El anónimo

Tiene cierta lógica la de que en otros tiempos el anonimato se utilizara como excusa, cuando el declarar ciertas opiniones podía comprometer en gran medida y de una forma negativa al ponente. El seudónimo, también ha sido una escapatoria para personas que han querido difundir sus ideas, en sociedades muy marcadas por algunos caracteres poco propicios.

La tolerancia es fundamental para que una sociedad plural como la nuestra, se desarrolle en armonía. El ciudadano debe tener paciencia para escuchar y mostrar respeto para ser escuchado. Además, fomentar el diálogo, la participación, la igualdad, la formación, etc. debe de ser una obligación para que la sociedad en la que vivimos crezca en la razón. Por consiguiente, creo que esconderse hoy detrás de un anónimo no tiene mucho sentido.

En el presente, existen organizaciones que amedrentan y extorsionan a la sociedad en beneficio propio. Utilizan la omisión del nombre para sus objetivos más irracionales. Aprovechan (como alimañas) la oscuridad del anónimo para intentar ofender, para insultar. No tienen la suficiente gallardía para mostrarse. La mentira, la difamación, el insulto, suelen ser una buena parcela donde ciertos personajillos merodean para hacerse de valor. Crecer en el éxito desprestigiando a los demás es muy sencillo, siempre que tengas quién te escuche.

De todas formas seguiré pensando y hasta que se demuestre lo contrario, que no estoy equivocado en mis reflexiones. Tampoco me agobian ciertas situaciones. Donde hubo oscuridad ahora a luz. Donde hubo tristeza ahora hay alegría. Donde hubo soledad ahora hay cercanía. Donde hubo intranquilidad ahora hay paz. No me arrepiento de lo vivido, pero no cambiaría por nada del mundo, ni un segundo de mi presente.

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