El hábito de la mentira

La vida es toda una sorpresa. El cazador ha puesto una trampa y ha caído la pieza que menos se esperaba. Siempre he otorgado el beneficio de la duda hasta que se me ha demostrado lo contrario. Ahora que ha llegado la segunda primavera y hay más perspectiva en el tiempo, me atrevería a cerrar mi tesis y sin lugar a dudas podría describir perfectamente lo que ha sido una obra de manipulación, mentira, traición, hipocresía, vanidad…

La mentira, además de esconderse detrás de la mascara e ir delante del séquito, tiene las piernas muy cortas; podéis comprobarlo vosotros mismos. Se ha multiplicado y ahora se adorna de siete cabezas, como si de un dragón se tratara. Podría describirlas por sus nombres para intentar que no cayera sobre vosotros el odio con el que se alimenta. Como hipócritas, en cuanto no cruzan la mirada, se fustigan, se vituperan, pero no saben estar la una sin la otra; su falsedad es su propio alimento. Ha escogido el arma que menos le va: la humildad. Se apoya en la virtud que menos demuestra: la fe. No tiene ningún tipo de remordimiento al arrojar contra la persona que él crea su enemigo, llamaradas de odio. Como Lucifer, sabe crear tentaciones para aumentar poco a poco su ejército.

Cuando te acerques al templo y él esté dentro bañado de sangre y amargura, mandará a sus ángeles para negarte la entrada. El pusilánime no reparará en el hecho, pues la luz de la vela cegará sus ojos. Otro de sus ángeles portará cetro y desplegará sus alas negras, para pasear por la antigua Roma con gesto plácido. Mirar al dragón me produce lástima. Creo en la justicia y de ella tengo sed.

Mientras el dragón esté sentado en su trono, pocas veces me verás merodear por sus aledaños. La cabeza de la víbora será aplastada por talón justiciero. Pronto sabrán que su veneno salpica a todo el que le rodea. Dar consejos desde el escaparate, usurpa el fin para el que fue creado. Mira dentro de tu cueva y remedia tus males. El ángel negro habla de ti con desprecio. Dejad cerrada la caja de los vientos.

Mirar al presente me causa alegría, al futuro incertidumbre, al pasado tristeza. Pedir perdón, me trae la paz. Perdonar, no tengo de qué. Amar, me produce gozo. Odiar, no sé qué es. Los buenos recuerdos los he guardado en mi corazón, los malos no son recuerdos.

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