Cuestión de conciencia

El ser humano, por su condición morfológica es difícil que escape a las miserias de las que irremediablemente nos acompañan en toda nuestra existencia. La soberbia, que para mí encierra y cubre el resto de pecados capitales, es nuestro mayor enemigo, porque hace que una y otra vez caigamos en el fango de la prepotencia y por ende en el de la hipocresía. Es de humanos equivocarse –frase una y mil veces repetida- pero cuando se insiste una y otra vez en desvelar nuestras desdichas, sólo cabe pensar que además de soberbios e hipócritas, también somos rencorosos. Y cuando con insistencia ejemplarizamos dando lecciones de humildad, citando a personajes que nada tienen que ver con nuestras guerrillas particulares, nos abanderamos de algo que no nos pertenece, o por lo menos nos queda grande. Y cuando con insistencia hablamos de la misericordia, dejamos entrever que sólo la pedimos para nosotros. Y cuando hablamos de responsabilidad, su falta se la echamos encima a nuestro prójimo.

Creo que desde la distancia no se debe de hacer sátira del comportamiento humano, porque nuestra condición de ser nos impide ver o analizar con criterios justos y coherentes. Porque sin remedio, nuestro punto de vista siempre es afín a nuestro pensamiento y eso es muy difícil de traicionar. Porque una verdad es -aunque la misma este manida- que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Y así es la vida, con nuestros aciertos y con nuestros errores. Y no hay diferencia alguna entre seres humanos, porque todos luchamos con egoísmo por nuestra supervivencia, sea en el campo que sea. Porque nos gustan los halagos y no las críticas, aunque sean constructivas –estas nos las pasamos por el forro, pues lo primero que vemos en ellas es protagonismo-. Porque cuando nos salpica nos enfadamos y no nos acordamos de cuando hemos salpicado a los demás. Porque nos escondemos en el anonimato para ser todavía aún más lascivos y crueles con nuestros semejantes –esto casi siempre es por envidia-. Porque cerramos las puertas para que nadie usurpe nuestros sepulcros blanqueados. Y esto es una pescadilla que se muerde la cola sin remedio. Hoy me toca a mí y mañana te tocará a ti. Así de simple y así de llano. Y a todo esto, cada cual allá con su conciencia y con su manera de ser feliz.

Y a mí, salvo cuatro o cinco cosas –que no voy a citar por prudencia- mal contadas, después de mis experiencias, he decidido que lo único que me preocupa es mi familia, traer algo a casa para poder ir tirando y los pocos amigos que tengo; en ese orden. Y el que quiera algo de mí y yo pueda servirlo, sabe donde encontrarme.

2 comentarios:

Francisco Sierra dijo...

Hola Antonio,profunda reflexión después de mucho caminar.Al final prevalece lo que merece la pena y en el orden expuesto por tí.
Un placer verte por aquí.

Antonio Barrionuevo dijo...

Hola Sierra:
De vez en cuando se me ocurre algo y me gusta compartirlo con vosotros. Ando últimamente muy ocupado, cosa que no está mal tal y cómo están las cosas.
Yo también me alegro mucho de verte por mi Plaza.

Un saludo.