La herida está cerrada

Cuando llega la muerte y es tan difícil asumirla, la impotencia se apodera de nuestra vida. Resarcir la injusta muerte con otra muerte, parece más venganza que justicia. El tiempo hizo adormecer el sufrimiento de la injusticia que provocó la muerte, con el quebranto de dos familias.

Víctima y asesino, se marcharon de este mundo y ahí acabó la historia. Lo que sigue después, se queda en la intimidad. Los testigos callaron su angustia y hay que respetar su silencio.

Sigue descansando en paz y disfruta de la presencia de Jesús Resucitado.

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