El pájaro mirlo

En una extensa dehesa, junto a la orilla de un caudaloso arroyo, creaba sombra una majestuosa encina que al abrigo de ésta, una numerosa piara hacía lo propio para satisfacer su gran apetito comiendo las bellotas de la misma.

Cerca del fornido árbol, merodeaba un mirlo cuya misión era la de proporcionar al grupo de cerditos, el fruto de la encina, moviendo alguna que otra rama. A veces, aprovechando lo concurrido del lugar, el pájaro tomaba posesión de una rama del árbol y hacía de ella tribuna parlamentaria, para esbozar unos magníficos discursos llenos de promesas, virtudes y otros regalos auditivos, llamando estos la atención de la gorrina manada. En cuanto el ave habría el pico, los marranos quedaban sorprendidos y embelesados por la elocuencia del ponente, al que inmediatamente apoyaban con soberbios vítores y aplausos. El pájaro, engordado por el ego, eternizaba los discursos como así lo hiciera Fidel Castro en sus mejores tiempos. Mientras tanto, los cerdos no recibían alimento alguno, lo que causaba cierto malestar entre los mismos.

Una marrana (zorra vieja) cansada de tanta pedantería y adorno del que hacía gala el pájaro de cuentas, alzó la voz, y con una postura un tanto desafiante, se atrevió a interrumpir al orador y le dijo: ¡Cuánta sabiduría tienen tus palabras y que verdad la que ellas encierran! Pero de vez en cuando mueve las ramas de la encina, que caigan bellotas...

Desgraciadamente, por nuestra sociedad campan a sus anchas multitud de “pájaros” que se dedican a confundir al ciudadano con discursos muy adornados, pero vacíos de contenido. Discursos basados en la mentira, en el insulto, en la provocación o en la crispación. Gentuza (diría yo) que difunden malos presagios, para amedrentar al prójimo intentando meternos en la cárcel del miedo.

El éxito del “mirlo” no está en su ponencia, sino en la gente que lo escucha, dando además la razón al mismo, apoyándolo con vítores, aplausos y moviendo alguna banderita que otra. Otros “pájaros” aprovechan la coyuntura, para seguir viviendo del cuento y doblar la bisagra lo menos posible. Y otros comen de las sobras y además están gordos. Las épocas un tanto confusas, son propicias para que salgan a la palestra multitud de engañabobos, que con discursos que suenan bien, intentan acaparar poder y todos los beneficios que éste trae; pero de menear las ramas de la encina, nada de nada. Lamentablemente, en la mayoría de los casos, el éxito lo obtienen personajes que avanzan por nuestra sociedad apoyándose en la mentira, o por lo menos en medias verdades y en cantidad de gente de baja alcurnia, que sin razones de peso cambian de pensar como si de veletas se tratase. Ir de frente con sinceridad y hablado a la cara, incomoda a mucha gente, y por tanto echarse el enemigo, no es nada difícil.

A veces pienso, que dar palmaditas en la espalda acompañadas de parabienes, es lo mejor, o por lo menos no te complica la vida; mano izquierda que la llaman, aunque yo lo llamaría de otra forma.

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