De poder a poder

Hace unos días hemos podido ver al Papa Benedicto XVI paseando por los jardines vaticanos junto al primer mandatario estadounidense, George W. Bush, debido a una visita que el inquilino de la Casa Blanca devolvió al Sumo Pontífice, tras el paso de éste por tierras americanas. Con gesto sonriente, los dos mandatarios han dejado constancia documental del buen estado en el que se encuentran las relaciones, entre la Santa Sede y EE.UU.

Supongo, que en la misión evangelizadora de nuestro Papa, está la obligación de mantener buenas relaciones con todos y cada uno de los países del globo, máxime si en ellos hay personas que profesan la religión católica. Aunque lo lógico sea mantener estas relaciones (ya que el cristiano debe de ser tolerante) no entiendo el papel que en muchas ocasiones interpretan los dirigentes de la Iglesia Católica. Y ahora que lo de pasear bajo palio al caimán y darle la comunión a Pinochet lo tenia olvidado, lo que me faltaba por ver es a un defensor a ultranza de la pena de muerte, pasear junto al Obispo de Roma por los jardines del Vaticano, que por si no lo saben, siendo Bush gobernador del estado de Texas, obtuvo el récord de ejecuciones en la historia de los EE.UU. ¿Crudo verdad?

Pero lo fuerte es, que para justificar el acontecimiento nos quieren contar la milonga, de una posible conversión al catolicismo del amiguete. ¿Tan poco valor tiene ser católico? ¿Tan necesario era exhibirse con semejante personaje? Espero que los detractores de nuestra querida Iglesia (cada vez más numerosos) no empleen lo de, dime con quién andas y te diré quién eres. Y es que ni acaso hecho.

En nuestro caminar por la vida, no es difícil encontrarse diversidad de tentaciones y malos pensamientos, sobre todo cuando alguna vez que otra escuchamos al charlatán de una famosa cadena de radio, lanzar improperios a diestro y siniestro, creyéndose en posesión de la verdad plena y absoluta; todo con el beneplácito de los del bonete morado. ¿Y eso lo financiamos con la famosa crucecita? Alguien se debería preocupar de analizar qué es lo que falta y qué es lo que sobra. Las instituciones al amparo de la Iglesia (que a veces intentan disputar el poder a la misma) desde la humildad y la sencillez del pueblo llano, se ven rodeadas de falsedad y desbordadas por la opulencia, lo que hace que corrientes anticristianas y anticatólicas aprovechen la coyuntura para confundir. Y aunque sea rayar en la soberbia, ¿no sería mejor difundir las buenas obras, que las hay y muchas?

El mantenimiento de asilos de ancianos, colegios, hospitales, las misiones, la captación de medios económicos para emplearlos en ayudas al tercer mundo, la labor de los sacerdotes en nuestro entorno más cercano como las parroquias, y tantas personas que altruistamente se dedican a la asistencia del prójimo ¿no son dignos de ser mencionados, para callarle la boca a tanto mentecato? ¡Pues nada! Nos, tirando piedras contra el tejado propio y luego después parándose en pelos. Y es que los caminos del Señor son inexpugnables.

¡Bueno! Haciendo un acto de contrición, diré que quién esté libre de pecado, arroje la primera piedra; no obstante con sumo cuidado, no sea que nos aporreemos nosotros mismos. Y sobre todo a la hora de escoger a las compañías, templanza.

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