¡Qué bien te veo!

Quizás como rodando va la bola, no hemos echado cuentas de lo que podría suceder si por alguna razón el fantasma del paro pasara por nuestra puerta. Las barbas del vecino ya la estamos viendo afeitar y a lo mejor sería mucho decir que deberíamos poner las nuestras a remojar, pero la duda esta ahí. Posiblemente habrá pocos sectores que escapen a la crisis y otros estarán sufriendo algún tipo de anomalía. Supongo que comer no se podrá eludir y de hecho los caprichos están pasando a un segundo plano pero, a buena hora mangas verdes, aunque hay que tener en cuenta la cantidad de empleo que se ha generado como consecuencia de satisfacer los caprichos de los demás. ¿Qué pasará con las personas que viven del capricho ajeno?

Como es normal, ante esta más que chumasquina (pues tiene visos de convertirse en un gran incendio) los trabajadores están los primeros en la lista para sufrir las irremediables consecuencias derivadas de la especulación atroz que han organizado toda esta gentuza que ahora se está frotando las manos. Nos han vendido la posibilidad de parecer personas de postín y sin darnos cuenta nos han esclavizado en muchos casos hasta que nuestras frentes se arruguen que, seguramente lo harán antes de tiempo por la ausencia de grasa en nuestro cutis. Tirar de coche de gran marca, disfrutar de una gran mansión (en algunos casos con hipotecas en las que ha tenido que firmar hasta el canario) nos ha dado un status tremendo de cara a farolearnos delante de nuestros prójimos, aunque en algunos momentos hubiésemos dado la vida por un buen pedazo de pan y aceite.

La penitencia sin lugar a dudas va en el pecado, y la que estamos sufriendo en este momento va en el pecado de la ostentación. Nos hemos apartado de la humildad que de alguna forma nuestros predecesores nos inculcaron, y ahora nos hemos dado cuenta en la razón y sapiencia que encerraban su palabras cuando desde la óptica que da la experiencia, nos lanzaban la frase de “hijo mío, mira por un duro”. Ellos, nuestros antepasados, con bastantes menos caprichos que nosotros y con menos egoísmo, han sido felices dentro de la independencia que genera el estar libre de las sanguinarias cuotas que nos agobian tan a diario. Algunos hemos tenido que hipotecar nuestro tiempo libre realizando trabajos extras en fines de semana, para poder “disfrutar” de algún capricho que otro, cuando estamos durmiendo después de caer reventados a la cama con el estomago lleno de buscapina.

Así está la cosa señores. Una nación que por mucho que queramos disimular, está al borde del caos. Los políticos poniendo cara de póker y ladrándose unos a otros,pero comiendo. Los dirigentes de los sindicatos ídem. Los banqueros recogiendo beneficios y encima metiendo miedo en el cuerpo para que no pare el chorrillo de las ayudas. El IBI por las nubes y haber para qué. Y los de siempre apretándose el cinturón hasta la extenuación y además agradecidos de que por lo menos y a las malas, la prestación del desempleo pueda ir socorriendo algunos hogares.

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