Arriesgarse es vivir

Si algo me ha enseñado la vida, es a tener paciencia. Los acontecimientos están previstos y no por mucho madrugar amanece más temprano. Saber esperar y aprender escuchando es una buena táctica, máxime cuando está por medio la consecución de un objetivo, sea de la índole que sea. La impaciencia que demuestran algunas personas en asuntos que atañen a lo ajeno, está derivada de la curiosidad que levanta en muchos cotillas, el saber de los demás. Tiempo al tiempo, para lo bueno y para lo malo; todo se verá y todo pasará.

Es extraño pero así sucede, que la manera de actuar de una persona cree disparidad de criterios. Digo que es extraño, porque no me refiero a ningún tipo de carácter personal, lo cual es lógico que pueda crear discrepancia a la hora de juzgar a alguien en su forma de ser, y por consiguiente que te pueda caer mal o bien; sino porque he comprobado en mis propias carnes, que una propuesta mía, haya sido juzgada con disparidad de criterios casi siempre coincidiendo en los mismos, personas del mismo “status social”.

Sin caer en el pecado de hacer distinción de clases (Dios me libre) amén de que tampoco creo demasiado en ellas, sí haría una distinción: hay gente con educación y vergüenza que se dice por ahí, y otros que no tienen principios de ningún tipo. Lejos de lo que muchos quieran pensar, y sin tener que ver en absoluto la posición económica con la educación, confundimos a menudo la humildad y la sencillez, con la pobreza o la riqueza, y ninguna de ellas está reñida entre sí.

Con todo esto, me refiero a que por hablar más de la cuenta intentando defender alguna postura a mi entender de razón, practicando ante todo la sinceridad, he tenido mucho que perder frente a la persona que ha sabido mascar y tragar, para luego y sin contemplaciones, intentar complicarme la vida. Claro que dicen por ahí, que en boca cerrada no entran moscas y el que no habla nunca, poco se equivoca. También he tenido la suerte de que mis posturas han sido compartidas o por lo menos discutidas desde el respeto mutuo, por otras muchas personas, a mi juicio con más sentido común y con un talante distinto, demostrando que han bebido de otras fuentes.

Cuando por alguna causa tu manera de actuar, condicionada por la razón y pensando que lo hacías por el bien común te ha llevado al “fracaso” y nuevamente se te presentan ocasiones similares, es lógico que surjan dudas a la hora de escoger la práctica. La paciencia entonces y el diálogo, son elementos fundamentales que te ayudarán a discernir entre caminar con cautela o quedarse quieto. Siempre es arriesgado tomar decisiones aventuradas, pero a mi juicio, es bastante monótono vivir sin aventuras. Por supuesto que el riesgo encierra crítica; en otros casos dependiendo de la gente que te tenga en cuenta, puede suponer que te juzguen con otro tipo de criterios pero, cuando una persona es libre y actúa sin ningún tipo de complejos, teniendo como bandera la humildad y el servicio a los demás, no debe de tener miedo.

Podríamos preguntarnos qué hacer con los envidiosos que nos escoltan en nuestro camino y lloran nuestras venturas más que sus propias miserias. Podríamos no arriesgar para intentar eludir las críticas de nuestros enemigos, a veces hechas con saña. Podríamos hacer lo que los avestruces y sacrificar nuestra propia razón de ser ante la mirada risueña del que se siente inferior debido a sus propios complejos. Podríamos alargar la mano para darle palmadas de aliento en la espalda a nuestro mayor enemigo, sabiendo de su inminente traición. Podríamos vivir de rodillas ante tanto hijo de mala madre que intenta una y otra vez la humillación más cruel. Pero al amparo de nuestras propias creencias, también podemos revelarnos en contra de la opresión realizada con distintas artes y desde distintas atalayas. La paciencia debe de ser nuestro aliado y la libertad nuestro lema; el amor nuestra alegría y la humildad nuestro objetivo.

2 comentarios:

UBEDARENACE dijo...

Leer esta entrada que has publicado en el blog me obliga a tener que felicitarte. Me ha gustado mucho tu reflexión.

Antonio Barrionuevo dijo...

Muchas gracias Granero; por tus visitas y por tus comentarios.
Un abrazo