Recuerdos

Es extraño que compañeros de corporación, los cuales se habían arrastrado ante un humilde labrador para que éste le diera el voto para satisfacer su ansia de poder, una vez conseguido el mismo y quizá movidos por intereses poco claros, actuaran en su contra, utilizando como arma lo que más puede querer un padre. Pero desgraciadamente así ocurrió. Hasta dónde puede llegar el odio y la traición, sólo lo sabe el que la ha sufrido en su persona. Sólo puede creer en la justicia el que la ha disfrutado, impartida por personas sin ningún tipo de interés aparte de hacer prevalecer la verdad.

Una fría mañana de febrero del año 1.978, interrumpida la jornada escolar para tomar el almuerzo, un niño de sólo trece años, se disponía a regresar a casa cuando fue abordado por un profesor en el patio de columnas de un céntrico colegio, antaño regentado por los trinitarios. La idea que llevaba el maestro, no era otra que la de hacer comparecer al niño, en el despacho de la directora, con la intención de que aquel rubio chaval de ojos verdes claros, se declarara culpable y firmara no sé qué papel para que su padre no fuera a la cárcel. La “cristiana” directora, persona de comunión diaria, obstinada en que el niño se declarara culpable de la autoría al parecer de un anónimo injurioso (cosa que no consiguió) hizo todo lo posible para salirse con la suya, llegando incluso a ejercer la coacción de una forma brutal ante un indefenso y asustado chaval de trece años.

Con la intención de impartir injusticia y sin la posibilidad de defensa alguna, el claustro de profesores alentado por la jerarquía de aquel colegio, se reunió de inmediato con un único fin; expulsar del centro al niño acusado de escribir ese anónimo, no sin antes haber derramado mala fama por doquier. La expulsión fue un hecho y además la saña demostrada por parte del colectivo magistral fue tan soberbia como injusta.

El marco era el siguiente: Un anónimo injurioso dirigido a una profesora de EGB y firmado a la vez por un compañero del mismo colegio. Un niño de trece años acusado de la injuria y retirado de la enseñanza para siempre sin la posibilidad de haber ejercido defensa alguna.

Hay un proverbio que dice que el que busca halla, y eso fue lo que le ocurrió al padre del condenado niño. La suerte le hizo encontrar en Úbeda a D. Marín Carbajo Carbajosa, profesor de EGB, que ejercía en SAFA y que además prestaba servicios de perito calígrafo en los juzgados de instrucción y municipales, como colaborador de jueces, abogados y procuradores con una antigüedad en el ejercicio de tal auxilio de más de dos lustros. El padre del niño, solicitó a D. Marín Carbajo que revisara el anónimo y lo comparara con otros escritos realizados por su hijo, cosa que hizo pudiendo demostrar que el anónimo injurioso no salió del puño del infante, lo cual certificó instando además al padre para que acometiera acciones legales en contra de los profesores que acusaron y expulsaron tan injustamente a su hijo. No hubo demanda, pues lo que buscaba el padre fue limpiar la honra y que a su hijo lo readmitieran en el colegio. El chaval completó sus estudios de EGB en SAFA de Úbeda y su nombre quedó limpio de esa acusación.

Aunque el tiempo ha pasado, todavía no comprendo el porqué de aquella trama y el motivo de aquella venganza. Posiblemente la envidia tuvo que ver mucho en el asunto, pero envidia de qué. El niño aquel, es Antonio Barrionuevo y muchos de los que intervinieron en aquellos hechos, ya han muerto. Nunca me pidieron perdón, pero no hizo falta. La dicha fue poder ver a mi padre con el orgullo de haber demostrado al mundo que su hijo era inocente.

Hubo dos personas en las que mi padre encontró un apoyo fundamental: D. Manuel Fernández Peña q.e.p.d y D. Marín Carbajo Carbajosa con el que alguna vez he hablado y le he referido que todavía conservo su informe, demostrándole gratitud.

Para mí, hubo una persona imprescindible que creyó siempre en mi inocencia; mi padre que en gloria esté.

7 comentarios:

Francisco Sierra dijo...

Inusticias y más injusticias y en lo más hondo del corazón.Ayer, hoy y siempre...y todo enmascarado por el egoísmo y los intereses, despreciando a la persona y a la humanidad.Así nos va Antonio.Saludos.

Antonio Barrionuevo dijo...

Así es amigo. Pero siempre hay que tener esperanza y buscar la verdad. Las mentiras aunque hacen daño, tienen las piernas muy cortas.

Saludos.

Medina dijo...

La lengua muy larga y las piernas muy cortas, es verdad. Inquietante y difícil de creer. Estas historias, típicas leyendas de antaño, propias de los muchos libros que ahora salen, me quita la razón de nuevo: estas cosas también pueden ocurrir a tu alrededor... y quién sabe, quién mejor que tú, a uno mismo.

He estado un poco vacío, Antonio, pero no me ha pasado nada.

Un abrazo y gracias por compartir tu historia.

tomasi dijo...

Qué razón tienes cuando calificas a la directora de ese colegio estatal del que te expulsaron tan injustamente, de cristiana entre comillas. Seguro que lo de oír misa y comulgar todos los días lo haría porque no tenía la conciencia tranquila. Ella y su cuadrilla, unos nostálgicos del antiguo régimen, sin pruebas que demostrase tu culpabilidad, no tuvieron consideración por llamarle de alguna forma, con el chaval de sólo trece años, que entonces eras ni pensaron en el sufrimiento de unos padres. Tu padre le expresó lleno de tristeza a esta "SEÑORA" a la que Dios haya perdonado, que para saber lo que se siente por un hijo hay que tenerlo y ella para su desgracia nunca fue bendecida por Dios. Después de algunos años los nostálgicos del régimen Franquista, siguen actuando de forma parecida en colegios concertados que gozan de cierto prestigio. Lo sé por experiencia.

Quesada dijo...

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Saludos y gracias igualmente ;)

Antpnio Barrionuevo dijo...

El Maestro que verdaderamente ejerce su profesión con vocación, mezclando la paciencia, el respeto y la responsabilidad, es algo más que un Maestro. He tenido la suerte de encontrar verdaderos profesionales, tanto en mi etapa escolar de alumno, así como en la de padre donde he ocupado puestos de responsabilidad en la APA y en el Consejo Escolar.
Siento un verdadero respeto por los maestros que lo dan todo por sus alumnos, preocupándose por ellos a veces más que los propios padres.
Especimenes como los que me cruce en aquella etapa de mi vida, no tienen la categoría de maestros y ensucian enormemente el buen nombre de esta profesión tan digna.

Saludos y gracias por vuestros comentarios.

tomasi dijo...

Allá a mediados de la década de los años cincuenta, había un salmo que se cantaba en los colegios que decía así: ah, ah, ah, a mi me gusta rezar, porque el que reza se salva y el que no se perderá, ah, ah, ah, a mi me gusta rezar… Una inocente niña de sólo siete años que pertenecía a un colegio en la iglesia de San Pablo, en el cual se daban las clases, regentada por los frailes del convento de San Miguel, cometió la grave falta o pecado, al considerar por el castigo que se le impuso por cantar: ah, ah, ah, a mi me gusta mear… A esta niña, le sometieron a las siguientes humillaciones, por ejemplo fue castigada, encerrándola en una sala de la iglesia de San Pablo sola y no dejarla que fuera a hacer sus necesidades fisiológicas, las que se hizo encima, le obligaron confesar su “grave pecado” antes de tomar su primera comunión, porque no tenía el alma limpia según esa retrógrada profesora y alumnas, conocidas actualmente en Úbeda que pertenecen a la gente “guapa”. Entre las humillaciones que tuvo que soportar esa inocente niña, una de ellas fue no dejarla que tomara su primera comunión con las demás niñas del colegio para al final ser expulsada de ese “antro de pureza”. Es que ellas seguro que no meaban y, si lo hacían no sería por donde se hace desde que Dios creó el mundo. Esa niña es tu hermana Paqui y a la vez hermana mía.