Devoción o necesidad

Una de las necesidades que originaba la falta de prestaciones sociales por parte estatal en la oscura España de los años cincuenta y sesenta, en el sector agrario y dentro de éste en los trabajadores por cuenta ajena –jornaleros- era la de afiliarse a grupos que de una forma organizada luchaban por dar socorro a los asociados, y así mitigar en la medida de lo posible los efectos colaterales y propios de la temida enfermedad o accidente, que tan a menudo visitaba los hogares de las clases más desfavorecidas. Caer enfermo sin el respaldo de algún tipo de ayuda, podía agravar de una forma dramática la ya lamentable situación económica de muchas familias de Úbeda, que sólo disponían de dos brazos para traer el sustento a casa, a veces tan corto, que a duras penas se podía disimular el hambre en el rostro de muchas personas.

La necesidad obligaba a estar inscritos en asociaciones benéficas, no siempre religiosas, que de una manera eficaz paliaban los gastos sanitarios que se podían generar a causa de la aparición de la enfermedad, con una ayuda que vulgarmente se conocía como médico y botica. También en algunos casos se pagaba una pequeña ayuda económica a la cual llamaban socorro, y que era una cantidad estipulada que de algún modo ayudaba a que hubiera en el hogar del asistido, alguna liquidez para por lo menos acceder a la compra de los alimentos más básicos. El organigrama de estas asociaciones públicas estaba tan bien construido, que el funcionamiento de las mismas era bastante escrupuloso, llegando incluso a tener sus propios inspectores que, vigilantes velaban para evitar el fraude de los más avispados que simulaban la enfermedad para acceder a la asignación del llamado socorro.

Por “culpa” de esas asociaciones y por la necesidad de nuestros progenitores, muchos ubetenses pertenecen hoy por hoy a cofradías de Semana Santa. Un decreto del gobierno de Francisco Franco en contra del asociacionismo, hace que la mayoría de los grupos benéficos desaparezcan, quedando tan sólo las asociaciones de carácter religioso. En algunos casos, éstas, absorbieron a las sociedades no religiosas, integrándose las mismas en la masa social, incluso con la derrama de todo su patrimonio económico. Que yo sepa -por dar un apunte- en los años sesenta la Cofradía de la Humildad absorbió dos asociaciones de este carácter: La Prosperidad y La Esperanza; aunque supongo que posiblemente hubiera más mezclas de este tipo.

En aquellos años a los que hago alusión anteriormente, pertenecer a una cofradía de Santos como vulgarmente se les llamaba, suponía para muchos, más una obligación que una devoción. La asistencia a los actos religiosos o de carácter social que se desarrollaban en estas hermandades, no era en la mayoría de los casos voluntaria, es decir, la coacción ante la imposición de sanciones económicas por la no asistencia a estos actos, llegando incluso a la expulsión de la cofradía y como es lógico a la pérdida de derechos, obligaba en cierta forma a ser muy estricto con el cumplimiento de las normas que recogían los reglamentos de estas corporaciones. Muchas de las cofradías ubetenses estaban formadas por socios que pertenecían al mismo gremio, la más conocida la de la Virgen de la Soledad que agrupaba a los albañiles, aunque también, comerciantes, labradores, ganaderos, etc.... daban forma a los libros de registro de otras entidades del mismo estilo. En definitiva, la composición de las cofradías de los años cincuenta, sesenta y principio de los setenta, era una amalgama de de clases sociales entre devotos, necesitados, y devotos necesitados.

Las mejoras sociales, aunque lentas, llegan a nuestra sociedad. Por este hecho, las bajas de muchos hermanos en nuestras cofradías (no hay que olvidar que muchos de los socios lo eran por el mero hecho de acceder a las coberturas sociales que otorgaban las hermandades) amén de la venida a menos de los mecenas que tiempos atrás sufragaban muchos gastos de las mismas, empiezan hacer mella en la ya maltrecha economía cofrade. Posiblemente las cofradías que más sufren esta crisis, son las que sus filas estaban compuestas más por socios necesitados, que por hermanos devotos. En la década de los setenta, en Úbeda hubo cofradías que estuvieron al borde de la desaparición.

No todas las cofradías pasan por los mismos aprietos, sobre todo las que en sus hermanos existe una verdadera devoción por sus Titulares. La cofradía de Jesús Nazareno será la cofradía señera en Úbeda, en cuanto a número de hermanos y devotos. También nacen nuevas cofradías, que poco a poco se abren paso en aquellos difíciles años.

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