Visiones metafóricas

El inexorablemente paso del tiempo nos aboca a vivir nuevas experiencias, las mismas que primavera tras primavera rotan en torno a nuestras vidas consagradas, a una forma de vivir ligada con fuerza a una tradición tan universal como ubetense, siempre con algo nuevo vivido y algo nuevo que contar. La tercera primavera llegará muy pronto, y así como en la segunda terminé de descubrir la traición y la mentira escondida detrás de su hábito, pase lo que pase, habré descubierto más allá de toda ofuscación, que valió la pena no haber traicionado jamás a mis principios, los mismos que marcan la autenticidad de la persona.

El dragón, rodeado de fantoches capaces de lanzar la mayor de las blasfemias delante del trono del Cordero, ha ocupado tribuna alentado por rumores más que fundados, para ver pasar el nuevo séquito en la infinita madrugada. Adorador del ruido del que se valen las hordas insaciables para saber de los demás, para criticar a diestro y siniestro para justificar lo injustificable, que no es otra que la de pretender tapar sus propias miserias alentado la murmuración sobre cabezas ajenas, rezará a Lucifer para que la oscuridad más tenebrosa, tape todo entusiasmo expresado por la razón más clara; la verdad.

Después de las innumerables noches de frío en el camino que no tiene retorno, en los que los sonidos del ronco latón acompañaron a la gélida brisa que año tras año empapaba las oscuras sombras del campo santo, en el que los antiguos romanos descansan en la paz del Señor, la falta de humildad del dragón, más preocupado de satisfacer su ego que de luchar por engrandecer el trabajo de sus antecesores, ha hecho que la gota colme el vaso de la injusticia. El incombustible magistrado, ciego por la soberbia que le rebosa, miró con desprecio al mensajero y como si no fuera con él, su egocentrismo le prohibió exclamación alguna. Se acabaron los vítores de insulsos impíos y pronto sus lenguas viperinas intentarán lacerar al bienhechor el cual no busca méritos; año tras año dejó su palacio para que los que escoltan al verdadero Dios, prepararan su contienda en tiempos de cuaresma. Sus críticas, estarán llenas de sinrazón y el que ha contemplado todo lo sucedido sabe que así es.

Sólo el Altísimo desde su sabiduría infinita, conoce los acontecimientos venideros. Él sabe de nuestros corazones y sabe de nuestras miserias. Sabe que en su nombre no se puede actuar a caballo del odio, y así como protege a los mansos, nuestro orgullo nos aparta de su misericordia. El dragón seguirá manejando el séquito de sangre y amargura, mientras los acólitos sean los que son y sigan demostrando su indolencia. El brillo del sitial ocultará momentáneamente el fracaso venidero. El pusilánime no es el dragón y el dragón se adorna de siete cabezas. Donde el tiempo no pasa para conmemorar acontecimientos, la historia la escribe la vorágine de la vida y la ofuscación, pasará de nuevo armada de afilada guadaña cortando sin piedad nuevas cabezas.

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