Juan y Juana que, con su sencillez, humildad, ternura, respeto y cariño, han llenado de amor los días de mi vida, para que yo de igual forma pueda devolver a mis hijos todo lo que ellos me han dado. A ellos les debo lo que soy, y de ellos he aprendido todo lo que sé.

En mis hermanas Paqui y Tomasi, he encontrado siempre complicidad, cariño y respeto. Aunque me hubiese gustado disfrutar más de su compañía dentro del hogar paterno, los buenos recuerdos que me acompañan de la convivencia en el mismo, nunca los olvidaré y los llevaré siempre en lo más hondo de mi corazón.

Tengo verdaderos amigos (muy pocos) los cuales se alegran de mis venturas y a la vez su ánimo, comprensión y apego me han ayudado a superar momentos un tanto difíciles. Una vez me dijeron que los amigos no son los que siempre van juntos, sino los que nunca se olvidan. La vida me ha enseñado lo equivocado que estaba, creyendo en personas que cuando han tenido la oportunidad de demostrar lo que significa la amistad, su falta de valentía le ha abocado y de eso estoy seguro, a ignorar los mandamientos del corazón. También a estos últimos tengo algo que agradecerles, ya que me han enseñado dónde está la traición y además me han mostrado las falsedades de la vida.

Ahora, en estos momentos de mi vida, se me abren otras puertas de experiencia, las cuales las atravesaré con sosiego y quizá con incertidumbre, pero con mucha ilusión y sin temor al fracaso, pues el mismo reside en nuestros complejos y de esos he desterrado unos cuantos. El mero hecho de que personas de gran valor humano y actuando con sinceridad, hayan considerado merecimientos en mí, ya es un orgullo y un motivo para creer en mis posibilidades. A estas personas siempre les estaré agradecido.

En nuestras vidas siempre hay alguien especial. Yo he tenido la suerte de tener y de compartir mi vida, con más de una persona especial. Si de mis lectores alguien tiene hijos, sabe a lo que me refiero. Juan Gabriel y Antonio Jesús son la ilusión de mi vida. Ellos, desde su inocencia y con su cariño desinteresado, han hecho que mi corazón lata más deprisa. Me han enseñado más de lo que yo jamás les podré enseñar nunca. Y ellos sí que siempre han estado ahí.

La mejor maceta la he dejado para lo último. Veintisiete años de mi vida se han escrito junto a ella. Desde que nos conocimos, supimos lo que pretendíamos, que no era otra cosa que pasar el resto de nuestras vidas juntos. Vivir a su lado nunca sido difícil. En ella he encontrado felicidad, complicidad, amistad, cariño, ternura y apoyo. ¡Ah! Se me olvidaba lo mejor. Hace unas manitas de cerdo, “pá chuparse los deos” ¡Te apetece!

Insomnio americano

Ahora resulta, que todo el mundo había predicho que Barack Obama iba a ganar las elecciones a la presidencia de EE. UU. Lo podemos observar en todos los medios de información, afines o no, los cuales se hacen eco de la noticia, la misma que repetirán hasta la saciedad y hasta aburrir al más pintado. Posiblemente la crónica podía ser previsible, dado el poco carisma de su oponente, un anciano y republicano John McCain, que a pesar de todo, ha obtenido más de 55 millones de votos.

Las primeras palabras de Obama hacen alusiones al sueño americano, un sueño para dormir tranquilos, pues se ha basado y para empezar, en los más de 1.000 millones de dólares que se han gastado entre los dos candidatos en sus respectivas campañas electorales; cifra que engrosa el gasto total de las elecciones de la esperanza, hasta llegar a los 5.300 millones de dólares, entre que voy y que vengo.

Si me paro a pensar en la crisis de la que hablan y miro a mi alrededor, con una Andalucía, por ejemplo, con más de 700.000 humildes parados; y además escucho las milongas de unos y de otros (me refiero a esos papagayos llamados políticos); y si observo que las ayudas económicas van dirigidas a los que más tienen engrosando su más que nutridas cuentas (me refiero a las entidades bancarias, verdaderos chupa sangres); y si me hablan que en el continente africano mueren así como 3 millones de personas al año por culpa de un mosquito; y que más 6 millones de seres humanos lo hacen igual en el mundo de SIDA; y si oigo que más de 1.500 millones de seres humanos sufren hambre y desnutrición; pues la verdad es que no me queda otra, que reírme un poco del sueño americano, verdadero culpable hasta el momento del insomnio de muchas personas.

Perdonar pero, hoy estoy un poco demagogo.

Artes rastreras

Hace un tiempo, escribí en este cuaderno una reflexión titulada “Quedarse en la consolada” En ella quise plasmar la hipocresía que a veces nos envuelve cuando nos acercamos al mismo JESÚS reflejado en el Nazareno de Úbeda, para pedirle cuanto se nos viene a la mente en el momento mágico de la madrugada morada, y que sugestionados por los sones de un hermoso Miserere, nos encontramos más humanos, más cristianos. Decía que ese sentimiento duraba apenas 10 minutos, y que rechazábamos la invitación que nos hacia Jesús a seguir el camino de la salvación cargando con nuestra propia cruz.

Por entonces no pasaba por mi mente idea alguna que pudiera suponer el acceso a cargos de importancia dentro de la Antigua Cofradía Ubetense, pues para mí ya es bastante pertenecer moralmente a la Cofradía Morada desde que siendo sólo un niño, tuviera la oportunidad en brazos de mi padre, de contemplar mi primera salida de Jesús por la Consolada, momento que me enganchó para siempre a esta hermandad y a su Bendita Imagen. Ese momento tan especial para mí, se ha ido repitiendo a lo largo de mi vida cada Viernes Santo, en el que únicamente las inclemencias del tiempo y el servicio a la Patria han sido causa de mi falta a esa cita.

Indudablemente este hecho no me hace mejor cristiano ni mejor Hermano de Jesús (título que llevo oficialmente desde que D. Andrés Escalzo Martínez, me impusiera la medalla de Jesús allá por octubre del año 1.995) pero sí me da unos derechos que no son otros que los de amar a Jesús y a su Santísima Madre con un único propósito, que es el de intentar ser cada día mejor persona y por supuesto ponerme al servicio de la Cofradía cuando ésta me lo demande.

Sé que un cargo directivo para muchos de los cofrades de la morada hermandad, sería el mayor de los honores. Por ello, hay que entender que todo cofrade tiene el derecho de plantearse las aspiraciones que le apetezcan, siempre y cuando las mismas sólo estén influidas por el servicio a los demás. Un cargo directivo es un cargo honorífico y altruista, y además no puede estar enfocado al incremento del ego propio, máxime cuando el ejemplo ha seguir es el mismo Jesucristo. Optar a un cargo directivo de cualquier cofradía, está reglado por los estatutos o reglas de la misma, y son los propios cofrades los que soberanamente tienen el poder de elegir, lo mismo que los candidatos el de acatar. Entrar en artes rastreras para desprestigiar tocando incluso la honorabilidad de las personas, está muy lejos de ser un comportamiento cristiano, especialmente cuando las críticas vienen de correveidiles que no tienen más excusa que la de ¡a mí me han dicho!

Criticar lanzando mentiras desde estamentos que nada tienen que ver con la religión, aunque mala práctica, cómo ya estamos acostumbrados, lo único que a lo mejor puede generar en el ciudadano de a pie es indiferencia. Criticar, mentir, faltar al respeto en el seno de una asociación religiosa que está llamada a la misericordia y a la santidad, da muy mal ejemplo, y las personas que tienen tal hábito, deberían de replantearse su forma de actuar, si además lo que buscan para ellas es el respeto ajeno.

Recuerdos

Es extraño que compañeros de corporación, los cuales se habían arrastrado ante un humilde labrador para que éste le diera el voto para satisfacer su ansia de poder, una vez conseguido el mismo y quizá movidos por intereses poco claros, actuaran en su contra, utilizando como arma lo que más puede querer un padre. Pero desgraciadamente así ocurrió. Hasta dónde puede llegar el odio y la traición, sólo lo sabe el que la ha sufrido en su persona. Sólo puede creer en la justicia el que la ha disfrutado, impartida por personas sin ningún tipo de interés aparte de hacer prevalecer la verdad.

Una fría mañana de febrero del año 1.978, interrumpida la jornada escolar para tomar el almuerzo, un niño de sólo trece años, se disponía a regresar a casa cuando fue abordado por un profesor en el patio de columnas de un céntrico colegio, antaño regentado por los trinitarios. La idea que llevaba el maestro, no era otra que la de hacer comparecer al niño, en el despacho de la directora, con la intención de que aquel rubio chaval de ojos verdes claros, se declarara culpable y firmara no sé qué papel para que su padre no fuera a la cárcel. La “cristiana” directora, persona de comunión diaria, obstinada en que el niño se declarara culpable de la autoría al parecer de un anónimo injurioso (cosa que no consiguió) hizo todo lo posible para salirse con la suya, llegando incluso a ejercer la coacción de una forma brutal ante un indefenso y asustado chaval de trece años.

Con la intención de impartir injusticia y sin la posibilidad de defensa alguna, el claustro de profesores alentado por la jerarquía de aquel colegio, se reunió de inmediato con un único fin; expulsar del centro al niño acusado de escribir ese anónimo, no sin antes haber derramado mala fama por doquier. La expulsión fue un hecho y además la saña demostrada por parte del colectivo magistral fue tan soberbia como injusta.

El marco era el siguiente: Un anónimo injurioso dirigido a una profesora de EGB y firmado a la vez por un compañero del mismo colegio. Un niño de trece años acusado de la injuria y retirado de la enseñanza para siempre sin la posibilidad de haber ejercido defensa alguna.

Hay un proverbio que dice que el que busca halla, y eso fue lo que le ocurrió al padre del condenado niño. La suerte le hizo encontrar en Úbeda a D. Marín Carbajo Carbajosa, profesor de EGB, que ejercía en SAFA y que además prestaba servicios de perito calígrafo en los juzgados de instrucción y municipales, como colaborador de jueces, abogados y procuradores con una antigüedad en el ejercicio de tal auxilio de más de dos lustros. El padre del niño, solicitó a D. Marín Carbajo que revisara el anónimo y lo comparara con otros escritos realizados por su hijo, cosa que hizo pudiendo demostrar que el anónimo injurioso no salió del puño del infante, lo cual certificó instando además al padre para que acometiera acciones legales en contra de los profesores que acusaron y expulsaron tan injustamente a su hijo. No hubo demanda, pues lo que buscaba el padre fue limpiar la honra y que a su hijo lo readmitieran en el colegio. El chaval completó sus estudios de EGB en SAFA de Úbeda y su nombre quedó limpio de esa acusación.

Aunque el tiempo ha pasado, todavía no comprendo el porqué de aquella trama y el motivo de aquella venganza. Posiblemente la envidia tuvo que ver mucho en el asunto, pero envidia de qué. El niño aquel, es Antonio Barrionuevo y muchos de los que intervinieron en aquellos hechos, ya han muerto. Nunca me pidieron perdón, pero no hizo falta. La dicha fue poder ver a mi padre con el orgullo de haber demostrado al mundo que su hijo era inocente.

Hubo dos personas en las que mi padre encontró un apoyo fundamental: D. Manuel Fernández Peña q.e.p.d y D. Marín Carbajo Carbajosa con el que alguna vez he hablado y le he referido que todavía conservo su informe, demostrándole gratitud.

Para mí, hubo una persona imprescindible que creyó siempre en mi inocencia; mi padre que en gloria esté.

¡Menos monos!

Fruto de la exageración, intrínseca de algunos pueblos, a veces por la euforia y otras veces por la soberbia, la mentira, unas veces piadosa y otras con toda la intención del mundo, nos suele acompañar como equipaje que acompaña al peregrino.

Antiguamente, cuando en cualquier coloquio de los que se generaban en las tabernas de vino del país aparecía la euforia, por otro lado debido a los efectos del rico caldo, las exageraciones salían a la palestra casi siempre referidas a las labores del campo; exageraciones, que mucho tenían que ver con la hombría y la capacidad de desarrollo de dichas tareas. Cuando los adornos no había quien los pasase ni tragando pan, se solía recurrir a la boina, de tal forma que los incrédulos contertulios le daban la vuelta a la gorra para que ésta cayese al revés sobre la cabeza y así el que estaba contando la milonga se diera por aludido.

También cuando alguien exagera de alguna forma en cantidades poco creíbles, se suele decir lo de menos lobos caperucita, expresión que a mi entender está reinventada y confundida, amén de que la pobre caperucita en su cuento no hizo exageración alguna, que no fuese otra que la descripción de los rasgos faciales que estaba viendo en su rara abuelita.

Entiendo que la expresión correcta es la de menos monos, y paso a relatarles el hecho que además como no podía ser menos ocurrió en Úbeda.

Existe en la ciudad de los cerros un camino, al que llaman camino o vereda del fraile, jalonado éste por viñedos, hoy olivos, y ubicado en el paraje conocido como hueco de la hoya. Como pueden deducir, el apelativo se debe a que era un camino que habitualmente era transitado por frailes, de los que en Úbeda había un gran número, dada la cantidad de conventos que ocupaban el suelo ubetense.

Los frailes, en su paseo por dicha vereda o camino, solían parar a menudo para hacer algún que otro rezo o lectura de la Biblia. Esta lectura no siempre era ejecutada por el mismo fraile, y una de las veces que le tocó a un novicio, quizás fruto de los nervios, al leer la Biblia dijo: …y dijo el Señor, setenta monos (queriendo decir sentémonos) El Prior con la tranquilidad que pueden dar los años de experiencia exclamó dirigiéndose al lector.

¡Menos monos y lea usted mejor!

Hermoso San Sebastián

Incapalicos, daba nombre a una pequeña aldea ubicada entre la falda de dos montañas, cuyas cumbres rara vez se encontraban expeditas de la blanca nieve. Allí entre granados, un cansado hortelano, ya mayor, Jaime que así se hacía llamar, cuidaba de su pequeña huerta, la cual le ayudaba al sustento de la familia con la hortaliza que recogía para luego vender en el mercado del pueblo.

No muy lejos del poblado se ubicaba un pequeño monasterio adornado por una fastuosa torre, en la que se guardaban unas vetustas campanas que inundaban con su bronco sonido todo el valle; bien para marcar el paso del tiempo tan lento en aquel lugar, o bien para llamar a los fieles a que acudieran a los cultos diarios.

Adyacente al campanario se hallaba una pequeña iglesia dedicada al culto del Patrón de la aldea, que no era otro que San Sebastián; pues gracias a las invocaciones que les hicieron los habitantes del lugar en tiempos en que la enfermedad de la peste se cebó con ellos, ésta fue erradicada atribuyendo el hecho a un milagro del Santo Mártir.

Por circunstancias que se desconocen, la hornacina donde se debería de encontrar la Imagen del Santo llevaba algunos años vacía, estando entre los proyectos de las religiosas del monasterio ocuparla lo antes posible con una nueva escultura.

Las monjitas tenían por costumbre pasear con las primeras luces del alba por las estrechas veredas del lugar, paseo que a su vez dedicaban a la reflexión y a la oración, entresacando algunas lecturas de un viejo breviarium que siempre les acompañaba.

Una de las veredas por las que transitaban a menudo, pasaba por las inmediaciones de la huerta de Jaime. Un día muy de mañana, ocurrió que el hortelano aprovechando el frescor del amanecer, se dispuso a cortar el tronco de un viejo granado al cual difícilmente le vio fruto alguna vez. En esos instantes, las monjitas disfrutando de su matinal paseo, se encontraron de bruces con la faena que tenía ocupado al noble hortelano. Las hermanas al ver el hermoso tronco en el suelo y acordándose de inmediato del vacío que había en la hornacina de San Sebastián, prestas le preguntaron a Jaime si de alguna forma podían disponer de una parte del tronco, para realizar una escultura que reflejara la Imagen del Patrón del pueblo, para colocarla a su vez en la hornacina que tiempos atrás había sido ocupada por el mismo. Jaime, haciendo gala de su nobleza y comprensión, accedió a la petición de las monjitas, aunque se reservó un trozo de madera del tronco para fabricarle un pesebre a su burro.

Pasaba el tiempo y con él llegó un frío mes de enero. En los primeros días del nuevo año, la nueva Imagen de San Sebastián fue una realidad. Una magnífica escultura sacada de aquel viejo granado, se convirtió en el San Sebastián que el pueblo de Incapalicos tanto añoraba. Colocado éste en la hornacina que supo esperar con paciencia el regreso de su Santo, acudieron al lugar excelsas autoridades para contemplar in situ la bella Imagen del Patrón del pueblo. Tuvo lugar una pomposa procesión en la que escoltaron al Santo autoridades venidas de todos los rincones del universo; música y pólvora que hallaban su réplica en el eco de las montañas que jalonaban el pueblo, hicieron las delicias de los devotos del Santo Mártir. Por la noche, una grandiosa verbena animó a los incapaliqueños con sus bailes y con una fuente de vino del país que se instaló en el centro de la plaza. Soltaron reses bravas para que los mocicos y otros que no lo eran tanto, demostraran su valor y destreza delante de los bichos…

No tardaron los devotos de San Sebastián en atribuirle a éste los primeros milagros. Las gentes de los alrededores se hicieron eco de la noticia y ésta fue cundida llegando la misma hasta los oídos de las gentes más insospechadas. Pronto los caminos y veredas de Incapalicos se convirtieron en el camino de muchos peregrinos que acudían a dedicarle sus rezos al milagroso Santo a la espera de algún favor.

Soledad, que así se llamaba la esposa de Jaime el hortelano, pronto se hizo devota del Patrón del pueblo, siendo ésta una de las que más iniciativas tomaba a favor del culto al Santo. Soledad, observó que su marido no se inquietaba mucho por las leyendas y milagros que se atribuían al nuevo San Sebastián. Llena de curiosidad preguntó a Jaime el porqué de su incredulidad, e insistía una y otra vez recomendándole al esposo, que se llegara a ver a la milagrosa Imagen, volviendo a insistir ésta, que era muy milagrosa.

Ya se sabe de antiguo que dos tetas tiran más que dos carretas; no ajeno a esto, Jaime harto de escuchar la insistencia de su esposa, aprovechando el viaje al pueblo para vender la hortaliza recolectada, una vez terminada la faena y acompañado de su burro, se acercó a la iglesia del Patrón. Delante de la bella Imagen alumbrada ésta por los cientos de luminarias que le habían dedicado los devotos, Jaime un tanto asombrado, sosteniendo su boina entre sus manos entrelazadas dedicó una oración al milagroso que así decía:

Hermoso San Sebastián,
que del pesebre de mi burro
eres hermano carnal.
En mi huerto te criaste.
Fruto no te conocí.
Los milagros que tú hagas
¡Qué me los cuenten a mí!

La herida está cerrada

Cuando llega la muerte y es tan difícil asumirla, la impotencia se apodera de nuestra vida. Resarcir la injusta muerte con otra muerte, parece más venganza que justicia. El tiempo hizo adormecer el sufrimiento de la injusticia que provocó la muerte, con el quebranto de dos familias.

Víctima y asesino, se marcharon de este mundo y ahí acabó la historia. Lo que sigue después, se queda en la intimidad. Los testigos callaron su angustia y hay que respetar su silencio.

Sigue descansando en paz y disfruta de la presencia de Jesús Resucitado.

Un juez llamado tiempo

El tiempo, que a veces es el aliado perfecto, otras muchas se muestra como el peor de nuestros enemigos. Tiene la virtud de colocar las cosas en su sitio, de destapar injusticias e incluso de ejercer como el mejor de los terapeutas cerrando las heridas de la infamia.

Cuando actúa de aliado, tiene como compañero al olvido, dejando descansar en el sueño de los justos muchas de las peripecias que nos han sucedido a lo largo de nuestra existencia, aunque recemos para que nuestras miserias no sean recordadas por algún sujeto que nos quiera poner en un compromiso incómodo.

Aunque la justicia -no hay mayor justicia que la verdad- la queramos ver lo antes posible y a veces nuestra desesperación alcance cotas abismales e incluso desesperantes, hay que tener como aliada a la paciencia, virtud que se lleva muy bien con el tiempo.

La historia -otro aliado- no se escribe en el momento, sino con perspectiva y con imparcialidad; en ese plano, los justos e injustos serán tratados con firmeza por mediando el valor de sus obras. El tiempo destapará nuestra incoherencia, mostrará a los que nos creen conocer bien nuestras limitaciones, a veces tapadas por la soberbia que nos corrompe. Cuando hemos vendido humo y nos hemos apoyado en la mentira, el tiempo actuará de juez implacable. Cuando nos hemos dedicado a destruir a los demás movidos por la envidia creada por el influjo de terceras personas a consecuencia de nuestra debilidad mental y por no saber aceptar nuestros complejos, el tiempo nos dedicará una amarga oda, pues el que yerra en conciencia lo seguirá haciendo hasta que se le vea el rabo.

El tiempo, apoyado en los justos, nos dará la recompensa nuestros desvelos, por la lucha en pro de un mundo mejor. Será testigo de nuestro justo caminar y de nuestro amor reflejado en las buenas obras. Con su paso, llegará el día en el que recojamos la cosecha de las semillas que hayamos dejado por nuestro camino; amor si éstas eran de amor, tempestad si las mismas eran de odio.

El inclemente paso del tiempo, paliará en nuestro corazón el dolor por la pérdida del ser querido, aunque a la vez agudizará la herida de la ausencia.

Aunque en nuestro afán por controlar lo incontrolable lo hemos intentado, lo único que hemos conseguido del tiempo ha sido medirlo, si bien nuestro estado de conciencia nos ha permitido en ocasiones alargarlo. Lo medimos con impaciencia cuando esperamos, y se nos va álgido cuando disfrutamos de la felicidad. Mirar hacia atrás en él, provoca nostalgia de los momentos felices, amargura de los tristes, pero nunca indiferencia.

Somos esclavos de su presencia y dependientes de su paso. Nos cultivará y nos infundirá personalidad. Nos dará fama, o nos ocultará en el anonimato. Sin embargo, si tengo que elegir prefiero este último a la mala fama.

Andalucía en el corazón

Llevaría al extremo más irracional y a la máxima radicalidad, si pensase en el hecho de que porque un energúmeno al parecer algo perturbado y con antecedentes penales, haya querido marcar la Diada de Cataluña con el ataque a la residencia de los Duques de Lugo, que todos los catalanes son de la misma calaña. Lo mismo que pienso, que muchos ciudadanos de los que pasan sus días en aquella región, caminan a años luz de los respetables pensamientos ideológicos del vicepresidente de La Generalitat Sr. Carod-Rovira, que creo que nada tienen que ver hoy ni con la realidad catalana ni con la de España. Tampoco creo, que porque unos cuantos ingratos catalanes o catalanizados –los peores- de baja estirpe, desconocedores tal vez, o incapaces de reconocer la influencia del pueblo andaluz en el desarrollo social y económico de Cataluña, nos miren a los que hemos nacido en esta maravillosa tierra que es Andalucía por encima del hombro, haya que considerar al pueblo catalán como enemigo.

La sana envidia nos puede llevar a no entender ciertas reivindicaciones catalanistas, en todo caso como todo en la vida discutibles, y ver cómo en algunas materias la prosperidad del pueblo andaluz queda mermada, quizás por estar muy ligada a un sector cada día más frágil como entiendo que es la agricultura y a un fluctuante sector como puede ser el turismo.

Hace tiempo, tuve la desgraciada oportunidad de comprobar cómo el término andaluz, era utilizado como peyorativo por ciertos especímenes desconocedores de la realidad de un pueblo como el nuestro. Andaluz y vago, para muchos de los mierdas que se atreven a mirarnos por encima del hombro, son sinónimos muy arraigados. Encuentro cierta justificación y puedo perdonar, cuando el insulto llega de unos pobres indocumentados, quizá mal asesorados, quizá con algún tipo de minusvalía psíquica. Lo que nunca llegaré a entender son los derrotismos infrahumanos, sórdidos, mezquinos, de los propios integrantes de un pueblo –no merecedores de ser andaluces- que aunque han prosperado aquí, no han sabido o no han querido integrarse en nuestra idiosincrasia, quizá por sentirse acomplejados, quizá porque se ajustan al dicho de “ni sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió”.

El folklore de cada región, que en Andalucía por el propio carácter es exacerbado, posiblemente da una imagen un poco impropia de la realidad del pueblo andaluz. No sólo es pachanga, flamenqueo, toros y fiesta –por otro lado saludables- lo que hay de despeñaperros para abajo. La incultura del anormal que se atreve a insultar a un pueblo, posiblemente ha oído hablar -o no- de Juan Ramón Jiménez, José María Pemán, Luis de Góngora, Antonio Machado, Gustavo Adolfo Bécquer, Federico García Lorca, Manuel Altolaguirre, Rafael Alberti, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, María Zambrano, Manuel de Falla, Andrés Segovia, Alonso Cano, Pablo Picasso, Julio Romero de Torres, Antonio Muñoz Molina, Joaquín Sabina, Antonio Banderas, todos ellos andaluces ilustres que han derramado cultura por los rincones del universo, amén de otros andaluces tan ilustres como anónimos –los de la barja y fiambrera- que han hecho grandes otros pueblos con su sudor y algunas veces en precarias condiciones.

Ser andaluz no es un defecto, cuanto menos una deshonra, pues es el andalucismo es una forma de vivir, una forma de entender la vida. El que reniega de su pueblo, lo que podría plantearse es salir de él, pero dejando todo lo que éste le ha dado. El que nos compara con otros pueblos más prósperos para sacar a la pata la llana todos nuestros defectos que son los suyos, descartándose del grupo, es un hipócrita. El que reniega de sus raíces reniega de sí mismo.

La vida sigue igual

Una afición que heredé de mi padre, fue la de leer a Félix María Samaniego, un escritor laguardiense, que en el siglo XVIII, se hizo famoso por sus fábulas. Samaniego hace de sus fábulas una sátira social, orientada a la crítica de hábitos y actitudes de dudosa moral. Todas sus fábulas están escritas en verso, lo que hace que su lectura sea sencilla, amena y agradable.

La realidad social que se refleja en las composiciones de Samaniego, no difieren en absoluto de la realidad social de nuestros días, e incluso de la realidad social de los tiempos de Esopo (fabulista griego del siglo VII a C.) autor que reescribiera Samaniego en su obra. La maldad, la codicia, la falsedad, la opulencia, la envidia, la soberbia y un largo etcétera de defectos humanos, resaltan en las fábulas de Samaniego, junto con la bondad y la ingenuidad del ser humano más noble (en este caso animal) que termina por dar ejemplo de dignidad y mesura. Lamentablemente, la vida sigue igual. Todo esto me hace pensar que la existencia es un ciclo. Pasamos por ella casi siempre con más pena que gloria, luchando en los innumerables de campos de batalla que se nos presentan y cuando llega la hora de nuestro ocaso, en la mayoría de los casos nuestras virtudes se irán con nosotros, nuestras buenas obras se olvidarán y lo único que quedará será algún epitafio escrito seguramente por el mayor de nuestros enemigos.

Mucho me temo que cada vez queda menos gente, que se mueva sin ningún tipo de interés. Lo podemos comprobar diariamente en cualquier ámbito: político, social, religioso... Cargos que a primera vista se pueden presentar como honoríficos o altruistas, y en realidad esconden un nivel de lucro mareante en algunos casos. Por lo tanto, es fácil de entender (que no de comprender) toda la guerra mediática que se emplea hoy por hoy, en muchos rincones de nuestra sociedad.

Después de más de cuatro décadas y algún palo que otro, a la conclusión que he llegado es que: Los amigos los puedes contar con los dedos de una mano si es que tienes suerte, que los fantasmas no están en los castillos, que nuestras madres son muy santas y que la lotería le toca a los demás. Os dejo una fábula de mi admirado Samaniego.

La mariposa y el caracol.

Aunque te haya elevado la fortuna
desde el polvo a los cuernos de la luna,
si hablas, Fabio, al humilde con desprecio
tanto como eres grande serás necio.
¡Qué! ¿Te irritas? ¿Te ofende mi lenguaje?
«No se habla de ese modo a un personaje.»
Pues haz cuenta, señor, que no me oíste,
y escucha a un Caracol. Vaya de chiste.
En un bello jardín, cierta mañana,
se puso muy ufana sobre la blanca rosa
una recién nacida Mariposa.
El sol resplandeciente
desde su claro oriente los rayos esparcía;
ella, a su luz, las alas extendía,
sólo porque envidiasen sus colores
manchadas aves y pintadas flores.
Esta vana, preciada de belleza,
al volver la cabeza,
vio muy cerca de sí, sobre una rama,
a un pardo Caracol. La bella dama,
irritada, exclamó: «¿Cómo, grosero,
a mi lado te acercas? Jardinero,
¿De qué sirve que tengas con cuidado
el jardín cultivado,
y guarde tu desvelo
la rica fruta del rigor del hielo,
y los tiernos botones de las plantas,
si ensucia y come todo cuanto plantas
este vil Caracol de baja esfera?
O mátale al instante, o vaya fuera.»
«Quien ahora te oyese,
si no te conociese,
respondió el Caracol, en mi conciencia,
que pudiera temblar en tu presencia.
Mas dime, miserable criatura,
que acabas de salir de la basura,
¿Puedes negar que aún no hace cuatro días
que gustosa solías
como humilde reptil andar conmigo,
y yo te hacía honor en ser tu amigo?
¿No es también evidente
que eres por línea recta descendiente
de las orugas, pobres hilanderos,
que, mirándose en cueros,
de sus tripas hilaban y tejían
un fardo, en que el invierno se metían,
como tú te has metido,
y aún no hace cuatro días que has salido?
Pues si éste fue tu origen y tu casa;
¿Por qué tu ventolera se propasa
a despreciar a un caracol honrado?»
El que tiene de vidrio su tejado,
esto logra de bueno
con tirar las pedradas al ajeno.

Incivilización

Los que hemos vivido las tardes de invierno de finales de los setenta, pudimos educarnos complementariamente con programas de televisión didácticos y entretenidos, pudiendo destacar a Barrio Sésamo; programa que en sus distintas ediciones estuvo dedicado al entretenimiento del público infantil. Todavía en el recuerdo me queda lo de “... por el día siempre siempre buenos días, por la tarde siempre siempre buenas tardes y por la noche siempre siempre buenas noches. Las buenas costumbres y entre ellas la del saludo ha sido y será símbolo de buena educación y fraternidad; de hecho, todas las culturas y civilizaciones han adoptado este medio de comunicación, para demostrar acercamiento y cortesía, o simplemente se ha utilizado por el mero hecho de hacer notar nuestra presencia.

En mi época escolar había una asignatura que se denominaba Educación Cívico y Social (con ciertas connotaciones, algo parecido a Educación para la Ciudadanía) y básicamente, el contenido nos ilustraba la forma de comportarse en ciertos momentos de lo cotidiano, dando un valor fundamental a las normas más elementales del buen comportamiento y la educación. Normas tan básicas de comportamiento, como: el saludo, el respeto a la edad, hablar de usted a las personas mayores, ceder el paso en la acera a un anciano, etc., han caído en desuso por ser poco “progre”. Ahora vale todo, y todo el mundo es igual sin ningún tipo de contraste, cortésmente hablando.

La diferencia entre entrar a una cuadra o la de entrar a un lugar habitado por personas racionales, es muy simple de discernir. En una cuadra aunque digas buenos días, difícilmente los animales que la habitan te pueden contestar de forma verbal. Por el contrario, cuando se entra en un lugar concurrido por personas en su mayoría educadas y respetuosas, es fácil que si saludas, éstas te correspondan de igual forma. Es de lamentar, que a veces entramos en un lugar donde hay personas que a primera vista parecen racionales, pero al saludar nos damos cuenta que nadie responde y a duras penas, alguno que otro lo que dice, se parece más a un rebuzno que a un saludo.

El estrés es un buen argumento utilizado por los maleducados. Expresiones como la de ¡Llevo un día!, ¡Qué poco me queda!, ¡Vaya mierda!, hacen que las personas que las dicen, parezca que trabajan más que nadie o que lo que hacen sea más importante que lo que hacen los demás, cuando la realidad es que en el día de trabajo no le han dado un palo al agua. Pillan tal galbana, que hasta saludar le cuesta trabajo. Podría señalar (pero por respeto a los profesionales honrados no lo voy hacer) un lugar donde fabrican especímenes de esta guisa, acomodados a un sillón y en algunos casos realizando labores que en nada se parecen a las competencias por las que se les paga. Y créanme, el dinero que reciben por su ineficacia estos dioses de pacotilla, sale de las costillas de los contribuyentes.

Dicen por ahí, que la sociedad se está urbanizando, queriendo expresar la frialdad con la que actuamos, y hasta en eso somos idiotas, utilizando palabras que por el mero hecho de que suenan bien, las empleamos en cualquier contexto aunque tengan otro significado. Nuestra sociedad, parece que sea una sociedad de gente amargada, desganada, frustrada, acomplejada, envidiosa, hasta tal punto que las costumbres más elementales como el saludo, las estamos dejando a un lado. Posiblemente nuestros pecados se estén cobrando a base de penitencias, y es que vivir de forma ficticia nos hace pagar un alto precio.

Paisajes de amor

Paisajes

Desde hace unos días, en un privilegiado lugar de mi humilde sala de estar, cuelga una pintura en la que se puede contemplar un hermoso panorama invernal que podría describir cualquier lugar de nuestro fastuoso y mal cuidado planeta Tierra. Más allá del puro paisaje que pueda contemplar cualquier visitante que se digne a mirarlo, y por encima de cualquier exclamación de estas que surgen por el compromiso de quedar bien, puedo jurar que tras esos óleos bien dirigidos, está todo el amor, todo el cariño que unos hermanos se puedan dedicar.

Así es. Lejos de todo compromiso, lejos de todo interés que no sea el de mantener los lazos que con tanto cariño engendraron Juan y Juana, lejos de toda infamia, está ese limpio afecto que siento por mi hermana y que de igual forma, el suyo se esparce sobre mí. En esta vida tan llena de sinsabores, tan vacía de ternura, tan cargada de odios y rencores alimentados por el simple interés económico, que tantas y tantas familias han destruido, lo único que provoca sosiego es el amor. Pocas veces la vida te brinda la oportunidad de demostrarle a un hermano lo mucho que lo quieres. No todo el mundo tiene la suerte de tener un hermano. Gracias hermana. Te quiero hermana.

El gran difamador

Hay veces en las que hablar con ciertas personas me produce urticaria, arritmias y hasta dolor de estómago. Sin duda, la sensación se debe a la desconfianza que genera en mí, ese tipo de sujetos que, aunque sea objetivo de sus parabienes, el puñal se lo veo desde lejos y sé que lo utiliza contra mí y por la espalda. En el momento que la conversación fluye, me pregunto cómo semejante esperpento me puede contar sus milongas mirándome a los ojos sin ningún tipo de remordimiento, siendo consciente de que en otros lares no ha dejado títere con cabeza, en lo que a mi reputación se refiere. La verdad, es que tengo que esforzarme para ser correcto y no gritarle en ese momento haciendo caso a mi subconsciente “menudo hijo de puta” me callaré y en mis momentos de soledad y reflexión, haré lo que dice mi Maestro.

La mala fama, que tiene su alimento propio en esta sociedad tan convulsa, tan falta de valores, es la mejor parcela donde el Gran Difamador tiene sus apoyos para proclamar a los cuatro vientos sus mentiras y sus farsas, que a buen seguro serán escuchadas y difundidas por la chusma que nos acompaña por estos caminos de Satanás. Detrás de cada arbitrariedad, siempre hay un mal consejero, que con toda la intención ha alimentado la frustración, y apoyándose en la debilidad mental de cada una de sus víctimas, construye toda una trama que de alguna forma le beneficia. Después es fácil aparecer como el amigo incondicional y tener la caradura de mostrarse como el primer sorprendido. Otras veces se puede apoyar la injusticia, omitiendo conocimientos o actuando de una forma neutral. Tanto mentiroso me pone enfermo. Tanto juez me produce rabia e impotencia. Tanto pasota me asquea. Tanto bufón, lo que menos genera en mí, es risa. Tanto cómico absurdo me incita al desprecio. Lo que no entenderé nunca es, que siendo conscientes del talante del sujeto, todavía haya gente que le dé gorrazos. ¡Algo tendrá el agua cuando la bendicen!

Otro personaje que puede acompañar al Gran Difamador es el correveidile. Importante baranda en la que se apoyan los opresores; éste no se esfuerza en absoluto en disimular sus intenciones; vive de eso; y es tan pueril que a veces causa lástima, pues su calidad de persona está a la altura de la zapatilla de un torero (claro que de los de abajo en el escalafón).

En base a lo expuesto, queda patente que adivinar dónde está el amigo o el enemigo, en quién o quienes puedes confiar o no, puede ser una labor un tanto ardua. La generosidad en el calificativo de amistad, dado que fonéticamente suena de maravilla, se emplea con bastante asiduidad, pero en la mayoría de los casos de una forma trivial y arbitraria. El amigo circunstancial, lo tienes a tu disposición o él a ti, en cuanto no haya por medio más que intereses baladíes, que generen sólo y exclusivamente compromisos momentáneos y no muy difíciles de digerir.

En ningún caso, mis pretensiones son las de hacer una oda a la amistad, ya que considero que este tema está un tanto manido y sería fácil caer en hipocresías absurdas, máxime cuando lo que quiero denunciar es la cantidad de morralla que se esconde detrás de ese escudo tan socorrido (amigo o compañero) y que es empleado como arma arrojadiza acompañado de odios y envidias.

Falsos bienechores

Dice La Real Academia Española, que altruismo es la diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio. Dicho así, la verdad es que suena bien, pero rodeado de mucho escepticismo, la labor altruista crea en mí un mar de dudas, lleno de olas de hipocresía y cuando menos de utopía. La definición que hace nuestra Academia es bastante clara y contundente “bien ajeno aun a costa del propio”.

En la historia aparecieron grandes personas que sin ninguna vacilación, dedicaron su vida a los demás, o lucharon por ideales de carácter social capaces de fomentar igualdad, prosperidad y cultura, intentando erradicar del mundo toda clase de vejaciones e infelicidades; siempre desde una posición vehemente y como no podía ser de otra forma, altruista. La Madre Teresa, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela, Lech Walesa, Médicos sin Fronteras, Cáritas y un largo etcétera de personas e instituciones, son claros ejemplos del desinterés personal y de la dedicación a los demás.

Mi escepticismo surge cuando observo en mi entorno y al amparo de algunas instituciones, como aparecen ciertos personajillos disfrazados de corderos, apoyados sobre cimientos de mentira, disimulando con traje de tela altruista, buscando sólo y exclusivamente el interés personal, echando la institución a la que pertenecen por delante para excusarse de algunas de sus actuaciones más hipócritas, y además vendiendo humo y no precisamente el que se origina al quemar el incienso. El lucro no hace falta que sea económico; simplemente rellenar el ego para salir en la foto lo mejor posible, habilita todo descrédito, por muy bien que vendamos el artículo. Otras veces hemos asistido perplejos a noticias que nos dejaron sin habla, cuando nos hemos enterado que los responsables de algunas instituciones humanitarias que creíamos sin ánimo de lucro, han aprovechado la coyuntura para enriquecerse vilmente.

Algo falla cuando alguien en primera instancia hace un balance positivo de situaciones y luego una y otra vez nos restriega éxitos, siempre con la actitud petulante de que él y sólo él ha tenido mucho que ver en la consecución de los mismos, y además se muestra siempre con una magnanimidad propia del mayor de los hijos de mala madre. Seguramente sus actos, aunque así lo pueda parecer, no van enfocados al bien común. ¡Cuántos conozco de éstos!

El remedio para tantos males, está en nosotros mismos. Encogerse de hombros o echar la vista a otro lado, propicia que los lobos sigan descastando el rebaño comiéndose las mejores piezas. Las instituciones que tanto adoran estos mequetrefes, pueden caer en grave riesgo si no se actúa con celeridad. El mero hecho de pagar una cuota o depositar un voto en una urna cada cuatro años, nos lava la conciencia, y nos sirve de excusa para dormir tranquilos. La receta la tengo, la posología tendremos que aplicarla nosotros. Estoy seguro de que si por alguna razón mama se quedara sin teta, los farsantes saldrían despavoridos, como las hormigas cuando les entra agua en el hormiguero. Pero cuando el castigo es menor que el beneficio, bienvenidos sean los palos.

El único consuelo que nos acompaña, es que aunque los malditos hacen mucho ruido, los piadosos siguen trabajando con buenos fines y sobre todo creyendo en lo que hacen. Creo que no hace falta emular a nadie, ni siquiera poner en peligro nuestras vidas por alguna causa justa (eso hay que dejárselo a los héroes) pero aportar un granito de arena, sí podría ser beneficioso y un buen principio.

Símios... humanos

Hace pocos días salía a la palestra informativa, una noticia que hablaba de la petición por parte del grupo socialista, PSOE, de la adhesión al proyecto internacional “Gran Simio” que trata de evitar toda clase de vejaciones a los simios, argumentando la similitud entre éstos y los seres humanos. De no tomar medidas certeras, los grandes simios están abocados a la desaparición del planeta en menos de 30 años.

Nos podía dar escalofríos pensar que algunos de estos simios comparten con el ser humano, casi un 99% de similitud genética. Hay quién asegura, que el nivel cultural que tienen, es comparable al de un niño de 2 ó 3 años. Otros científicos afirman que, hoy día es posible que un humano pueda recibir sangre de un chimpancé.

Algunas críticas argumentan que el gobierno se podría dedicar a cosas más importantes y de vanguardia (opinión más que respetable) pero lo cierto es que la noticia está ahí. Criticarla despectivamente o cogerla con agrado, no cambia la verdad del asunto. Nuestros parientes más cercanos, evolutivamente hablando, además de sufrir el maltrato infligido sin ningún tipo de razón por el ser humano, están al borde de la extinción. Podría ser fácil adivinar, dónde radica ese casi 1% de diferencia genética entre un humano y un chimpancé, que es el simio que más se nos parece. ¿Quizás en el físico? ¿En la forma de andar? ¿En la forma de relacionarse con sus semejantes? ¿En la inteligencia? Siendo un poco atrevido, ¿En el amor? Más atrevido aún, ¿Un simio podría amar?.

Posiblemente este artículo se podría tildar de demagogo e incluso de topicazo; tal vez... Lo que ocurre, es que dada la forma de actuar de algunos humanos, me parece que en la diferencia genética que nos separa del simio, se encuentra toda la maldad, la crueldad, la fiereza, la brutalidad y la saña de la que el hombre hace gala. ¿Podría ser así?. Para que la duda surja, sería necesario mencionar el poder de destrucción que posee el ser humano y la cantidad de riqueza que utiliza para ello, obviando otras necesidades más perentorias que avanzan hacia la propia destrucción del hombre y de su medio. ¿Serían los simios capaces de negar una vacuna contra EL SIDA a sus semejantes, porque no es rentable comercializarla en según qué lugares? ¿Irían los simios a buscar agua a Marte, cuando en La Tierra hay zonas que llevan años y años sufriendo devastadoras sequías?

Quedándonos más cerca, en las acciones cotidianas vemos claros ejemplos de quién debería de llevar el distintivo de animal, si es que utilizamos este término de forma despectiva. ¿Dónde está la cortesía, la educación, la indulgencia, la tolerancia y la caballerosidad? ¿No son éstos claros valores que distinguen al ser humano del resto de los seres de la creación? En alguna ocasión, he tenido la oportunidad de ver los gorilas en el Zoo de Barcelona, y os juraría que me resultó difícil poder mirarles a los ojos.

Balance, éxito y fracaso

Reflexionar de una forma profunda y sacar conclusiones de un análisis sincero, con toda seguridad nos ayudará a mejorar resultados en cualquier ámbito o tarea de la vida. Toda institución que se precie y toda persona responsable, deben de analizar periódicamente las consecuencias de la labor o actos desarrollados. Obviar los malos resultados sólo se consigue con tesón, con tenacidad, con constancia y con firmeza.

El hacer por hacer, en muchos casos puede ocasionar resultados inesperados y muchas veces negativos. Desconocer la parcela en la que nos movemos, o simplemente ser un incompetente y una marioneta, puede ser un buen caldo de cultivo para que en el aniden los resultados adversos, casi siempre propiciados por los malditos consejeros.

Ejercer de líder es un don y no todo el mundo vale. No es más líder el que más domina, sino el que más escucha. Reconocer nuestras limitaciones no es tarea fácil, aunque sí es símbolo de humildad, además de ayudarnos a crecer como personas. Huir de los halagos es un éxito, ya que con toda seguridad, en este mundo de mentiras y envidias, los aduladores tienen cuernos, rabo y no ofrecen nada si no es por algo a cambio; algunas veces el más cercano es el peor de los vampiros.

La soberbia acompañada del odio, es la peor de las oscuridades para nuestra mente y para nuestro corazón. Aparecer en público tiene el riesgo de que te analicen con disparidad de criterios. Jactarse ante la plebe de buena persona, de buen cristiano, de responsable y de amable (para el que no te haya oído hablar) puede hacer que pases como el bienhechor que todo el mundo adora; ante el que te conoce y ha convivido contigo, yacerás como el más hipócrita y farsante del mundo. La tribuna nunca da prestancia y más cuando desde lejos se te ve el rabo. Difundir la buena nueva cuando no se cree en ella, te convierte en el mayor de los comediantes. El ansia porque te reconozcan en según qué círculos, no resolverá los problemas de tu empresa y nunca te permitirá hacer balance de tu trayectoria.

Estar preparado para el éxito no es nada fácil. El éxito envilece, encumbra, por momentos puedes llegar a creerte el mismo Dios. La derrota te dignifica, te honra, te pone en tu sitio. La derrota puede convertirse en el mayor de los éxitos, en la mayor de las enseñanzas. Te abrirá los ojos y te ayudará a ser más precavido, te enseñará dónde están tus verdaderos amigos y la gente que realmente te quiere. El derrotado nunca pagará tributos indignos.

El éxito, si está precedido de mentiras y de sospechosos favores, hará que hipoteques tu vida para pagar tus deudas; habrás vendido tu dignidad y tu persona. Tendrás muchos amigos, pero en los momentos cruciales e importantes te encontrarás solo.

La vida no da muchas oportunidades. A veces, el tren que debemos tomar sólo pasa una vez por nuestra puerta. Cuando realmente hagamos balance de nuestra existencia, nuestros éxitos y miserias aflorarán, pero no habrá segunda oportunidad. Vivir en la falsedad disimulando nuestras desdichas porque no tenemos agallas ni sinceridad para con nosotros mismos, minará nuestra felicidad. El éxito está en ser feliz. La derrota reside en no reconocer nuestros complejos, nuestras vanidades y mentiras. Se es feliz cuando se ama, cuando se comparte, cuando se escucha.

De poder a poder

Hace unos días hemos podido ver al Papa Benedicto XVI paseando por los jardines vaticanos junto al primer mandatario estadounidense, George W. Bush, debido a una visita que el inquilino de la Casa Blanca devolvió al Sumo Pontífice, tras el paso de éste por tierras americanas. Con gesto sonriente, los dos mandatarios han dejado constancia documental del buen estado en el que se encuentran las relaciones, entre la Santa Sede y EE.UU.

Supongo, que en la misión evangelizadora de nuestro Papa, está la obligación de mantener buenas relaciones con todos y cada uno de los países del globo, máxime si en ellos hay personas que profesan la religión católica. Aunque lo lógico sea mantener estas relaciones (ya que el cristiano debe de ser tolerante) no entiendo el papel que en muchas ocasiones interpretan los dirigentes de la Iglesia Católica. Y ahora que lo de pasear bajo palio al caimán y darle la comunión a Pinochet lo tenia olvidado, lo que me faltaba por ver es a un defensor a ultranza de la pena de muerte, pasear junto al Obispo de Roma por los jardines del Vaticano, que por si no lo saben, siendo Bush gobernador del estado de Texas, obtuvo el récord de ejecuciones en la historia de los EE.UU. ¿Crudo verdad?

Pero lo fuerte es, que para justificar el acontecimiento nos quieren contar la milonga, de una posible conversión al catolicismo del amiguete. ¿Tan poco valor tiene ser católico? ¿Tan necesario era exhibirse con semejante personaje? Espero que los detractores de nuestra querida Iglesia (cada vez más numerosos) no empleen lo de, dime con quién andas y te diré quién eres. Y es que ni acaso hecho.

En nuestro caminar por la vida, no es difícil encontrarse diversidad de tentaciones y malos pensamientos, sobre todo cuando alguna vez que otra escuchamos al charlatán de una famosa cadena de radio, lanzar improperios a diestro y siniestro, creyéndose en posesión de la verdad plena y absoluta; todo con el beneplácito de los del bonete morado. ¿Y eso lo financiamos con la famosa crucecita? Alguien se debería preocupar de analizar qué es lo que falta y qué es lo que sobra. Las instituciones al amparo de la Iglesia (que a veces intentan disputar el poder a la misma) desde la humildad y la sencillez del pueblo llano, se ven rodeadas de falsedad y desbordadas por la opulencia, lo que hace que corrientes anticristianas y anticatólicas aprovechen la coyuntura para confundir. Y aunque sea rayar en la soberbia, ¿no sería mejor difundir las buenas obras, que las hay y muchas?

El mantenimiento de asilos de ancianos, colegios, hospitales, las misiones, la captación de medios económicos para emplearlos en ayudas al tercer mundo, la labor de los sacerdotes en nuestro entorno más cercano como las parroquias, y tantas personas que altruistamente se dedican a la asistencia del prójimo ¿no son dignos de ser mencionados, para callarle la boca a tanto mentecato? ¡Pues nada! Nos, tirando piedras contra el tejado propio y luego después parándose en pelos. Y es que los caminos del Señor son inexpugnables.

¡Bueno! Haciendo un acto de contrición, diré que quién esté libre de pecado, arroje la primera piedra; no obstante con sumo cuidado, no sea que nos aporreemos nosotros mismos. Y sobre todo a la hora de escoger a las compañías, templanza.

El pájaro mirlo

En una extensa dehesa, junto a la orilla de un caudaloso arroyo, creaba sombra una majestuosa encina que al abrigo de ésta, una numerosa piara hacía lo propio para satisfacer su gran apetito comiendo las bellotas de la misma.

Cerca del fornido árbol, merodeaba un mirlo cuya misión era la de proporcionar al grupo de cerditos, el fruto de la encina, moviendo alguna que otra rama. A veces, aprovechando lo concurrido del lugar, el pájaro tomaba posesión de una rama del árbol y hacía de ella tribuna parlamentaria, para esbozar unos magníficos discursos llenos de promesas, virtudes y otros regalos auditivos, llamando estos la atención de la gorrina manada. En cuanto el ave habría el pico, los marranos quedaban sorprendidos y embelesados por la elocuencia del ponente, al que inmediatamente apoyaban con soberbios vítores y aplausos. El pájaro, engordado por el ego, eternizaba los discursos como así lo hiciera Fidel Castro en sus mejores tiempos. Mientras tanto, los cerdos no recibían alimento alguno, lo que causaba cierto malestar entre los mismos.

Una marrana (zorra vieja) cansada de tanta pedantería y adorno del que hacía gala el pájaro de cuentas, alzó la voz, y con una postura un tanto desafiante, se atrevió a interrumpir al orador y le dijo: ¡Cuánta sabiduría tienen tus palabras y que verdad la que ellas encierran! Pero de vez en cuando mueve las ramas de la encina, que caigan bellotas...

Desgraciadamente, por nuestra sociedad campan a sus anchas multitud de “pájaros” que se dedican a confundir al ciudadano con discursos muy adornados, pero vacíos de contenido. Discursos basados en la mentira, en el insulto, en la provocación o en la crispación. Gentuza (diría yo) que difunden malos presagios, para amedrentar al prójimo intentando meternos en la cárcel del miedo.

El éxito del “mirlo” no está en su ponencia, sino en la gente que lo escucha, dando además la razón al mismo, apoyándolo con vítores, aplausos y moviendo alguna banderita que otra. Otros “pájaros” aprovechan la coyuntura, para seguir viviendo del cuento y doblar la bisagra lo menos posible. Y otros comen de las sobras y además están gordos. Las épocas un tanto confusas, son propicias para que salgan a la palestra multitud de engañabobos, que con discursos que suenan bien, intentan acaparar poder y todos los beneficios que éste trae; pero de menear las ramas de la encina, nada de nada. Lamentablemente, en la mayoría de los casos, el éxito lo obtienen personajes que avanzan por nuestra sociedad apoyándose en la mentira, o por lo menos en medias verdades y en cantidad de gente de baja alcurnia, que sin razones de peso cambian de pensar como si de veletas se tratase. Ir de frente con sinceridad y hablado a la cara, incomoda a mucha gente, y por tanto echarse el enemigo, no es nada difícil.

A veces pienso, que dar palmaditas en la espalda acompañadas de parabienes, es lo mejor, o por lo menos no te complica la vida; mano izquierda que la llaman, aunque yo lo llamaría de otra forma.

Cuestión de estilo

Se suele decir por ahí “peón de todo maestro de nada” y me refiero a las personas que pican en todos los palos, no dejan hacer, se las dan de entendidas, pero además suelen criticar a diestro y siniestro a todo el mundo.

La vanidad es el peor pecado de la humanidad (no es mía la frase, lo he escuchado por ahí) No hay más que enaltecer a alguien, para que a éste se le suba el ego hasta el infinito, por muy tonto que sea. Esta reflexión se puede aplicar a cualquier ámbito o faceta de la vida, pero cómo es algo que me hierve por dentro, no tengo más remedio que expresarlo, le duela a quien le duela y a mí más.

Seguramente alguien podría pensar que es la rabia o no sé qué calificativo, es el que me mueve a exponer esta crítica, que a todas luces va a ser constructiva, y creo que de necios sería pensar que se le desea el mal, a algo que llevas tan adentro. El injusto poder del dinero no tiene nada que ver con la elegancia ni con la prestancia. La chabacanería y la chapuza no están justificadas, máxime cuando se tienen medios para evitarlas. ¿Y a qué me vengo a referir?

Aunque comparaciones son odiosas, a la vista está que cuando se trata de ataviar a la Imagen Titular de una Cofradía para los cultos internos que marcan los estatutos, o bien para la procesión tradicional de Semana Santa, se emplean todos y cuantos medios son necesarios para que durante el tiempo que dura el acto, Ésta, sea contemplada por los fieles devotos lo más bella posible. ¿Pero qué pasa después, cuando nuestras Imágenes vuelven a sus capillas?

En la mayoría de los casos, las cofradías (sus encargados) siguen empleando el buen gusto y el buen hacer, para que sus Imágenes Sagradas sigan engalanadas lo más dignas posible, lógicamente evitando exponer el ajuar de más valor, pues está la vida como está. Otras (sus encargados) deberían mirar al alrededor, tomar nota, pedir consejos si es que no saben, y actuar en consecuencia.

Vestir a una Virgen es un arte; es un don a muy pocos entregado. El buen gusto está al alcance de cualquier ser humano. Hacer el ridículo de la forma que se está haciendo no tiene ningún sentido. ¿Y por qué digo esto? Porque es difícil recogerse en la oración delante de tus Titulares y a la vez estar escuchando comentarios un tanto peyorativos, acerca del mal gusto con el que se han vestido las Imágenes, y además no tener argumentos para rebatirlos. A alguien le debería dar vergüenza y ejercer de una vez por todas...

Responsabilidad, responsabilidad!

Quedarse en la Consolada


Jesús (21)No hay que convencer a nadie de que una de las tradiciones más arraigadas en nuestra ciudad (a lo que a la Semana Santa se refiere) es la salida cada Viernes Santo de la venerada Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Postrados frente a La Consolada, somos muchos los devotos que en la madruga esperamos con gran impaciencia ese momento mágico, en el que los sones estremecedores de un patético Miserere nos eleven hacia lo más alto. En un alarde de espiritualidad, entre el escalofrío y la lágrima que emerge de nuestro corazón, renovamos promesas, surgen oraciones y brotan sentimientos. Este momento tan entrañable para mucho de nosotros, lamentablemente dura apenas diez minutos. Intensos, pero al fin y al cabo diez minutos.

Apartamos la vista de La Consolada y de la Imagen de Nuestro Señor, y volvemos a la realidad. En muchos casos a una realidad cruel. Nos encontramos de frente con la persona a la que no le dirigimos la palabra, por no sé qué cosa pasó hace algún tiempo. Bajamos la mirada porque somos incapaces de dar una limosna al necesitado, esgrimiendo la excusa que primero nos viene a la mente. Somos incapaces de escuchar a ése, porque su estatus social es inferior al nuestro. No sabemos perdonar; estamos corrompidos por el orgullo, la envidia y la vanidad. Nuestro juicio es implacable, nuestra sentencia inapelable.

Mientras tanto, el Cordero de Dios (reo de muerte) inicia su camino hacia el calvario. Tiene claro cuál es su misión. Pronto entregará su vida para resarcir al humano de sus pecados. En Él no cabe otra cosa que la misericordia. ¡Dios mío, perdónalos porque no saben lo que hacen! Será insultado, vilipendiado, escupido, apedreado, ultrajado. Caerá tres veces, pero como animal de matadero se volverá a levantar para llegar a su destino. Contemplará a su madre, a la que no podrá consolar. Llegará al monte calvario, y allí será despojado de sus vestiduras; lo clavarán en injusto madero entre ladrones, y se burlarán de Él. Al final de un suplicio cruel, entregará su aliento. Después la oscuridad del sepulcro.

Nosotros, plácidamente seguiremos en La Consolada fieles a la cita como cada año, incapaces de comprender el porqué de este holocausto. Nuestra deuda la pagaremos entonando el MEA CULPA, de la manera más hipócrita. Ciegos, eternizaremos nuestro camino hacia el sepulcro, buscando entre los muertos al que vive. Crearemos dioses paganos para continuar adorándolos. Y cada día la senda de nuestra vida se distanciará más del camino de Cristo.

¿Quién es el asesino?

No es cuestión de descubrir ahora que el hombre en su versión más irracional, es capaz de las mayores atrocidades que se puedan cometer en contra de su propia especie. La historia nos ha demostrado que en cuestión de exterminio, ni siquiera la madre naturaleza en las catástrofes más sanguinarias, ha llegado a las cotas de destrucción conseguidas por “el rey de la creación”.

Quedándonos en el siglo pasado, en la II Guerra Mundial hubo más de 60 millones de muertos. Solo en Hiroshima con el efecto de una sola bomba, fueron 120.000 las bajas y los heridos más de 300.000. Lejos de remediar tanta destrucción, la fabricación y el comercio de armas es uno de los negocios más prolíferos y rentables que existen, generando hoy en día un movimiento económico de más de 1 billón de dólares. Las guerras son un buen negocio donde invertir. Los responsables nuestros gobernantes.

El genocidio nazi contra el pueblo Judío, evidentemente no tiene ningún tipo de justificación. El éxodo forzoso de 700.000 palestinos hace ahora 60 años, por la creación del nuevo estado de Israel ¿Qué justificación tiene? El exterminio de las tribus que habitaban el norte América ¿No fue un genocidio? ¿Qué tendríamos que decir del tráfico de esclavos? ¿Qué pasó con los indígenas de las colonias españolas en Las Indias? A Hitler, Mussolini, Franco, Pinochet, Bocassa, Lenin, Stalin, Ceausescu, Saddam Husein, etc. los podríamos calificar poco menos que de asesinos. Los crímenes que se le podrían atribuir serían miles. ¿Cómo calificaríamos a Harry S. Truman o George Bush e incluso a Tony Blear?

La “sinrazón” siempre ha estado al lado de los poderosos. Nos han sabido vender bien la moto y hemos disculpado y justificado (o por lo menos hemos hecho la vista gorda) la muerte de tantos y tantos inocentes, que como nosotros luchaban por vivir un poco mejor. Pero no hay que quedarse ahí. Cerca de mí y de ti, hay conciudadanos que se están forrando a costa de la explotación más irracional; que no respetan en absoluto la vida. Vampiros disfrazados de buenas personas, que se esconden y engordan detrás de la opulencia. Morralla que intentan beberse hasta la última gota de tu sangre.

El anónimo

Tiene cierta lógica la de que en otros tiempos el anonimato se utilizara como excusa, cuando el declarar ciertas opiniones podía comprometer en gran medida y de una forma negativa al ponente. El seudónimo, también ha sido una escapatoria para personas que han querido difundir sus ideas, en sociedades muy marcadas por algunos caracteres poco propicios.

La tolerancia es fundamental para que una sociedad plural como la nuestra, se desarrolle en armonía. El ciudadano debe tener paciencia para escuchar y mostrar respeto para ser escuchado. Además, fomentar el diálogo, la participación, la igualdad, la formación, etc. debe de ser una obligación para que la sociedad en la que vivimos crezca en la razón. Por consiguiente, creo que esconderse hoy detrás de un anónimo no tiene mucho sentido.

En el presente, existen organizaciones que amedrentan y extorsionan a la sociedad en beneficio propio. Utilizan la omisión del nombre para sus objetivos más irracionales. Aprovechan (como alimañas) la oscuridad del anónimo para intentar ofender, para insultar. No tienen la suficiente gallardía para mostrarse. La mentira, la difamación, el insulto, suelen ser una buena parcela donde ciertos personajillos merodean para hacerse de valor. Crecer en el éxito desprestigiando a los demás es muy sencillo, siempre que tengas quién te escuche.

De todas formas seguiré pensando y hasta que se demuestre lo contrario, que no estoy equivocado en mis reflexiones. Tampoco me agobian ciertas situaciones. Donde hubo oscuridad ahora a luz. Donde hubo tristeza ahora hay alegría. Donde hubo soledad ahora hay cercanía. Donde hubo intranquilidad ahora hay paz. No me arrepiento de lo vivido, pero no cambiaría por nada del mundo, ni un segundo de mi presente.

Los marranos

Un grupo de amigos, tenía por costumbre dedicar las primeras y frescas horas de la mañana, a dar un paseo. El mismo, y dado que el pueblo en el que vivían era más bien pequeño, éste se solía hacer por el campo. Durante el paseo, los componentes del grupo suscitaban un tema de carácter cotidiano y variopinto, en el cual cada uno esbozaba sus opiniones según criterios e ideas propias, haciendo del mencionado paseo un evento dinámico y agradable.

Un día, el debate propuesto fue la política. Dado el carácter apasionado que solemos tener los andaluces, la tertulia tomó tintes un tanto intensos, y el hablar con tono elevado de los amigos, hacía que la conversación profundizara en la distancia.

A un porquero que merodeaba por los aledaños del camino tomado por los tertulianos, la conversación que tan vigorosamente llevaban los amigos, no le pasó desapercibida. Cuando la cuadrilla de andantes hubo llegado a la altura de la piara, el guarda de la manada se hizo presente, y con un gesto un tanto altivo se dirigió a los paseantes en estos términos.

-Buenos días señores. No he podido evitar escuchar la conversación que con tanta energía vienen desarrollando a lo largo del camino. Perdonen ustedes si me entrometo, pero creo que acierto si les digo que no saben de política mucho más que mis cerdos.

Los amigos, un tanto extrañados y molestos por la actitud del joven porquero, no tardaron mucho en dar réplica al muchacho y pedirle explicaciones de lo expuesto verbalmente por éste. El porquero, a pesar de su juventud, aparentaba madurez y sapiencia. Inmediatamente supo calmar los ánimos y dio la siguiente explicación:

-Señores, nunca ha estado en mi ánimo el ofenderles, pero viendo el cariz que estaba tomando el debate que tenían, he querido interrumpirlo para demostrarles que la política no es más que un conjunto de intereses e ideas, que el que las desarrolla las utiliza para acaparar poder y beneficios económicos. Lógicamente, el político que no puede hincarle el diente al pastel, fomenta la crispación, el descontento, el desanimo, etc. En definitiva hacer ruido hasta que las tornas cambien.

-Para que ustedes comprendan mi tesis, les voy a poner un ejemplo, en el que mis cerdos serán los protagonistas.

El joven porquero, aprovechando la cercanía de un pequeño corral, dividió la manada en dos. A la mitad de la manada la agasajó con bastantes bellotas, dejando a la otra mitad, poco menos que sin nada que llevarse al hocico. Los marranos que plácidamente pastaban con las bellotas proporcionadas por el porquero, prácticamente ni se les oía. Su misión era comer y que los componentes del otro grupo comieran o no, les daba lo mismo.

Amigos, los marranos que disfrutaban de hambre, no había forma de callarlos. El griterío era ensordecedor. Lamentablemente la imagen y la actitud que nos demuestran nuestros representantes políticos en ocasiones, se parece a la de los marranos de la historia. Otro gallo nos cantaría si en vez de pensar en derribar al contrario, nuestros regidores se dedicaran a resolver los problemas de la sociedad, que para eso se les paga.

Fiesta de Ntra. Sra. de la Fe

En el día de hoy, los católicos hemos celebrado la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los cielos. Además, los hermanos de la Cofradía de la Humildad de Úbeda, dedicábamos a Nuestra Titular Mariana una misa en su honor en la iglesia parroquial de San Pablo.

Convendría referir que la lista de hermanos de esta Cofradía, está compuesta por un número aproximado de 700 individuos de distinto sexo, de los cuales una treintena son costaleros y otros tantos, en este caso tantas, lucen vistosos y clásicos trajes de mantilla española en la procesión, por lo que tienen una relación muy directa con la Imagen de la Madre de Dios.

Las personas que pertenecen a una Cofradía religiosa de pasión y participan en una procesión de Semana Santa, entiendo que así como el valor, la fe se le debe suponer. Siendo así, no tiene mucha lógica que la asistencia a la misa que esta mañana ha dedicado la Cofradía de la Humildad a Nuestra Señora de la Fe, a lo que a número de cofrades se refiere, no ha llegado ni al 0,5 % de los componentes de la misma. ¿Triste verdad? ¿Dónde está el amor manifiesto de muchos cofrades a su Virgen Titular? ¿Sabemos realmente qué hacemos? ¿Dónde estamos?...

Analizando éste y otros hechos fruto de la desidia con la que se mueve hoy nuestra sociedad, tendríamos que preguntarnos el porqué de algunas actitudes. Como dicen por ahí por esos foros de Dios, somos dignos de estudio.

El lado humano de un Dios

Después de aproximadamente dos mil años, casi todo el mundo, todas las culturas, dan por hecho que en la ciudad de Belén nació Jesús de Nazareth. Para bien o para mal, este personaje bíblico cambió la historia de la humanidad e incluso hoy por hoy, sus enseñanzas y su vida pública siguen siendo objeto de debate.

Este extraño personaje, vivió entre los años 6 a C. y 36 de nuestra era; fechas en las que sólo hay conjeturas, pues no se ha podido determinar con exactitud la misma. En lo que sí coinciden varios historiadores y estudiosos, es que su muerte se produjo en la cruz, y el momento de la misma tuvo que ser un viernes del mes de abril, coincidiendo con la pascua judía.

Según la tradición cristiana, Jesús de Nazareth nació en el seno de una familia humilde, aunque por sus venas corría sangre de reyes, procedente de la dinastía del rey David. La Biblia hace un extraño paréntesis entre lo que fue el nacimiento de Jesús y el comienzo de la vida pública del mismo. Pocas pinceladas existen en los Evangelios, referentes a la infancia del niño Dios, dejando un vacío que puede dar paso a la especulación y a extrañas historias, unas veces apoyadas en los evangelios apócrifos y otras veces sólo son fabulaciones sin ningún tipo de fundamento fácil de desmontar, ya que carecen de toda lógica.

Si de forma objetiva analizamos el hecho de que Jesús de Nazareth existió, nos encontramos con una persona histórica unida a una causa tremendamente revolucionaria y progresista, que rompía con todos los cánones de una religión como la Judía, que en aquellos tiempos era la norma básica para la convivencia del pueblo de hebreo. La historia que nos ha llegado hasta nuestros días, está basada casi en su totalidad en la misión salvífica encomendada por Dios. El pueblo llano de Israel, esperaba con verdadera impaciencia, un Mesías que le liberara de la opresión, en ese momento histórico ejercida por Roma. Sin embargo, el apostolado de Jesús tuvo como principal misión, difundir y hacernos partícipes del amor de Dios, basado en la misericordia, el perdón y la humildad.

Se mezcló con las clases sociales más desfavorecidas, pero también compartió mesa con los publicanos. Creó controversia entre la gente, discutiendo normas de la ley de Moisés. Por todo ello, Jesús no fue aceptado por la jerarquía israelita como Mesías en ningún momento, e incluso el Sanedrín fue el principal instigador para que fuese reo de muerte.

Los seguidores de Jesús no tenemos dudas de que Él es el Cristo. Conocemos en gran medida su misión. Profundizar en ella nos fortalece y nos ayuda a caminar en el día a día. Creemos con certeza que Él es el Hijo de Dios vivo y por tanto un ser Divino; pero ¿Qué sabemos de su lado humano?.

En los Evangelios encontramos pasajes que nos aproximan a la parte humana de Jesús. El más claro de ellos, es el que relata el momento en que Cristo se encuentra orando en Getsemaní a las puertas de su pasión, y siente verdadero pánico ante la visión de lo que le acontecería en breve. Otro relato nos acerca a la soledad que siente en los instantes previos a su expiración. Si Jesús en los momentos de angustia y miedo se sintió humano, podríamos pensar que también fue humano en otros aspectos de su vida. Realmente ¿Cuándo tuvo conciencia de su divinidad? ¿De qué forma sintió la llamada del Padre? ¿Le costó renunciar a lo humano?