Otra oportunidad

El silbido del intenso viento que se filtraba por la pequeña rendija de la puerta, terminó por despertarme aquella mañana de domingo en el que esperaba haber disfrutado un poco más de un día de merecido descanso. Miré hacia el lado donde duerme mi esposa y pude ver el rostro de alguien que goza de la paz de un maravilloso sueño; su cara reflejaba la quietud con la que puede dormir una niña sin preocupaciones… Algo me ardía en el interior y de repente sentí la necesidad de hacer una visita a la Imagen de Jesús Nazareno, postrada desde tiempo inmemorial en aquel baldaquino situado en el viejo templo. Algo me confundía pues, si era domingo, qué hacía mi túnica morada colgada frente a mí. Me acerqué, y con suavidad quise oler los aromas impregnados en ella de incienso y madrugada. Por un instante quise oír a lo lejos los sonidos de una vieja trompeta llena de lamentos, que acompañaban el tintineo de una veterana campanilla. Jesús… ¿Estoy soñando?

Sin dudarlo me dejé llevar por la emoción y en un momento el morado hábito y yo, éramos una sola cosa. Pronto me encontré en la calle camino del viejo templo, donde sin duda algo maravilloso iba a suceder. De pronto una madre desesperada con un niño en sus brazos me abordó pidiéndome algo de comida. Contrariado por la situación, le eché la primera excusa que se me vino a la mente, para evitar el contratiempo ¿Cómo podría ayudar en este momento a esa mujer? Llego tarde a una cita importantísima. A lo lejos pude adivinar la silueta de una persona que me era familiar. Sin dudarlo y refugiado en el interior del antifaz de mi túnica, pasé de largo por miedo a que me contara alguna historia de las que en su boca solían hacerse eternas; pobre hombre pensé; no tiene quién le escuche. El camino se eterniza. Seguía oyendo la campanilla y los broncos sonidos del latón ¿Será verdad que es Viernes Santo?

En la esquina de una oscura callejuela que sirve de atajo para acceder a las principales calles de la ciudad, alguien rebuscaba entre la basura de unos sucios contenedores. Con cara lastimosa me pidió un poco de ayuda, pues llevaba varios días sin comer. No sé qué hacer y sigo mi camino hacia el encuentro con Jesús Nazareno. Después de un eterno caminar conseguí llegar a la vieja iglesia. Mi túnica había envejecido y la luz de mis tulipas estaba casi marchita. Una auténtica muchedumbre rezaba postrada delante del altar y por un instante pensé… ¿Qué hace toda esta gente? ¿A quién rezan? ¿Dónde está Jesús Nazareno? Aturdido pregunté a los allí presentes y observaba cómo reían a mis espaldas. Sus murmullos hacían daño a mis oídos… ¡pobre hombre no ve a Jesús, pobre hombre no ve a Jesús! El miserere sonaba tosco y poco acompasado. El sonido de la campanilla era estrepitoso y las trompetas por más que les soplaban no esbozaban nota alguna. Gritos desesperados apenas brotaban de mi garganta… ¡Jesús, Jesús!

El sonido del despertador interrumpe otro día más mi sueño. A mi lado, mi mujer duerme plácidamente rodeándome con sus brazos. Son la siete de una madrugada cualquiera y pronto amanecerá para dar paso a otro día de trabajo. Tengo la garganta seca y los ojos mojados de lágrimas... Uff… todo ha sido un mal sueño. Al lado de la mesita, una vela morada acompaña a una pequeña estampa de Jesús Nazareno…

7 comentarios:

Francisco Sierra dijo...

Me alegra leerte de nuevo.
Saludos calurosos.

Francisco Sierra dijo...

Espero más y pronto.

Antonio Barrionuevo dijo...

Muchas gracias, Sierra.
Un abrazo.

Jose Ruiz Quesada dijo...

bello sueño y bonito canto a tus sentimientos.., me ha gustado esta reflexión.., me felicitación ..,
un abrazo José

Antonio Barrionuevo dijo...

Gracias José por tu comentario.
A veces nos ofuscamos buscando la verdad en lo más recóndito y sin embargo la tenemos delante de nuestras narices. Pero así es la vida...
Un abrazo.

Anawin de Jesús dijo...

Espero en Dios llegar a ser una buena amiga. Me ha gustado mucho el escrito. A veces un sueño nos replantea el vivir que llevamos ¿no es cierto? Gracias a Dios los despertares nos dan otra oportunidad de acomodar las actitudes. Afectuosamente.
Anawin de Jesús

Antonio Barrionuevo dijo...

Muchas gracias por tu comentario Anawin de Jesús. Ojalá siempre haya una oportunidad más. El nuestro es un camino de amargura y lleno de tropiezos. Necesitamos de esas oportunidades para seguir en ese camino.
Un saludo.
Antonio Barrionuevo.