Un reloj para D. Salvador

A lo largo y ancho de nuestra existencia, a nuestros tímpanos llegaron vientos con malos presagios hablando de crisis y de otros malos augurios. Cuando la supervivencia de nuestro ser y la de los que nos acompañan en esta batalla insípida a veces, está sujeta sobre puntales ajenos y esos puntales no son de fiar, nuestro instinto provoca latidos de alerta generadores de desconfianza, pues la experiencia acumulada nos dice que a las malas, lo peor siempre será para nosotros, y en eso creo más que en otra cosa. A veces me hablan de izquierdas, de derechas, de centro, de pasado, de futuro –aunque hubo una vez que aprendí que sólo existe el presente- con razones que más que verlas como tales, se me figuran milongas de comediante enfocadas a rellenar el bolsillo de los que las proclaman. Atiendo a los consejos basados en la experiencia de hombres sencillos y de cabezas plateadas, y huyo de los artículos que vociferan los eruditos que nunca se acostaron con el estómago vacío. Me asqueo cuando con el traje de cordero, se me acercan lobos para sacarme un voto, que a la postre llenará su estómago. Me asqueo cuando algún hijo de la gran puta me quiere hacer creer que está negociando mi porvenir, cuando de sobra sé que lo único que le interesa es el suyo. Me incomoda tener que convivir con sanguijuelas para las que sólo soy un número que engorda estadísticas, y para las que soy una excusa para sus guerras.

Estoy seguro que la crisis es sólo un estado de ánimo provocado por los que mueven los hilos, porque veo como se reparten las mejores tajadas. Interesa la crisis a los que se siguen enriqueciéndose de una manera atroz a costa del recorte de la ilusión que ellos vendieron anteriormente. Interesa la crisis a los que ya se ven con el culo ocupando el sillón de la Moncloa aunque sea a costa de lacerar los propios cimientos de su casa, que es España. Interesa la crisis a los vagos jerarcas de los sindicatos, pues de lo que sobra come el lobo y engorda. Interesa la crisis a los que viven del miedo que provoca la inseguridad en el desvalido. En definitiva, la crisis la inventa el poderoso para recordar que somos meros monigotes de paja, dentro de un mal juego que ellos dominan.

Y no pasa día en el que veamos que la marea de la inseguridad sube para ahogarnos sin remedio, y que de ese mal siguen intentando comer los carroñeros de turno, porque al final sólo quedará eso: carroña. Y no pasa día en el que nuestros oídos, hastíos de escuchar siempre lo mismo y a los mismos, se atrofien por el zumbido de los zánganos que están saqueando esta colmena mermada de obreros. Y no pasa el día en el que las excusas y las buenas intenciones me suenen ya a chino, y es que socialismo e incompetencia no es lo mismo. Y no pasa el día en el que tenga que hacer un esfuerzo para no vomitar, al escuchar al que pretende ser el líder de una España arrinconada. Y me piden que haga huelga y que tenga paciencia, y me advierten que lo peor está por llegar. Y observo como salen salvadores por doquier, empecinados en luchar por mi bienestar, anteponiendo mis necesidades a las suyas. Y regalan mis oídos con frases grandilocuentes.

En el año 1992 cerraron Electroquímica Andaluza. Muchos padres de familia nos quedamos en paro, y muchos de ellos enfermos que después murieron. Entonces tenía 27 años y como todos, contribuí económicamente para regalarle un reloj a la persona que con la sonrisa en los labios y con buenas palabritas vino a dejarnos en la calle. Vi como algunos listos y privilegiados sacaron tajada, y como otros, a los que esos les llamaban compañeros, se hundieron en la miseria. “España está llena de mentirosos y de gentuza que sólo buscan llenarse los carrillos con el esfuerzo de la gente honrada que por suerte hay más”. Eso lo comprobé hace mucho tiempo cuando empezaba a vivir y me quisieron cortar las alas.

Seguimos igual. Antes, la maldita crisis la soportamos unos, y ahora no sabemos quién escapará de sus fauces. De lo que sí estoy seguro es que de mi bolsillo no saldrá ni una chica, para que alguien se ponga en su muñeca un reloj a mi costa.