Falsos bienechores

Dice La Real Academia Española, que altruismo es la diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio. Dicho así, la verdad es que suena bien, pero rodeado de mucho escepticismo, la labor altruista crea en mí un mar de dudas, lleno de olas de hipocresía y cuando menos de utopía. La definición que hace nuestra Academia es bastante clara y contundente “bien ajeno aun a costa del propio”.

En la historia aparecieron grandes personas que sin ninguna vacilación, dedicaron su vida a los demás, o lucharon por ideales de carácter social capaces de fomentar igualdad, prosperidad y cultura, intentando erradicar del mundo toda clase de vejaciones e infelicidades; siempre desde una posición vehemente y como no podía ser de otra forma, altruista. La Madre Teresa, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela, Lech Walesa, Médicos sin Fronteras, Cáritas y un largo etcétera de personas e instituciones, son claros ejemplos del desinterés personal y de la dedicación a los demás.

Mi escepticismo surge cuando observo en mi entorno y al amparo de algunas instituciones, como aparecen ciertos personajillos disfrazados de corderos, apoyados sobre cimientos de mentira, disimulando con traje de tela altruista, buscando sólo y exclusivamente el interés personal, echando la institución a la que pertenecen por delante para excusarse de algunas de sus actuaciones más hipócritas, y además vendiendo humo y no precisamente el que se origina al quemar el incienso. El lucro no hace falta que sea económico; simplemente rellenar el ego para salir en la foto lo mejor posible, habilita todo descrédito, por muy bien que vendamos el artículo. Otras veces hemos asistido perplejos a noticias que nos dejaron sin habla, cuando nos hemos enterado que los responsables de algunas instituciones humanitarias que creíamos sin ánimo de lucro, han aprovechado la coyuntura para enriquecerse vilmente.

Algo falla cuando alguien en primera instancia hace un balance positivo de situaciones y luego una y otra vez nos restriega éxitos, siempre con la actitud petulante de que él y sólo él ha tenido mucho que ver en la consecución de los mismos, y además se muestra siempre con una magnanimidad propia del mayor de los hijos de mala madre. Seguramente sus actos, aunque así lo pueda parecer, no van enfocados al bien común. ¡Cuántos conozco de éstos!

El remedio para tantos males, está en nosotros mismos. Encogerse de hombros o echar la vista a otro lado, propicia que los lobos sigan descastando el rebaño comiéndose las mejores piezas. Las instituciones que tanto adoran estos mequetrefes, pueden caer en grave riesgo si no se actúa con celeridad. El mero hecho de pagar una cuota o depositar un voto en una urna cada cuatro años, nos lava la conciencia, y nos sirve de excusa para dormir tranquilos. La receta la tengo, la posología tendremos que aplicarla nosotros. Estoy seguro de que si por alguna razón mama se quedara sin teta, los farsantes saldrían despavoridos, como las hormigas cuando les entra agua en el hormiguero. Pero cuando el castigo es menor que el beneficio, bienvenidos sean los palos.

El único consuelo que nos acompaña, es que aunque los malditos hacen mucho ruido, los piadosos siguen trabajando con buenos fines y sobre todo creyendo en lo que hacen. Creo que no hace falta emular a nadie, ni siquiera poner en peligro nuestras vidas por alguna causa justa (eso hay que dejárselo a los héroes) pero aportar un granito de arena, sí podría ser beneficioso y un buen principio.

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