El móvil que nos domina

¡A lo qué nos hemos acostumbrado! Me viene a la memoria el recuerdo de la primera vez que accedí a la alta tecnología en lo que a comunicación se refiere, con la compra de un celular, como dicen por ahí, (que por cierto no me lo compré, sino que fue un regalo que iba dentro de una promoción por la compra de un lote de chupa chups) y comparándolo con los ingenios del momento, parece que hubiesen pasado más de cien años desde los primeros “ladrillos” a las maravillas tecnológicas que hoy por hoy nos acompañan. Sin ir más lejos, mi primer teléfono móvil fue un Nec (marca que llevo años sin ver) y ahora gozo, después de unos doce años, de un Samsung 3G con miles de cosas que ni utilizo ni sé para qué sirven. La verdad es que parece mentira que una cosa tan pequeñita y a veces tan ruidosa y estridente, se haya adueñado de esta manera de nuestras vidas.

A parte de las asistencias primitivas que nos brinda tal artefacto (ya se saben las que son) hay otras que sin querer le hemos dado nosotros y que nada tienen que ver con las que en un principio fueron la causa de que el mismo se integrara en nuestra sociedad. Juegos, música, SMS, GPS, MP3, Radio, etc. se une a un elenco de prestaciones que han hecho que hoy un teléfono móvil sea imprescindible en nuestra vida. No obstante otro de los usos para los que lo hemos destinado, ha sido para engrosar el repertorio de artes que utilizamos a la hora de ignorar o eludir a nuestros semejantes; unas veces con razones poderosas y otras veces demostrando la poca educación de la que se hace gala. Echarse el móvil a la oreja cuando queremos evitar un saludo u otra cortesía, es algo cada vez más utilizado, y es que no sabemos a dónde agarrarnos para demostrar el in crescendo de nuestra irracionalidad. También la dependencia de su uso, a veces pone en riesgo nuestras vidas cuando sin pensar en lo que hacemos, por un instante nuestra atención se difumina llamados por ese susurro mortal en el que se puede convertir el diminuto ataúd que nos controla.

Lo cierto es que el teléfono cambió nuestra vida achicando distancias, y en su versión de móvil nos hizo llevar con nosotros la confianza de que en todo momento estamos en contacto con el mundo, para lo bueno como también para lo malo. Pienso que lo mismo que hemos ganado en comodidad, de igual forma hemos perdido intimidad y libertad. Para muchos de nosotros, cuando en algún momento entramos en una zona en la que no hay cobertura, supone de algún modo un alivio; aunque para darnos ese respiro a veces sólo bastaría pulsar el botón rojo pero, ¿Quién se atreve?

PD. Pronto tendremos que hacer uso de nuestro coche para disfrutar de las merecidas vacaciones. Por favor, apaga el móvil cuando estés conduciendo y regresa sano y salvo.

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