Buena compañia

Gabriel Paco Antonio Andrésa
Foto: Eugenio Santa Bárbara

Habrá gente que piense que hablar ahora de Semana Santa no tiene mucho sentido, aunque para un semanasantero nato –así me considero- es algo tan normal como la vida misma. En mi casa se respira este ambiente todo el año, y es raro no encontrarse a lo largo del día con algún motivo que no nos recuerde este sentimiento: estampas, fotos, incienso, revistas, instrumentos, la visita del cobrador…

Rebuscando en mi cada vez más grande y exprimido archivo fotográfico semanasantero, me topé con una foto que me recordó por un instante mi segunda madrugada morada. La foto me la “tiró” con toda amabilidad Eugenio Santa Bárbara, cuando este pasado Viernes Santo terminábamos la procesión: mi amigo Paco Sevilla, su hijo, mi compañero de aventuras y amigo igualmente Andrés Martínez y un servidor.

Esta instantánea viene a recordar –como antes apunto- mi segunda madrugada morada. Realmente no supone ningún record, ni siquiera nada importante para alguien ajeno a los sentimientos que en mí genera acompañar en el más absoluto anonimato a Nuestro Padre Jesús Nazareno, una mañana de Viernes Santo por la calles de Úbeda, envuelto sólo y exclusivamente en los ecos del Miserere, en los lamentos de sus trompetas y en los olores a cera quemada y a dulce incienso. Esta instantánea me demuestra que para llegar a Jesús existen infinidad de caminos, y que aunque la hipocresía, la necedad, la traición, la mentira, la calumnia y la falsedad te cierran uno, los buenos principios, el talante, la humildad, la fidelidad y el saber estar, te abren otros. Esta instantánea me recuerda el deseo que siempre tuve a que mi sueño se hiciese realidad, y despierta el deseo de que este sueño se repita cada primavera y se eternice por los siglos de los siglos.