El lado humano de un Dios

Después de aproximadamente dos mil años, casi todo el mundo, todas las culturas, dan por hecho que en la ciudad de Belén nació Jesús de Nazareth. Para bien o para mal, este personaje bíblico cambió la historia de la humanidad e incluso hoy por hoy, sus enseñanzas y su vida pública siguen siendo objeto de debate.

Este extraño personaje, vivió entre los años 6 a C. y 36 de nuestra era; fechas en las que sólo hay conjeturas, pues no se ha podido determinar con exactitud la misma. En lo que sí coinciden varios historiadores y estudiosos, es que su muerte se produjo en la cruz, y el momento de la misma tuvo que ser un viernes del mes de abril, coincidiendo con la pascua judía.

Según la tradición cristiana, Jesús de Nazareth nació en el seno de una familia humilde, aunque por sus venas corría sangre de reyes, procedente de la dinastía del rey David. La Biblia hace un extraño paréntesis entre lo que fue el nacimiento de Jesús y el comienzo de la vida pública del mismo. Pocas pinceladas existen en los Evangelios, referentes a la infancia del niño Dios, dejando un vacío que puede dar paso a la especulación y a extrañas historias, unas veces apoyadas en los evangelios apócrifos y otras veces sólo son fabulaciones sin ningún tipo de fundamento fácil de desmontar, ya que carecen de toda lógica.

Si de forma objetiva analizamos el hecho de que Jesús de Nazareth existió, nos encontramos con una persona histórica unida a una causa tremendamente revolucionaria y progresista, que rompía con todos los cánones de una religión como la Judía, que en aquellos tiempos era la norma básica para la convivencia del pueblo de hebreo. La historia que nos ha llegado hasta nuestros días, está basada casi en su totalidad en la misión salvífica encomendada por Dios. El pueblo llano de Israel, esperaba con verdadera impaciencia, un Mesías que le liberara de la opresión, en ese momento histórico ejercida por Roma. Sin embargo, el apostolado de Jesús tuvo como principal misión, difundir y hacernos partícipes del amor de Dios, basado en la misericordia, el perdón y la humildad.

Se mezcló con las clases sociales más desfavorecidas, pero también compartió mesa con los publicanos. Creó controversia entre la gente, discutiendo normas de la ley de Moisés. Por todo ello, Jesús no fue aceptado por la jerarquía israelita como Mesías en ningún momento, e incluso el Sanedrín fue el principal instigador para que fuese reo de muerte.

Los seguidores de Jesús no tenemos dudas de que Él es el Cristo. Conocemos en gran medida su misión. Profundizar en ella nos fortalece y nos ayuda a caminar en el día a día. Creemos con certeza que Él es el Hijo de Dios vivo y por tanto un ser Divino; pero ¿Qué sabemos de su lado humano?.

En los Evangelios encontramos pasajes que nos aproximan a la parte humana de Jesús. El más claro de ellos, es el que relata el momento en que Cristo se encuentra orando en Getsemaní a las puertas de su pasión, y siente verdadero pánico ante la visión de lo que le acontecería en breve. Otro relato nos acerca a la soledad que siente en los instantes previos a su expiración. Si Jesús en los momentos de angustia y miedo se sintió humano, podríamos pensar que también fue humano en otros aspectos de su vida. Realmente ¿Cuándo tuvo conciencia de su divinidad? ¿De qué forma sintió la llamada del Padre? ¿Le costó renunciar a lo humano?

El mortero

Hace algún tiempo, a un grupo de cofrades se nos ocurrió adecentar la capilla de Nuestro Cristo, más concretamente el de la Humildad. Como el presupuesto no era muy boyante, tuvimos que recurrir a nuestros propios medios.

Siendo todos los que colaboramos buenos padres de familia y buenos trabajadores, la faena para tal asunto la teníamos que dejar para después de las oraciones, (cuando yo era chico y me salía a la calle a jugar, le preguntaba a mi madre, ¿cuándo vengo? a lo que mi madre respondía ¡a las oraciones! esto es no más tarde de las ocho y media o nueve de la noche). Hay que decir que el “proyecto” estuvo dirigido por uno de los mejores “arquitectos” de la ciudad, asistido en todo momento por una cuadrilla de lo mejor, en cuanto al manejo de ladrillo y hormigón se refiere, como no podía ser de otra forma.

Una noche, bien entrada la misma, dio la casualidad que en la calle Cervantes, justo al lado de la Puerta de los Carpinteros teníamos en plena construcción un mortero de hormigón, de esos que no se lo salta un galgo. En un momento, se nos acercó un transeúnte, que por la forma de hablar y andar, se nos figuró a todos que el índice de alcohol en sangre superaba un poco los límites establecidos; es decir que tenía una chispa bastante simpática. El aspecto del sujeto también era un tanto original, pues lucía una barba que ni Charlton Heston en la película de los Diez Mandamientos.

El motivo de la conversación entre el citado transeúnte y nuestro grupo de “albañiles”, no fue otro que el interés del extraño por la ubicación de cierto bar de copas que hacía sus servicios por allí cerca. Tras las indicaciones oportunas por parte del grupo, el transeúnte hizo el amago de marcharse. No anduvo dos o tres pasos, cuando se dio media vuelta y un tanto extrañado así decía:

-Perdonad; ustedes dirán que a mí que me importa, pero... ¿Qué cojones hacéis en la puerta de una iglesia, a las doce de la noche con ese pedazo de mortero?