Símios... humanos

Hace pocos días salía a la palestra informativa, una noticia que hablaba de la petición por parte del grupo socialista, PSOE, de la adhesión al proyecto internacional “Gran Simio” que trata de evitar toda clase de vejaciones a los simios, argumentando la similitud entre éstos y los seres humanos. De no tomar medidas certeras, los grandes simios están abocados a la desaparición del planeta en menos de 30 años.

Nos podía dar escalofríos pensar que algunos de estos simios comparten con el ser humano, casi un 99% de similitud genética. Hay quién asegura, que el nivel cultural que tienen, es comparable al de un niño de 2 ó 3 años. Otros científicos afirman que, hoy día es posible que un humano pueda recibir sangre de un chimpancé.

Algunas críticas argumentan que el gobierno se podría dedicar a cosas más importantes y de vanguardia (opinión más que respetable) pero lo cierto es que la noticia está ahí. Criticarla despectivamente o cogerla con agrado, no cambia la verdad del asunto. Nuestros parientes más cercanos, evolutivamente hablando, además de sufrir el maltrato infligido sin ningún tipo de razón por el ser humano, están al borde de la extinción. Podría ser fácil adivinar, dónde radica ese casi 1% de diferencia genética entre un humano y un chimpancé, que es el simio que más se nos parece. ¿Quizás en el físico? ¿En la forma de andar? ¿En la forma de relacionarse con sus semejantes? ¿En la inteligencia? Siendo un poco atrevido, ¿En el amor? Más atrevido aún, ¿Un simio podría amar?.

Posiblemente este artículo se podría tildar de demagogo e incluso de topicazo; tal vez... Lo que ocurre, es que dada la forma de actuar de algunos humanos, me parece que en la diferencia genética que nos separa del simio, se encuentra toda la maldad, la crueldad, la fiereza, la brutalidad y la saña de la que el hombre hace gala. ¿Podría ser así?. Para que la duda surja, sería necesario mencionar el poder de destrucción que posee el ser humano y la cantidad de riqueza que utiliza para ello, obviando otras necesidades más perentorias que avanzan hacia la propia destrucción del hombre y de su medio. ¿Serían los simios capaces de negar una vacuna contra EL SIDA a sus semejantes, porque no es rentable comercializarla en según qué lugares? ¿Irían los simios a buscar agua a Marte, cuando en La Tierra hay zonas que llevan años y años sufriendo devastadoras sequías?

Quedándonos más cerca, en las acciones cotidianas vemos claros ejemplos de quién debería de llevar el distintivo de animal, si es que utilizamos este término de forma despectiva. ¿Dónde está la cortesía, la educación, la indulgencia, la tolerancia y la caballerosidad? ¿No son éstos claros valores que distinguen al ser humano del resto de los seres de la creación? En alguna ocasión, he tenido la oportunidad de ver los gorilas en el Zoo de Barcelona, y os juraría que me resultó difícil poder mirarles a los ojos.

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