Ha muerto Baltasar Quesada Guerrero

Acostumbrados a ver esquelas de óbitos colgadas por doquier o publicadas en las secciones necrológicas de los medios informativos, a veces la sorpresa nos aborda, dado que la persona que no veíamos desde hace tiempo y que había caído en lo más profundo de nuestra conciencia, aparece en una esquela mortuoria. Otras veces nos llega la noticia del óbito demasiado tarde, con el inconveniente añadido de no haber podido hacer lo que corresponde en cuestiones sociales con la familia del fallecido. También ocurre, que el conocimiento de la noticia luctuosa nos invade con sorpresa, pues la persona que se marcha lo hace de una forma traumática y con una edad temprana. De todas formas, hasta para la despedida de este mundo, como si eso importara ya, hay que tener suerte.

El relato de la vida de una persona ya fallecida, puede ser más trascendente o no, dependiendo de las relaciones sociales que haya tenido el difunto; y algo más cruel aún, dependiendo de la posición económica o social que haya acompañado al fallecido a lo largo de su vida. Los elogios algunas veces rayando el absurdo, se suceden e inundan de una forma tremebunda los oídos de muchas personas que ni les va ni les viene, pero que sirven para que muchos idiotas salgan a la palestra para hacerse la foto y luego con el paso del tiempo poder decir, ¡Yo estuve allí!. Sí, así de cruel es la vida y así de cruel es la muerte.

Baltasar Quesada Guerrero, ubetense y cofrade del Cristo de la Humildad, mañana no podrá asistir a la Fiesta Principal de su Cofradía. Posiblemente ni se le echará de menos, pues no fue un cofrade que destacara últimamente por su quehacer cofradiero. Él, a las puertas del cielo acudirá como un humilde servidor del Señor, avalado por un currículum que en tiempos atrás fue extenso. Quizá, sus miserias y sus defectos, poco parapetados por ser una persona llana y sin malos adentros, le apartaran de la compañía de muchas personas que veían en él alguien de poca importancia, y que a duras penas les podía favorecer en algo. Nadie supo reconocer nunca su labor cofrade dentro de la Cofradía de La Humildad, e incluso se marchó un poco antes de cumplir sus bodas de oro como cofrade. Nadie supo ver en él a ese Nazareno que los hipócritas dentro de unos días llevaremos al monte calvario para matarlo, y que tanto trabajo nos costará resucitar.

Baltasar Quesada, Balta como se le conocía, murió en la soledad más extrema. Quizá ningún epitafio rimbombante se inscribirá en su morada. Tampoco por capricho de la Parca, ni una mísera esquela de sus cofradías, se hizo eco de su muerte; pero seguro que allí arriba, al calor de su Cristo de la Humildad y de su Virgen de la Fe, encontrará la paz eterna, recompensa a su caminar por este valle de lagrimas que dejó atrás.

DESCANSA EN PAZ BALTA.

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