Balance, éxito y fracaso

Reflexionar de una forma profunda y sacar conclusiones de un análisis sincero, con toda seguridad nos ayudará a mejorar resultados en cualquier ámbito o tarea de la vida. Toda institución que se precie y toda persona responsable, deben de analizar periódicamente las consecuencias de la labor o actos desarrollados. Obviar los malos resultados sólo se consigue con tesón, con tenacidad, con constancia y con firmeza.

El hacer por hacer, en muchos casos puede ocasionar resultados inesperados y muchas veces negativos. Desconocer la parcela en la que nos movemos, o simplemente ser un incompetente y una marioneta, puede ser un buen caldo de cultivo para que en el aniden los resultados adversos, casi siempre propiciados por los malditos consejeros.

Ejercer de líder es un don y no todo el mundo vale. No es más líder el que más domina, sino el que más escucha. Reconocer nuestras limitaciones no es tarea fácil, aunque sí es símbolo de humildad, además de ayudarnos a crecer como personas. Huir de los halagos es un éxito, ya que con toda seguridad, en este mundo de mentiras y envidias, los aduladores tienen cuernos, rabo y no ofrecen nada si no es por algo a cambio; algunas veces el más cercano es el peor de los vampiros.

La soberbia acompañada del odio, es la peor de las oscuridades para nuestra mente y para nuestro corazón. Aparecer en público tiene el riesgo de que te analicen con disparidad de criterios. Jactarse ante la plebe de buena persona, de buen cristiano, de responsable y de amable (para el que no te haya oído hablar) puede hacer que pases como el bienhechor que todo el mundo adora; ante el que te conoce y ha convivido contigo, yacerás como el más hipócrita y farsante del mundo. La tribuna nunca da prestancia y más cuando desde lejos se te ve el rabo. Difundir la buena nueva cuando no se cree en ella, te convierte en el mayor de los comediantes. El ansia porque te reconozcan en según qué círculos, no resolverá los problemas de tu empresa y nunca te permitirá hacer balance de tu trayectoria.

Estar preparado para el éxito no es nada fácil. El éxito envilece, encumbra, por momentos puedes llegar a creerte el mismo Dios. La derrota te dignifica, te honra, te pone en tu sitio. La derrota puede convertirse en el mayor de los éxitos, en la mayor de las enseñanzas. Te abrirá los ojos y te ayudará a ser más precavido, te enseñará dónde están tus verdaderos amigos y la gente que realmente te quiere. El derrotado nunca pagará tributos indignos.

El éxito, si está precedido de mentiras y de sospechosos favores, hará que hipoteques tu vida para pagar tus deudas; habrás vendido tu dignidad y tu persona. Tendrás muchos amigos, pero en los momentos cruciales e importantes te encontrarás solo.

La vida no da muchas oportunidades. A veces, el tren que debemos tomar sólo pasa una vez por nuestra puerta. Cuando realmente hagamos balance de nuestra existencia, nuestros éxitos y miserias aflorarán, pero no habrá segunda oportunidad. Vivir en la falsedad disimulando nuestras desdichas porque no tenemos agallas ni sinceridad para con nosotros mismos, minará nuestra felicidad. El éxito está en ser feliz. La derrota reside en no reconocer nuestros complejos, nuestras vanidades y mentiras. Se es feliz cuando se ama, cuando se comparte, cuando se escucha.

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