Será por ilusión

No cabe duda que la expectación generada por la llegada a la Casa Blanca de un presidente de color, ha suscitado cuanto menos, sueños unidos a la esperanza de que algo está cambiando y para bien. Posiblemente si el resultado electoral en EE.UU. hubiese elevado a la presidencia del país norteamericano a la señora Hillary Clinton, igualmente ese sentimiento de cambio y de esperanza, de la misma forma hubiera contaminado de alegría muchos corazones; a lo mejor de una forma distinta, pero seguro que nadie habría quedado inmune ante el estímulo de pensar que una dona sería la inquilina de tan emblemático lugar. Y es que los humanos somos así; nos gusta el cambio y todo lo que conlleva, y cuando éste va unido a la percepción de esperanza de un mundo mejor, pues sobran las palabras.

Yo he tenido la suerte de ser testigo de cambios que se vivieron en este país; cambios que de igual forma generaron ilusiones (algunas veces contenidas por los malos precedentes) y que gracias a la lucha de muchas personas, han posibilitado que mis hijos nacieran en un país libre. Una vez, en España soñamos con la igualdad en su significado más amplio; soñamos con la justicia y con el respeto a los derechos humanos; soñamos con el fin del terrorismo; también votamos una Constitución que garantizaba la convivencia entre personas con distinta forma de pensar y que garantizaba a su vez los derechos más fundamentales que tiene el hombre; también teníamos menos años y menos tiros dados, y eso favorecía los sueños. Ya ha llovido desde entonces, y todavía grandes lacras campan por nuestra sociedad usando el parapeto de la ley que favorece el juicio justo y la presunción de inocencia. Lacras que se nutren de nuestro trabajo y esfuerzo, comiendo de los presupuestos; lacras que coartan la libertad de las personas honradas con el establecimiento del terror; lacras, que gracias al estado de derecho, cuando son puestas a disposición de la justicia, viven a tutiplén en hoteles de 5 estrellas. Será por ilusión.

Quizás lo que nos sobra es ilusión y esperanza, porque me cuesta trabajo pensar que un hombre, un solo hombre por muy buena persona que sea, pueda cambiar el mundo. Un hombre que demostró el 20 de enero, su fragilidad (como cualquier ser humano) al tener que protegerse con un chaleco blindado para pronunciar su juramento; un hombre que tuvo que realizar el trayecto desde el Capitolio a la Casa Blanca en un Cadillac a prueba de bombas. Y no es que lo reproche, pero Obama dependerá mucho de los poderes fácticos, que serán lamentablemente los que ejercerán presión en función de sus intereses; y es que es así; y eso no lo cambia nadie. Medidas populares como el cierre de Guantánamo o la retirada de tropas de Irak, a mi juicio, son cortinas de humo que sosegarán algunas almas; pero a buen seguro seguirán otros conflictos generados por intereses puestos en la carrera armamentística o destinados a controlar el mercado del preciado oro negro.

Una vez tuve ilusión por el cambio; una vez soñé con un mundo mejor; una vez creí en la honradez; una vez pensé en el triunfo de la justicia; tengo 44 años, y ya me han contado algunas historias... Perdón por mi pesimismo.

3 comentarios:

Francisco Sierra dijo...

Es normal sentir lo que sientes después de lo que estamos viviendo.Un abrazo y ánimo.

Medina dijo...

Yo soy de los tuyos. Espero que el señor Obama este muy por encima de la mediocridad "americana" de estos últimos tiempos y se gane toda la confianza de un mundo que necesita de su buena mano.

Saludos, tocayo.

Antonio Barrionuevo dijo...

La ilusión es la que nos mueve. Dios quiera que a pesar de las dificultades, no nos veamos defraudados como tantas otras veces.
Saludos y gracias por vuestros comentarios