Año nuevo, vida nueva

A modo de subterfugio, la expresión popular “año nuevo, vida nueva” viene a encerrar toda la necesidad de querer romper con todo lo que nos ha ido mal en las últimas fechas. Queremos o deseamos poder poner en nuestras vidas un punto y aparte, realizando un propósito de enmienda o quizás, simplemente un correr de un tupido velo para que desde ahora en adelante todo sea distinto. Esa es la propuesta de nuestro subconsciente, ese es el deseo que queremos ver cumplido, pues aún siendo nuestra vida amable, siempre hay lazos que nos atan a un pasado que tarda en perderse de nuestros recuerdos. Remembranzas que a veces estallan para arrugarnos el estomago y para recordarnos que la sonrisa y la cara amable esconde un puñal de amargura.

Todo sería más fácil si con la llegada del nuevo año, al abrir la puerta de nuestra morada nos encontráramos con un nuevo mundo en el que lo ignominioso hubiese desaparecido de la faz de La Tierra. Un mundo diáfano y lleno de amor, para poder realizar nuestros sueños y contribuir al bienestar de nuestros semejantes. Pero al contrario de nuestros deseos, todo lo que nos agobia está al acecho para de una manera voraz irrumpir en nuestro mundo y generar infelicidad. Realmente nuestro deseo de prosperidad, encuentra la dificultad en la propia vorágine de la vida, ya que ahí afuera están las mismas personas y los mismos elementos hostiles que otras veces y sin motivo aparente, han hecho lo indecible para amargar nuestra existencia, basado siempre en la consigna de beneficiarse de una manera irracional, que no hace falta que sea económicamente, ya que para muchos lo que importa es ser algo en la vida, dejando a un lado lo de ser alguien.

No es fácil eludir los obstáculos que presenta la vida misma, pues la mayoría de las veces surgen de una manera espontánea, tal y como surge el cocodrilo de las aguas tranquilas. Mirar hacia adelante es primordial, pero con el rabillo del ojo no hay que dejar desprotegida la espalda. El enemigo nunca ataca de frente puesto que actúa como las alimañas. El enemigo se presenta con espada disfrazada de cayado y con el filo preparado para cortar la cabeza. Decía Samaniego que si daño hace beber corriendo, más daño hace beber tranquilo descuidando la propia seguridad.

A todo esto, para vivir la vida hay que afrontar la verdad que nos rodea y apostar con nuestro esfuerzo para ganarnos el pan. Nadie luchará por nuestro bienestar si primeramente no ha solucionado el suyo. De milongas, aunque sea tiempo de escucharlas, está uno más que curado. De sueños banales se forjó el desanimo y la incredulidad. De fe en la justicia venidera, se alimenta el aliento para seguir luchando.

Por lo tanto y dejando atrás la hipocresía, a todos los que realmente les importo, vaya para ellos mis mejores deseos de prosperidad y salud en este nuevo año que comienza. Para los que me doran la píldora porque les interesa, para los que me odian y me envidian y a los que me consideran enemigo suyo, igualmente –aunque no me quita el sueño- les acompaño con mis mejores deseos.

Y por último, a Él le rezaré para que ahonde en nuestros corazones, y para que con su luz invada nuestros caminos para señalarnos la senda de la verdad.