Incivilización

Los que hemos vivido las tardes de invierno de finales de los setenta, pudimos educarnos complementariamente con programas de televisión didácticos y entretenidos, pudiendo destacar a Barrio Sésamo; programa que en sus distintas ediciones estuvo dedicado al entretenimiento del público infantil. Todavía en el recuerdo me queda lo de “... por el día siempre siempre buenos días, por la tarde siempre siempre buenas tardes y por la noche siempre siempre buenas noches. Las buenas costumbres y entre ellas la del saludo ha sido y será símbolo de buena educación y fraternidad; de hecho, todas las culturas y civilizaciones han adoptado este medio de comunicación, para demostrar acercamiento y cortesía, o simplemente se ha utilizado por el mero hecho de hacer notar nuestra presencia.

En mi época escolar había una asignatura que se denominaba Educación Cívico y Social (con ciertas connotaciones, algo parecido a Educación para la Ciudadanía) y básicamente, el contenido nos ilustraba la forma de comportarse en ciertos momentos de lo cotidiano, dando un valor fundamental a las normas más elementales del buen comportamiento y la educación. Normas tan básicas de comportamiento, como: el saludo, el respeto a la edad, hablar de usted a las personas mayores, ceder el paso en la acera a un anciano, etc., han caído en desuso por ser poco “progre”. Ahora vale todo, y todo el mundo es igual sin ningún tipo de contraste, cortésmente hablando.

La diferencia entre entrar a una cuadra o la de entrar a un lugar habitado por personas racionales, es muy simple de discernir. En una cuadra aunque digas buenos días, difícilmente los animales que la habitan te pueden contestar de forma verbal. Por el contrario, cuando se entra en un lugar concurrido por personas en su mayoría educadas y respetuosas, es fácil que si saludas, éstas te correspondan de igual forma. Es de lamentar, que a veces entramos en un lugar donde hay personas que a primera vista parecen racionales, pero al saludar nos damos cuenta que nadie responde y a duras penas, alguno que otro lo que dice, se parece más a un rebuzno que a un saludo.

El estrés es un buen argumento utilizado por los maleducados. Expresiones como la de ¡Llevo un día!, ¡Qué poco me queda!, ¡Vaya mierda!, hacen que las personas que las dicen, parezca que trabajan más que nadie o que lo que hacen sea más importante que lo que hacen los demás, cuando la realidad es que en el día de trabajo no le han dado un palo al agua. Pillan tal galbana, que hasta saludar le cuesta trabajo. Podría señalar (pero por respeto a los profesionales honrados no lo voy hacer) un lugar donde fabrican especímenes de esta guisa, acomodados a un sillón y en algunos casos realizando labores que en nada se parecen a las competencias por las que se les paga. Y créanme, el dinero que reciben por su ineficacia estos dioses de pacotilla, sale de las costillas de los contribuyentes.

Dicen por ahí, que la sociedad se está urbanizando, queriendo expresar la frialdad con la que actuamos, y hasta en eso somos idiotas, utilizando palabras que por el mero hecho de que suenan bien, las empleamos en cualquier contexto aunque tengan otro significado. Nuestra sociedad, parece que sea una sociedad de gente amargada, desganada, frustrada, acomplejada, envidiosa, hasta tal punto que las costumbres más elementales como el saludo, las estamos dejando a un lado. Posiblemente nuestros pecados se estén cobrando a base de penitencias, y es que vivir de forma ficticia nos hace pagar un alto precio.

3 comentarios:

El Hermano Montgolfier dijo...

Disculpeme si el comentario no va al hilo de su entrada, pero no he podido resistirme al ver que ha usado usted una de mis fotos de la plaza del Carmen. Una sorpresa y un halago, al menos debe haberle gustado para colocarla ahí.

Un saludo

Antonio Barrionuevo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Antonio Barrionuevo dijo...

Estimado hermano:
En esa plaza he pasado los mejores años de mí vida y el simple hecho de tener su foto en mí cuaderno -que dicho sea de paso, sí que me gusta- me reconforta y me traslada a los tiempos de mí infancia. Quizás mí gratitud llegue tarde, pero nuca lo es sí la dicha es buena.
Gracias y un abrazo