Yo soy andaluz

Habría que remontarse mucho tiempo atrás para indagar sobre las raíces andaluzas, para poder hacer un justo análisis de la situación actual de esta región. Lejos de la inducida prosperidad de Cataluña y País Vasco, provocada ésta por gobiernos que no chocaron con los intereses de grandes terratenientes, Andalucía se quedó durante años en la estacada de la incultura, el jornal y la miseria. Incultura provocada por el poderoso que no quiso que un pueblo aprendiera más allá del trabajo de sol a sol. Miseria provocada por jornales de hambre que no siempre se podían echar. La imagen del andaluz vago, sin saber la razón, se ha instalado en la sociedad sectaria y racista, más allá de las fronteras de Andalucía; fruto de ello son los continuos ataques que nuestro pueblo sufre, poniendo en tela de juicio nuestro trabajo y honradez.

Hoy toca hablar de las declaraciones de un tal Joan Puigcercós, perteneciente a un partido político que representa a la ideología nacionalista e intransigente catalana, y que por enésima vez hacen referencia al pueblo andaluz como si nuestro pueblo fuera la causa de todos los males de Cataluña. Seguramente a este señor no le hará falta cobrar el PER para vivir, pues desde que se instaló en la política allá por el año 1987, ha ido chupando del bote. Pero bueno… gastar ni un minuto más para hacer referencia a las declaraciones de este inculto e ignorante sujeto, no merece la pena.

Al hilo de esta polémica en la que los bien pagados defensores de Andalucía salen a la palestra para hacer patria o caja de votos, me vienen a la memoria las declaraciones que en algún instante escuché igualmente con la misma filosofía, pero lamentablemente de boca de los propios andaluces ahora instalados en el bienestar que da la posesión de un puesto fijo y un buen sueldo, generalmente en la administración. Gente que se codea día a día con los que apenas subsisten con la anchura que dan cuatrocientos euros y algunos jornales, que de alguna forma contribuyen a que pequeños pueblos o aldeas no desaparezcan, y que gracias a eso puede existir el puestecillo que les permite no tener que mendigar por las oficinas del INEM en busca de una limosna.

Está mal y duele la crítica que desde la ignorancia y la intransigencia se hace desde fuera de nuestra tierra, pero nunca entenderé el derrotismo que practicamos en nuestra propia casa desde el odio y desde la opulencia.

El santo resbalón

Me da la impresión –seguramente no descubro nada- de que más que interesarse por la ciudadanía en su conjunto, a la mayor parte de nuestros políticos, les hace andar el interés partidista y todo lo que se puede conseguir arrimándose a la sombra de un buen árbol. Me da la impresión –seguramente no yerro- de que el arma más contundente que emplean toda esta clase de beneficiados sociales, es la crispación. Y es que para conseguir el poder, ya no hacen falta ni ideas ni proyectos. Ahora, la oposición política no se hace con una metodología de control hacia el gobernante -aunque existen miles de subterfugios para zafarse de ella- sino con elucubraciones unas veces, y con medias verdades otras, apoyándose en lo mediático para generar controversia y alimentar el odio.

La visita de nuestro Pontífice no podía escapar a esta política forma de actuar, y en este caso, las inoportunas declaraciones del Santo Padre refiriéndose a la constitucional –no nos olvidemos- separación Iglesia y Estado, han generado por enésima vez un debate innecesario que, alentado por los que se creen salvadores de la Patria, una vez más no han dudado en asignarse el poder de encasillar a los católicos en un solo contexto, porque para ellos, católico y conservador son una misma cosa. Esta hipócrita actuación, como tantas otras, no es ni más ni menos que el querer posicionarse al frente de una peligrosa corriente de confusión, que pone en tela de juicio la norma fundamental del Estado, y que alimenta el odio entre las distintas corrientes ideológicas de este País. No hay que olvidarse, que la laicidad hoy presente en España, nos otorga a los católicos la libertad de manifestarnos libremente en nuestras convicciones. Esta libertad es la libertad que otras confesiones religiosas y otras formas de pensar, deben de disfrutar desde el respeto.

En lo social, la visita del Papa como era de esperar ha suscitado opiniones para todos los gustos, y a mí entender, desde ciertos sectores se ha intentado manipular de una forma negativa, para arrojar piedras contra el tejado de la Iglesia Católica. El problema está, en que todavía no hemos olvidado, porque hay gente que le interesa que no se olvide. Sabiendo esto, Benedicto XVI se podía haber ahorrado atizar este rescoldo. El anticlericalismo de los años 30, fue puesto de manifiesto por las atrocidades cometidas de los que tenían pistola. Por gente que utilizó en nombre de la libertad, el terror y la opresión más brutal, no sólo contra los que vestían hábito, también con quienes apenas sabían persignarse y rezar un Padrenuestro. Después vino “la segunda vuelta” y la pistola cambió de manos, y la historia se volvió a repetir, pero esta vez a Dios rogando y con el mazo dando, en el peor de los significados. Ahora, en España crecen nuevas generaciones ajenas a aquella oscura historia. Con libertad para elegir, y con libertad para equivocarse. De los que conocemos poco o mucho aquella tragedia, depende en gran medida que no se vuelva a repetir. Los católicos deberemos de luchar por mantener nuestras convicciones, y de que estas crezcan en los corazones de nuestros descendientes sin imposiciones, y con razones que no impliquen en absoluto a la sucia política. Por consiguiente, para el católico comprometido, manifestaciones de este tipo ponen en tela de juicio nuestros argumentos.

De todas formas, como todo no podía ser malo, me quedo con frases bastantes más profundas dichas por el Papa en su visita a España. Frases que cómo promulgan verdades como templos, no generan ningún caldo de cultivo para que ni los vividores de la patria, ni los detractores de la Iglesia, las utilicen como armas arrojadizas. 

“Entre verdad y libertad hay una relación estrecha y necesaria. La búsqueda honesta de la verdad, la aspiración a ella, es la condición para una auténtica libertad. No se puede vivir una sin otra” “Es necesario que no haya un enfrentamiento sino un encuentro entre fe y laicidad; hay que renovar la fe para responder a esa laicidad” “Es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa; que esa palabra santa no se pronuncie jamás en vano; que no se pervierta haciéndola servir a fines que le son impropios”

La España que entre todos hemos hecho

Siempre es sorprendente ver la facilidad con la que nuestras lenguas esparcen a los cuatro vientos los defectos que creemos ver en los demás. También es sorprendente ver cómo a veces fluyen jueces por cualquier rincón, otorgando veredictos de culpabilidad a diestro y siniestro, porque en nuestra sociedad somos muy dados a la crítica más lasciva, teniendo en cuenta sólo puntos de vista totalmente parciales, partidistas y sostenidos por un odio incontrolado a todo lo que no nos gusta como suena. Vemos siempre la viga en el ojo ajeno y no nos acordamos de dónde venimos ni a quién le lamimos el culo para llegar hasta donde estamos asentados. Damos por hecho que nuestra razón es la razón y la abrigamos con argumentos y petulancias asquerosas. Con nuestros discursos intragables, queremos dar seña de talento y de sabiduría. Abanderamos ideologías hechas a nuestra medida que rara vez ponemos en práctica porque no es lo mismo decir que hacer, y lavamos nuestra conciencia esturreando un puñado de migajas con el beneplácito de cuatro palmeros mal contados que por lo que sea nos doran la píldora.

Ahora les toca a los eruditos hablar crisis, de soluciones y de porqués, mientras siguen comiendo a dos carrillos. Y veo como algunos funcionarios con un sueldazo a veces multiplicado por dos, se quejan porque se lo han bajado un 5%. Y me da asco. Y veo como los corruptos se agarran a un clavo ardiendo para no soltar la presa, y con miles de argucias "legales" se mantienen en el poder para seguir chupando como sanguijuelas. Y el presidente de los empresarios dice que hay que trabajar más y cobrar menos para sacar a España de esta situación. Menudo ejemplo. Y los políticos comen y beben y vuelven a beber, y el carro no puede tirar más, cargado de zánganos. Y la España que entre todos hemos hecho.

Hace años, en plena ebullición de la nueva España democrática, alguna vez que otra discutí en buena lid con gente que había vivido otras etapas más oscuras, pero que veía con cierto escepticismo el discurso de los nuevos “salvadores de la patria” que salían a la palestra manejando los discursos de libertad e igualdad, que a ellos les sonaba a chino. Razones al parecer tenían, cuando me decían “que estos son como las sanguijuelas vacías a la espera de engancharse a alguna bestia”. Me costaba trabajo entender esta postura y lo veía como una renuncia a la prosperidad que como una brisa de aire fresco recorría la nueva España. La juventud y quizás la poca sabiduría, me hizo creer que se podría luchar por una sociedad más justa y solidaria sin grandes diferencias y sin injusticias sociales.

Los principios de igualdad y justicia que promulgaban los políticos al principio de la transición española, siempre los entendí desde la coherencia. Sé que aunque en principio todo el mundo es igual, no todo el mundo merece lo mismo. El premio a la valía y a la responsabilidad debe de ser correspondida. En parte somos nosotros los responsables de las “diferencias sociales” que existen en nuestro mundo, puesto que nuestro comportamiento y nuestra apuesta en muchos de los valores cotidianos, nos clasifican y nos agrupan. Es lógico el premio al esfuerzo, pero es preceptivo saber también que nuestros logros fueron posibles porque hubo una sociedad que puso en nuestras manos las posibles herramientas para conseguirlos. Por consiguiente, aunque nuestro esfuerzo deba de tener una recompensa, ésta no debe de ser un elemento que aumente la separación entre clases sociales. Hay que devolverle a la sociedad lo que ésta nos prestó.

Ahora son otros tiempos. Esos principios de igualdad y justicia, ahora en nuestro país tienen un significado utópico y nostálgico. A estas alturas todos sabemos de qué va esto de la política. Los políticos en sus discursos invocan la sensibilidad de la gente de a pie. Dan a entender que están cerca de los grupos más desfavorecidos con promesas que saben que nunca podrán cumplir. Estrechan la mano de gentes que en realidad no les importan lo más mínimo. Se han convertido en una clase social cuyos fines están lejos de la vocación y del altruismo. Se apoyan en palmeros y en los estómagos agradecidos (véase: contratados, sindicalistas, altos cargos…) que su única salvaguarda es saquear las arcas del estado con sueldos indignos que van más allá del premio a la productividad. Se ríen del pueblo con argumentos de transparencia. Se justifican y se apoyan en argucias “legales” para incrementar con desmesura su poder y su patrimonio.

Para mí, es difícil digerir los ecos que me llegan arrastrando las voces de los iluminados de la patria, las vanas palabras de los inconformistas, las patrañas de los que se creen en poder de la razón y de los que se casan con un ideal que les va al bolsillo, de los que desprecian a los que no piensan como ellos, de los que critican con argumentos sectarios, de los intransigentes, de los endiosados, de los que su mano derecha sabe lo que hace su izquierda. Cada vez me siento menos identificado con está patria llena de saqueadores. Llena de gentuza que tienen en su mente un único ideal: enriquecerse.

En esta España que entre todos hemos hecho todavía hay un largo trecho que recorrer en pos de una sociedad justa e igualitaria, pero tal y como se presenta el panorama, creo que las prioridades de nuestro pueblo se establecen en otro sentido.

Buena compañia

Gabriel Paco Antonio Andrésa
Foto: Eugenio Santa Bárbara

Habrá gente que piense que hablar ahora de Semana Santa no tiene mucho sentido, aunque para un semanasantero nato –así me considero- es algo tan normal como la vida misma. En mi casa se respira este ambiente todo el año, y es raro no encontrarse a lo largo del día con algún motivo que no nos recuerde este sentimiento: estampas, fotos, incienso, revistas, instrumentos, la visita del cobrador…

Rebuscando en mi cada vez más grande y exprimido archivo fotográfico semanasantero, me topé con una foto que me recordó por un instante mi segunda madrugada morada. La foto me la “tiró” con toda amabilidad Eugenio Santa Bárbara, cuando este pasado Viernes Santo terminábamos la procesión: mi amigo Paco Sevilla, su hijo, mi compañero de aventuras y amigo igualmente Andrés Martínez y un servidor.

Esta instantánea viene a recordar –como antes apunto- mi segunda madrugada morada. Realmente no supone ningún record, ni siquiera nada importante para alguien ajeno a los sentimientos que en mí genera acompañar en el más absoluto anonimato a Nuestro Padre Jesús Nazareno, una mañana de Viernes Santo por la calles de Úbeda, envuelto sólo y exclusivamente en los ecos del Miserere, en los lamentos de sus trompetas y en los olores a cera quemada y a dulce incienso. Esta instantánea me demuestra que para llegar a Jesús existen infinidad de caminos, y que aunque la hipocresía, la necedad, la traición, la mentira, la calumnia y la falsedad te cierran uno, los buenos principios, el talante, la humildad, la fidelidad y el saber estar, te abren otros. Esta instantánea me recuerda el deseo que siempre tuve a que mi sueño se hiciese realidad, y despierta el deseo de que este sueño se repita cada primavera y se eternice por los siglos de los siglos.

¿Ocaso?

Se habla de un aumento en la secularización, que en términos estadísticos se manifiesta en cuanto a personas que se declaran católicos, con una merma de un 15% en un periodo de dos lustros. Otros declarándose así, reconocen que no participan prácticamente en nada de la vida de la iglesia, salvo en actos culturales o sociales propios de fiestas católicas. Claro está que esto se deja un poco a conveniencia de cada cual, pues cuando hay que hacer uso de los templos para bodorrios y demás, sí nos acordamos de Santa Bárbara. El teólogo Juan José Tamayo aduce dos motivos por los cuales se ha llegado a esta situación, y uno de ellos –según Tamayo- es la pérdida de credibilidad de la jerarquía y de la iglesia como institución. Supongo que cuando habla de jerarquía se refiere a la alta jerarquía, pues de los que están al pie del cañón, y me refiero a los sacerdotes, misioneros y tantas y tantas personas que se dejan la piel por ayudar en el nombre de Dios al desvalido, bastante hacen, y a veces sin los medios necesarios.

Bajo mi punto de vista y no descubro nada si así lo digo, el rebaño de Dios –al menos por estos lares- está un tanto desperdigado y desorientado debido a la falta de pastores, ya que los mismos están recluidos y distantes en sus palacios lejos de las realidades sociales. Cercanía y sobre todo equilibrio con la sociedad, sería buen remedio para que aunque las ovejas negras se dispersen sin remedio, esto no afecte a lo mejor del rebaño. Aunque soy consciente de que no es nada fácil, seguramente si se consiguiera fortalecer lo bueno, de lo malo se recuperaría y mucho.

Aún así y otorgándole a los jerarcas su parte de culpa, sería de necios escuchar esta noticia -casi siempre voceada por medios que parece “SER” que la Iglesia Católica es el enemigo a derribar- y sacudirnos el polvo como si la cosa no fuese con nosotros. Ser católico y por ende cristiano requiere compromiso y un compromiso que la mayoría no estamos dispuestos a asumir debido a que los “valores” que se han instalado en nuestra sociedad no nos hablan de otra cosa que no sea lo del todo vale y primero yo y después yo. Estos valores tienen como caldo de cultivo la falta de formación no sólo cristiana, sino también social. Si desde la comunidad más pequeña -la familia- no se fortalece la religión, difícilmente llegaremos a recuperar lo perdido e incluso podríamos caer en lo más hondo. Aunque no sea norma y tampoco atribuible a todos los niveles sociales, donde abunda la grosería, la verdulería, la falta de educación, la prepotencia y la poca cortesía, no puede existir otra cosa que no sea fango.

Decía que a la jerarquía no se le puede achacar todos los males, aunque posiblemente uno de los que sí se le pueden imputar sea el apego a ciertos sombrajes que para nada son ejemplo de lo que se manifiesta en los evangelios. Hay que cernir el trigo con harneros de agujeros no muy grandes para que las granzas no pasen. Los falsos pastores en busca de notoriedad, proliferan apoyados en cayados de mentira, y no siempre desde la llanura es fácil discernir cuál es el verdadero mensaje de Dios, ya que los que dicen hablar en su nombre no parecen trigo limpio. A la Iglesia le iría bien un cambio de discurso y sobre todo con respecto a las lacras que fustigan el tercer mundo. También sería recomendable cambiar a algunos mensajeros, ya que desde la opulencia es difícil predicar la humildad y ser fiel a la verdad.

Posiblemente cambiar la actitud de un pueblo que se hace llamar católico sería difícil, aunque si cundiese otros ejemplos entre los que se dicen ser los elegidos, otro gallo nos cantaría.

Un reloj para D. Salvador

A lo largo y ancho de nuestra existencia, a nuestros tímpanos llegaron vientos con malos presagios hablando de crisis y de otros malos augurios. Cuando la supervivencia de nuestro ser y la de los que nos acompañan en esta batalla insípida a veces, está sujeta sobre puntales ajenos y esos puntales no son de fiar, nuestro instinto provoca latidos de alerta generadores de desconfianza, pues la experiencia acumulada nos dice que a las malas, lo peor siempre será para nosotros, y en eso creo más que en otra cosa. A veces me hablan de izquierdas, de derechas, de centro, de pasado, de futuro –aunque hubo una vez que aprendí que sólo existe el presente- con razones que más que verlas como tales, se me figuran milongas de comediante enfocadas a rellenar el bolsillo de los que las proclaman. Atiendo a los consejos basados en la experiencia de hombres sencillos y de cabezas plateadas, y huyo de los artículos que vociferan los eruditos que nunca se acostaron con el estómago vacío. Me asqueo cuando con el traje de cordero, se me acercan lobos para sacarme un voto, que a la postre llenará su estómago. Me asqueo cuando algún hijo de la gran puta me quiere hacer creer que está negociando mi porvenir, cuando de sobra sé que lo único que le interesa es el suyo. Me incomoda tener que convivir con sanguijuelas para las que sólo soy un número que engorda estadísticas, y para las que soy una excusa para sus guerras.

Estoy seguro que la crisis es sólo un estado de ánimo provocado por los que mueven los hilos, porque veo como se reparten las mejores tajadas. Interesa la crisis a los que se siguen enriqueciéndose de una manera atroz a costa del recorte de la ilusión que ellos vendieron anteriormente. Interesa la crisis a los que ya se ven con el culo ocupando el sillón de la Moncloa aunque sea a costa de lacerar los propios cimientos de su casa, que es España. Interesa la crisis a los vagos jerarcas de los sindicatos, pues de lo que sobra come el lobo y engorda. Interesa la crisis a los que viven del miedo que provoca la inseguridad en el desvalido. En definitiva, la crisis la inventa el poderoso para recordar que somos meros monigotes de paja, dentro de un mal juego que ellos dominan.

Y no pasa día en el que veamos que la marea de la inseguridad sube para ahogarnos sin remedio, y que de ese mal siguen intentando comer los carroñeros de turno, porque al final sólo quedará eso: carroña. Y no pasa día en el que nuestros oídos, hastíos de escuchar siempre lo mismo y a los mismos, se atrofien por el zumbido de los zánganos que están saqueando esta colmena mermada de obreros. Y no pasa el día en el que las excusas y las buenas intenciones me suenen ya a chino, y es que socialismo e incompetencia no es lo mismo. Y no pasa el día en el que tenga que hacer un esfuerzo para no vomitar, al escuchar al que pretende ser el líder de una España arrinconada. Y me piden que haga huelga y que tenga paciencia, y me advierten que lo peor está por llegar. Y observo como salen salvadores por doquier, empecinados en luchar por mi bienestar, anteponiendo mis necesidades a las suyas. Y regalan mis oídos con frases grandilocuentes.

En el año 1992 cerraron Electroquímica Andaluza. Muchos padres de familia nos quedamos en paro, y muchos de ellos enfermos que después murieron. Entonces tenía 27 años y como todos, contribuí económicamente para regalarle un reloj a la persona que con la sonrisa en los labios y con buenas palabritas vino a dejarnos en la calle. Vi como algunos listos y privilegiados sacaron tajada, y como otros, a los que esos les llamaban compañeros, se hundieron en la miseria. “España está llena de mentirosos y de gentuza que sólo buscan llenarse los carrillos con el esfuerzo de la gente honrada que por suerte hay más”. Eso lo comprobé hace mucho tiempo cuando empezaba a vivir y me quisieron cortar las alas.

Seguimos igual. Antes, la maldita crisis la soportamos unos, y ahora no sabemos quién escapará de sus fauces. De lo que sí estoy seguro es que de mi bolsillo no saldrá ni una chica, para que alguien se ponga en su muñeca un reloj a mi costa.

¿Testigos?

Resucitado 2015 (11)Dicen los Evangelios, que aquella mañana del primer día de la semana, las mujeres iban camino del sepulcro de Jesús para limpiar su cadáver y embalsamarlo. Preocupadas por el inconveniente del peso de la piedra que tapaba la sepultura, cuando llegaron al mismo, se encontraron con la sorpresa de que la piedra estaba movida y el cadáver de Jesús no se hallaba en el sepulcro.

En los Evangelios podemos ver lo más significativo de la vida pública de Jesús hasta su muerte, aunque el relato de lo que en realidad es el fundamento de nuestra fe, el dogma por excelencia, queda reflejado de forma un tanto escueta. En otros libros en los que se relata este hecho, se explica con más detalle lo que sin duda tuvo que ser algo grandioso, claramente sobrenatural y creo además, que nuestra Imagen de Jesús Resucitado está basada en este relato que dice así: “… muy de mañana, al amanecer el sábado, vino una gran multitud a Jerusalén, y de su cercanías para ver el sepulcro sellado. Mas durante la noche que precedía al domingo, mientras los soldados de dos en dos haciendo la guardia, se produjo una gran voz en el cielo. Y vieron los cielos abiertos y dos varones que bajaban de allí teniendo un gran resplandor y acercándose al sepulcro. Y la piedra que habían echado sobre la puerta, rodando por su propio impulso, se retiró a un lado, con lo que el sepulcro quedó abierto y ambos jóvenes entraron. … explicando lo que acababan de ver, advirtieron de nuevo tres hombres saliendo del sepulcro, dos de los cuales servían de apoyo a un tercero, y una cruz que iba en pos de ellos. …aparecieron de nuevo los cielos abiertos y un hombre bajó y entró en el sepulcro.”

Efectivamente, la iconografía de nuestra cofradía nos muestra a Cristo Resucitado, en el mismo instante en el que abandona el sepulcro de una forma triunfante ayudado por el Ángel del Señor. Lo que manifestamos el día del Señor –nosotros así lo hacemos- está claro que no es su muerte sino su victoria; una victoria de esperanza para que demos sentido a nuestra vida cristiana. Pero siendo así, me surgen dudas sobre nuestro comportamiento de cara al hecho mismo de la Resurrección de Cristo. Observo que en ciertas ocasiones nos aferramos a los momentos más duros de la Pasión del Señor, dejando de lado su Resurrección. Creo que a veces no somos conscientes de que su Pasión y Muerte, sólo es un trance que nos muestra la misericordia de Dios hacia nosotros sus hijos, y que aún siendo importante este hecho, nos quedamos ahí sin avanzar hacía el tercer día para resucitar con Cristo y ser testigos de su gran obra. Morimos con Él, sufrimos con Él, pero somos incapaces de resucitar con Él. Dejamos de lado su Resurrección porque ello nos compromete. Nos compromete a vivir de una forma humilde, nos compromete a demostrar verdaderamente nuestro amor al prójimo, nos compromete a pedir perdón, nos compromete a dejar de lado nuestra hipocresía… Queremos ser testigos de Jesús de una forma llamativa, vacía de contenido; con gestos de cara a la galería, pero vanos. Queremos ser testigos de Jesús, anunciando su buena nueva, pero ¿realmente somos conscientes de este anuncio y de lo que significa?

Mostrar a Jesús montado en un burro u orando, calumniado, fustigado, humillado o muerto, no es más que enseñar al mundo, que un día un hombre bueno nacido en la ciudad de Belén, apostó por una sociedad más justa basada en la igualdad. Luchó contra una ley estricta que apartaba al hombre de la senda hacia Dios. A Jesús lo mataron por ser un personaje incómodo. Se enfrentó a la muerte consciente de su importancia para la salvación del pueblo de Dios, no sin antes padecer el peor de los escarnios de que puede ser objeto un hombre. Murió en la cruz y ahí hubiese acabado la historia de la vida de un hombre bueno más. Sin embargo nuestra cofradía es el colofón grandioso ¡CRISTO HA RESUCITADO, ALELUYA! Dios nos ha recompensado resucitando a su hijo. Seamos testigos de su Resurrección dando ejemplo con nuestras buenas obras, y llenando nuestra vida con verdadero sentido cristiano. El Cristo, el Hijo de Dios vivo, nos espera para que al final de los tiempos podamos gozar de su presencia.

Feliz Pascua de Resurrección.
Artículo para la revista Resurrexit, que edita la Cofradía de Jesús Resucitado y Nuestra Señora de la Paz de Úbeda.

Cupido "El penitente"


Gracia  (5)El fervor que emana de las piedras de la ciudad cristiana y semanasantera por excelencia, se transforma en aliento que embriaga de olor a incienso y arrebata los sentidos, para que al final los mismos vuelvan de una forma mágica, saturados de un profundo impulso que hace que la llama de una tradición, no se apague en ningún momento. Es por eso, por esa magia que de una forma muy particular, cada cofrade, cada devoto, esté ante este maravilloso acontecimiento, acompañado de un sinfín de sensaciones y de sentimientos. Sentimientos y sensaciones que se transmiten entre generaciones, que no están reglados y que sin duda están manejados por el Espíritu. Sentimientos y sensaciones que se revitalizan en mí, cada vez que mi Señora pasea por las calles de Úbeda, al son de La Madrugá y del rachear del paso de sus hijos costaleros…

Hablando de sensaciones y de sentimientos, lo que voy a contar posiblemente sea una de tantas historias, uno de tantos momentos que cualquier cofrade ubetense puede haber vivido en el seno de su cofradía, en su momento más álgido. No sé si por la sugestión que generó el acontecimiento, o por las circunstancias vividas meses atrás, lo que pasó caló tan hondo en mí, que desde entonces la Señora y yo, hemos sido inseparables.

En una espera que se hacía eterna un frío Lunes Santo, guardando sitio en una acera, nos encontrábamos mi esposa, mi madre y yo. El eco producido por el bullicio de tambores, trompetas y campanillas, anunciaban el paso de Nuestra Señora de Gracia por las calles de Úbeda. Pronto, un año más Ella y yo nos encontraríamos en ese momento tan íntimo… tanto que contarle… Tanto que decirle… Al final, a su llegada, una sola mirada bastó para que María, La Llena de Gracia, me entendiera sin cruzar palabra alguna.

Quizás fue fruto de la casualidad, quizás fue un milagro; tantas y tantas preguntas me han surgido desde entonces… Contemplando a la Señora, sentí que alguien me llamaba la atención dándome unos pequeños golpes en el hombro. Cuando atendí a aquella extraña llamada, un nazareno me dio algo que en primera instancia no supe que era. Algo pequeñito que luego se hizo hermoso. Un pequeño retrato con el Rostro de Nuestra Señora de Gracia. Sorprendido, rodeé la vista para saber de aquel Nazareno, y aún con el rostro tapado por su capuz, por su mirada pude saber que era alguien que gozaba por haber realizado una buena obra. Besé la foto tal y como si hubiese besado a la Madre de Jesús, y la guardé en mi corazón para siempre. Es muy posible que en otras circunstancias, ese encuentro entre la Señora y yo no se hubiese producido, pero así sucedió, y María, la Llena de Gracia, se cruzó en mi camino, esta vez para quedarse.

Seguramente este momento se repetirá una y mil veces a lo largo de la historia. Siempre habrá un momento para caer cautivo del amor de María. María representa en la Pasión de Jesús, la esperanza y la quietud, y se hace escalón fundamental para llegar a Dios. Por eso mismo, como Madre sabe de nuestras debilidades y sabe hablarnos para llenar nuestros corazones de Gracia.

Parece paradójico, pero lo que los hombres se empeñan en quitarte, Dios te lo da por otro lado. Parece paradójico, pero aunque los hombres quieran intervenir en lo espiritual, eso es sólo cosa de Dios. Él sabe los caminos y siempre está vigilante, para salir al encuentro del que lo busca verdaderamente. María para mí, es la Llena de Gracia, es la Fe, es la del Dolor. Jesús, será siempre el Nazareno que murió por mí, y que con su Resurrección me enseñó que el final siempre será el principio.

Quisiera saber de aquél Nazareno, para darle las gracias por ese regalo que inundó mi corazón de alegría. Quisiera saber de aquél Nazareno, para decirle cuánto bien hizo en mí.

Aquél Nazareno, era Cupido el Penitente.

Artículo para la revista Gracia Nuestra, que edita la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora de Gracia de Úbeda.

Cuestión de conciencia

El ser humano, por su condición morfológica es difícil que escape a las miserias de las que irremediablemente nos acompañan en toda nuestra existencia. La soberbia, que para mí encierra y cubre el resto de pecados capitales, es nuestro mayor enemigo, porque hace que una y otra vez caigamos en el fango de la prepotencia y por ende en el de la hipocresía. Es de humanos equivocarse –frase una y mil veces repetida- pero cuando se insiste una y otra vez en desvelar nuestras desdichas, sólo cabe pensar que además de soberbios e hipócritas, también somos rencorosos. Y cuando con insistencia ejemplarizamos dando lecciones de humildad, citando a personajes que nada tienen que ver con nuestras guerrillas particulares, nos abanderamos de algo que no nos pertenece, o por lo menos nos queda grande. Y cuando con insistencia hablamos de la misericordia, dejamos entrever que sólo la pedimos para nosotros. Y cuando hablamos de responsabilidad, su falta se la echamos encima a nuestro prójimo.

Creo que desde la distancia no se debe de hacer sátira del comportamiento humano, porque nuestra condición de ser nos impide ver o analizar con criterios justos y coherentes. Porque sin remedio, nuestro punto de vista siempre es afín a nuestro pensamiento y eso es muy difícil de traicionar. Porque una verdad es -aunque la misma este manida- que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Y así es la vida, con nuestros aciertos y con nuestros errores. Y no hay diferencia alguna entre seres humanos, porque todos luchamos con egoísmo por nuestra supervivencia, sea en el campo que sea. Porque nos gustan los halagos y no las críticas, aunque sean constructivas –estas nos las pasamos por el forro, pues lo primero que vemos en ellas es protagonismo-. Porque cuando nos salpica nos enfadamos y no nos acordamos de cuando hemos salpicado a los demás. Porque nos escondemos en el anonimato para ser todavía aún más lascivos y crueles con nuestros semejantes –esto casi siempre es por envidia-. Porque cerramos las puertas para que nadie usurpe nuestros sepulcros blanqueados. Y esto es una pescadilla que se muerde la cola sin remedio. Hoy me toca a mí y mañana te tocará a ti. Así de simple y así de llano. Y a todo esto, cada cual allá con su conciencia y con su manera de ser feliz.

Y a mí, salvo cuatro o cinco cosas –que no voy a citar por prudencia- mal contadas, después de mis experiencias, he decidido que lo único que me preocupa es mi familia, traer algo a casa para poder ir tirando y los pocos amigos que tengo; en ese orden. Y el que quiera algo de mí y yo pueda servirlo, sabe donde encontrarme.

Historia de mi cofradía, con humildad II

A la memoria de mi joven amigo Luís Ruiz Ruiz, recientemente fallecido, después de cargar con la cruz de una larga y cruenta enfermedad.

Todos los periodos tienen su decadencia, y aunque durante el mandato de D. Antonio Ruiz Guerrero fueron muchos los logros que se consiguieron para bien de la Real Cofradía, al final del mismo y seguramente por el cansancio, se produjo un anquilosamiento de ideas. Así pues, un año antes de que se cumpliera por estatutos el agotamiento de dicho mandato, después de la Semana Santa de 1.994, se atan cabos para que el próximo Hermano Mayor de la Cofradía de la Humildad, sea D. Luís Ruiz Ruiz.

D. Luís Ruiz, en aquellos tiempos, era una persona joven de apenas 30 años. En el mandato de D. Antonio Ruiz Guerrero ocupó el cargo de Vicehermano Mayor, aunque realmente fue un Hermano Mayor en la sombra, ya que por motivos de trabajo, éste último residía en Madrid. Por lo tanto, D. Luís Ruiz atesora una larga experiencia y conocimiento que aportará para el gobierno de su querida Cofradía. Se rodea de un grupo de personas de su misma edad, amantes de la Cofradía de la Humildad, en el que se encuentran entre otras: D. Juan Ramón Redondo Berlanga, D. Juan José Santisteban Moya, D. Andrés Ángel Ruiz Ruiz, D. Felipe Líndez Navarro, D. Ángel Padilla Baeza, D. Diego Cruz Poveda y D. Antonio Barrionuevo Martínez. También se sabe nutrir del conocimiento y la experiencia de gente que estuvo siempre vinculada a la Hermandad: D. Juan de la Cruz Sierra Rodríguez, D. Cristóbal Martínez Suárez, D. Francisco Latorre Moral y D. Joaquín Jiménez Expósito, conformando un grupo de experimentados cofrades que volcarán toda su sapiencia y esfuerzo para seguir construyendo una gran Cofradía.

Si la memoria no me falla, fue en junio de 1.994 cuando en sesión de Asamblea General fue elegido para gobernar la Cofradía de la Humildad, D. Luís Ruiz Ruiz, que presentó una candidatura junto con D. Juan Ramón Redondo Berlanga, como Vicehermano Mayor y D. Juan José Santisteban Moya, como Administrador. No obstante, hasta el día 2 de febrero de 1.995, no fue confirmado en el cargo por el Obispo de la Diócesis, D. Santiago García Aracil. A partir de ahí, el esfuerzo de D. Luís por conseguir una directiva fuerte que trabaje por la Real Cofradía da sus frutos, y los mismos los conjuga con la experiencia de cofrades veteranos y la inquietud de cofrades más jóvenes, que como nexo de unión aportan la ilusión, la cual crea un magnífico ambiente de trabajo.

La tarea no es nada fácil, pues para empezar, el poco patrimonio de que dispone la Cofradía está desperdigado. Los tronos de los Titulares, se encuentran en la deteriorada iglesia de San Lorenzo –cerrada al culto desde el año 1.936- con la amenaza de la destrucción por un ambiente poco propicio para conservarlos. Los enseres para la procesión están en casa del antiguo Hermano Mayor casi estorbando, pues los mismos ocupan un gran espacio, por otro lado necesario para la actividad empresarial de D. Antonio Ruiz Guerrero. Además, la imagen de Nuestra Señora de la Fe, está en un estado lamentable y necesita una restauración urgente. A priori, se presenta una agenda bastante completa, que poco a poco se irá desgranando.

Continuará.

Año nuevo, vida nueva

A modo de subterfugio, la expresión popular “año nuevo, vida nueva” viene a encerrar toda la necesidad de querer romper con todo lo que nos ha ido mal en las últimas fechas. Queremos o deseamos poder poner en nuestras vidas un punto y aparte, realizando un propósito de enmienda o quizás, simplemente un correr de un tupido velo para que desde ahora en adelante todo sea distinto. Esa es la propuesta de nuestro subconsciente, ese es el deseo que queremos ver cumplido, pues aún siendo nuestra vida amable, siempre hay lazos que nos atan a un pasado que tarda en perderse de nuestros recuerdos. Remembranzas que a veces estallan para arrugarnos el estomago y para recordarnos que la sonrisa y la cara amable esconde un puñal de amargura.

Todo sería más fácil si con la llegada del nuevo año, al abrir la puerta de nuestra morada nos encontráramos con un nuevo mundo en el que lo ignominioso hubiese desaparecido de la faz de La Tierra. Un mundo diáfano y lleno de amor, para poder realizar nuestros sueños y contribuir al bienestar de nuestros semejantes. Pero al contrario de nuestros deseos, todo lo que nos agobia está al acecho para de una manera voraz irrumpir en nuestro mundo y generar infelicidad. Realmente nuestro deseo de prosperidad, encuentra la dificultad en la propia vorágine de la vida, ya que ahí afuera están las mismas personas y los mismos elementos hostiles que otras veces y sin motivo aparente, han hecho lo indecible para amargar nuestra existencia, basado siempre en la consigna de beneficiarse de una manera irracional, que no hace falta que sea económicamente, ya que para muchos lo que importa es ser algo en la vida, dejando a un lado lo de ser alguien.

No es fácil eludir los obstáculos que presenta la vida misma, pues la mayoría de las veces surgen de una manera espontánea, tal y como surge el cocodrilo de las aguas tranquilas. Mirar hacia adelante es primordial, pero con el rabillo del ojo no hay que dejar desprotegida la espalda. El enemigo nunca ataca de frente puesto que actúa como las alimañas. El enemigo se presenta con espada disfrazada de cayado y con el filo preparado para cortar la cabeza. Decía Samaniego que si daño hace beber corriendo, más daño hace beber tranquilo descuidando la propia seguridad.

A todo esto, para vivir la vida hay que afrontar la verdad que nos rodea y apostar con nuestro esfuerzo para ganarnos el pan. Nadie luchará por nuestro bienestar si primeramente no ha solucionado el suyo. De milongas, aunque sea tiempo de escucharlas, está uno más que curado. De sueños banales se forjó el desanimo y la incredulidad. De fe en la justicia venidera, se alimenta el aliento para seguir luchando.

Por lo tanto y dejando atrás la hipocresía, a todos los que realmente les importo, vaya para ellos mis mejores deseos de prosperidad y salud en este nuevo año que comienza. Para los que me doran la píldora porque les interesa, para los que me odian y me envidian y a los que me consideran enemigo suyo, igualmente –aunque no me quita el sueño- les acompaño con mis mejores deseos.

Y por último, a Él le rezaré para que ahonde en nuestros corazones, y para que con su luz invada nuestros caminos para señalarnos la senda de la verdad.