Mi primera madrugada morada

1ªmadrugada
Foto: Vicente J Almagro

A veces es difícil asomarse al mundo con alguna palabra que por más que busco no emerge. Hay veces que la inspiración surge de la inquietud, del desasosiego, también de la alegría o quizás de la tristeza. Pero también la paz interior relaja la inspiración y adormece los sentidos. Todo parece inútil, poco importante o a lo mejor no merece la pena molestarse en delatar tus pensamientos, pero también es conveniente desbrozar la mente aunque sea a costa de regalar al mundo, algo de ti mismo por ínfimo que parezca.

Mucho tardé en tomar el camino de la madrugada y refugiarme en el interior de una túnica morada, posiblemente ofuscado por el colorido de otros derroteros que creí sanos, o por lo menos lo fueron en otros tiempos, y de eso estoy seguro. Mucho de mi vida se fue deseando cubrir mi rostro con un capuz morado, para acompañar al Nazareno en la intimidad una mañana de olor especial. Tengo la certeza -si Dios lo quiere así- que mi primera madrugada se eternizará así como se eterniza en la nostalgia, los benditos sones que compusiera D. Victoriano, a buen seguro por inspiración divina.

Sentir algo especial al regazo de la Imagen Nazarena, gracias a Dios no es patrimonio de nadie y nadie por muy tradicional que se crea, puede cohortar los sentimientos ajenos. Los talantes sectarios se dan de bruces con las enseñanzas de Nuestro Señor, y esas actitudes que se transforman en hipocresía cuando nos encontramos en tesituras protocolarias, producen risa pero de la sarcástica. La “suerte” anida en que la verdad no está en la madera, sino en el Espíritu. Ese Espíritu al que muchas veces hemos intentado manipular, ensombrecer, culpar de nuestros egoísmos y también hemos embadurnado de olores de azahar para justificar nuestro quehacer. Nuestra verdad en tiempos de reflexión produce insomnio.

Escogí el camino morado por propia iniciativa, quizá sugestionado por los aires tradicionales de un pueblo amante de su Nazareno; pero al fin y al cabo lo hice libremente. Lo mismo que libremente me sostuve en caminos de sangre y amargura sin que ahora me tenga que arrepentir de nada. Ocurre, que al final del camino sea uno o sea el otro, si mi Dios me lo permite encontraré la paz y el sosiego en su regazo. Ahora, tres luces alumbrarán mi camino entre tristes sones, acompañado por almas que como yo, buscan la paz iluminados por el canto de un Miserere eterno.

5 comentarios:

Uvejota dijo...

Una reflexión, quizá sinónimo de explicación, que creo sincera y oportuna, plasmada magistralmente con una cuidada y excelente prosa.
Me gusta esta forma de escribir, por lo que transmite.
¡¡Enhorabuena!!

Un abrazo
v.j.

Antonio Barrionuevo dijo...

Esta prosa, creo que para nada magistral, nace del estímulo de la inmortalización -gracias a ti- de uno de los momentos más felices de mi vida.
Te agradezco tu visita y tu comentario.
Un abrazo.

Francisco Sierra dijo...

Me alegra verte de nuevo.
Para mí tembién tiene un sentido especial esa madrugada,un cúmulo de cosas que son difíciles de expresar en un simple comentario.
Pero lo más importante en este momento es verte de nuevo.Saludos morados..y de todos los colores.

Antonio Barrionuevo dijo...

De verdad es difícil, algunas veces, expresar los sentimientos que por profundos, el leguaje escrito se puede quedar un poco superficial.

Muchas gracias Sierra, por tu consideración. Un abrazo.

A dijo...

Es muy bonito lo que has escrito. ¡Un abrazo sentío!